Hay ocasiones en las que sentimos que todo cobra sentido. Esos instantes de claridad en los que la experiencia reciente se nos revela como un camino que había de conducirnos precisamente hasta el punto en el que nos encontramos. Y no es cosa del destino ni debido a una concatenación de casualidades; ninguna fuerza externa ni el azar son claves aquí. Lo que nos hace darnos cuenta del proceso es el pensamiento. Y es también por él por lo que emprendimos un camino en particular. Porque la causa de aquello que nos parece epifanía no es otra que una forma de ser durante el tiempo que abarca ese proceso: ser consciente. Ser-ahí. Algo así es lo que me ha ocurrido desde que, hace justo un año, escribí la reseña sobre el poemario Cantos del desarraigo de Daniel Arana. Un poemario que, como ya dije entonces, es Dasein. Sus versos nos devuelven —entre otras cosas— al ¿Por qué permanecemos en la provincia? de Heidegger. Ya entonces se acordó que para el siguiente mes de mayo era cita obligada que en esta sección de literatura se dedicasen varios artículos al «rey secreto del pensamiento» en ocasión del cincuenta aniversario de su muerte. Y durante este año, influenciado de alguna manera por las ideas y el contenido explorado para la confección de aquella reseña, buena parte de los libros que he escogido para recomendar ofrecían un punto de vista común. Más bien, he sido yo quien no he podido evitar mostrar esos libros desde mi propia percepción. Es por esto que, al leer detenidamente la obra elegida para esta ocasión, todas las sensaciones que me produjeron las lecturas precedentes se han ido manifestando de nuevo. Pues todo ha vuelto al origen. O estuvo ahí todo el tiempo. Sein und Zeit. Retornemos pues con Heidegger, de George Steiner. Y hagámoslo partiendo del concepto οὐσία:
Nuestros diccionarios traducen esta palabra como «sustancia». Muy mal, dice Heidegger. La verdadera traducción debería ser un conjunto o un racimo de significados que comprendiera «casa propia, un estar en casa, un estar presente y sostenerse por sí mismo, un auto-circunvalamiento, un ‘estado de presente’ y un ‘estado de ahí’ total».
Tremenda interpretación: la esencia aristotélica aumentada por la experiencia del propio individuo. En esa misma definición se nos plantea el ser por sí mismo y en relación con su ahora. Pero, sobre todo, un Ser-ahí. Y todo ello supone ser uno mismo en aquello en lo que ha sido pro-yectado. Ahora exclamo: ¡Dasein! Porque no hay mayor asombro que cobrar conciencia de lo que realmente es ser. Pero, ¿cómo se alcanza esa conciencia? Ojalá pudiese afirmar que existe una fórmula rápida. Pero todo lo que merece la pena conlleva precisamente eso: pena. Y la primera manifestación del ser auténtico suele producirse con la aparición de cierto desasosiego; un malestar producido por un desarraigo que no alcanzamos a comprender. Consideremos ese malestar como la fase inconsciente del Angst. Una inquietud que nos impulsa a buscar más allá de lo a-la-mano. Surgen entonces las preguntas y con ellas la distinción entre lo «preguntable» (fraglich) y lo «digno de ser preguntado» (fragwürdig).
El peregrinaje —dice Heidegger— hacia aquello que es digno de ser preguntado no es una aventura, sino un regreso al hogar».
Es decir: lo que realmente buscamos, sin ser conscientes de ello, es volver a nosotros mismos. Ahora bien, si no tenemos claro que es lo que perseguimos, ¿cómo podemos encontrarlo? Muy sencillo. Si se tratase de cualquier otro propósito, sería más difícil encauzar nuestro proceder. Pero resulta que aquello que anhelamos no puede ser más íntimo. Lo que buscamos fuera yace en nuestro interior. Y si lo acabamos encontrando no es gracias a la experiencia en sí, sino a la mentalidad desde la que hemos vivido esa experiencia. Una mentalidad provocada por el Angst que, si somos capaces de sostener reconociendo su valor, nos conducirá finalmente a una revelación que no esperábamos.
En una escapada, lejos del ruido cotidiano de la sociedad, respiraremos profundamente. Y la mera soledad en plena naturaleza hará que nuestro ego se diluya, mezclándonos con el momento y el lugar.
Nos hallaremos entonces en die Lichtung, el claro desde el que somos capaces de vivir la verdad. Una verdad que es conciencia de ser. Como dijo Hermann Hesse en su poema Libros:
Allí está todo lo que necesitas,
sol y luna y estrellas,
pues la luz que reclamas
habita en tu interior.
Y hasta aquí, la parte fácil. Porque, una vez alcanzado el claro, ahora toca defenderlo. Porque Dasein es ser-en-el-mundo; ser-con:
No alcanzamos a existir en y por nuestros propios términos sino en relación, con respecto a otros.
Es aquí cuando hemos de trascender la mundaneidad del mundo si no queremos que nuestro ser se vuelva artificial. Si no luchamos, si no sostenemos el Angst como una seña de autenticidad, nos volveremos Man, que en alemán significa «uno» y «ellos». O, lo que es lo mismo, nos arrastrará la masa. Dicho por Steiner:
El ente que es nosotros se desgasta en lo común; se hunde en el «uno» dentro y entre una «publicidad» colectiva, de manada: «publicidad que no es un conjunto de verdaderos entes sino de «unos».
Finalmente, el Dasein se enfrenta a la libertad de vivir en la inautenticidad o defender la posesión de sí. Y si la angustia inicial se ha transformado en integridad, habremos conseguido llegar a Ser-para.
Hasta aquí mi retorno. Porque este libro abarca muchos más aspectos del pensamiento heideggeriano y de la biografía del filósofo. Yo, para bien o para mal, sigo en mis trece. Pero Steiner nos ofrece mucho más en un libro que no sólo consigue hacernos comprender a uno de los filósofos más difíciles; también separa su vida privada de un pensamiento puramente ontológico. Todo un homenaje centrado en el «habla»(Rede) y poniendo en su sitio la «habladuría» (Gerede). George Steiner siempre ilumina y con estas palabras del libro termino:
El pensamiento abstracto es el privilegio y la carga primordiales del hombre.
| Título: Heidegger |
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