Dijo Descartes que el sentido común tenía que ser la cosa mejor repartida del mundo, pues todos creemos poseer más que de sobra. Y que, si suele demostrarse lo contrario, es porque hacemos mal uso de esta capacidad. Un mal uso que normalmente se debe a la inercia o a la excesiva confianza. O lo que es lo mismo, a que no se lleva a cabo el análisis debido. Le bon sens no lo es todo. Estamos acostumbrados a pensar rápido y a tomar decisiones instintivamente basándonos en la experiencia, lo cual es perfectamente válido dentro del ámbito de lo cotidiano y normalmente no implica ninguna complicación ulterior. Pero cuando se nos plantean situaciones aparentemente sencillas a las que no estamos habituados, tendemos a caer en errores de juicio bastante comunes. Y esos errores, en la mayoría de los casos, podrían evitarse tomando unos segundos de reflexión. Así pues, si queremos tomar la mejor decisión, no podemos contentarnos con aplicar el sentido común; debemos pensar racionalmente. Y a lo dicho por Descartes, añadiría —con toda la ironía— que el pensamiento racional tiene que estar espléndidamente distribuido si tenemos en cuenta lo listos que nos creemos todos. A fin de cuentas, no es tan difícil decidir correctamente; sólo hay que valorar toda la información que se posee y tener claro el objetivo que se pretende alcanzar. Entonces, ¿por qué nos equivocamos más de lo que nos gustaría admitir? En ocasiones, porque la mejor vía para la consecución de dicho objetivo requiere un esfuerzo que preferimos evitar. O porque perseguimos simultáneamente fines opuestos. También porque estamos condicionados por los instintos y los deseos. Y por tantos otros errores en los que incurrimos todos. La irracionalidad es mucho más común de lo que creemos y muchas veces ni siquiera somos capaces de identificarla. Pero, ¿cómo podríamos reconocer las conductas irracionales y ser conscientes de su alcance? Pues bien, para eso contamos con el libro que quiero mostrar.
Una obra harto documentada que nos revela los defectos del pensamiento humano y los factores que lo condicionan.
Un ensayo cuyo título no puede ser más explícito: Irracionalidad: El enemigo interior. Pero veamos primero quién es el autor. Personalmente, no había oído ni leído nada acerca de Stuart Sutherland hasta que me encontré con este libro. Y no son pocos los ensayos que escribió a lo largo de su vida, siendo más conocido (al parecer) por una obra autobiográficaen la que detalla su experiencia sufriendo trastorno bipolar. Aunque no he encontrado nada suyo traducido al castellano aparte del libro que nos ocupa, por lo que tendré que saciar mi curiosidad en el mejor inglés. Y es que Sutherland, además de ser británico, estudió psicología en Oxford, donde trabajó hasta que se trasladó a la Universidad de Sussex para fundar y dirigir el Laboratorio de Psicología Experimental. Esto último explica por qué Irracionalidad está tan bien documentado y por qué la mayoría de los ejemplos que nos expone el autor son experimentos. Pero que nadie se asuste; no estamos ante un libro escrito para eruditos. Se trata de una obra de divulgación al alcance de cualquiera y con bastante sentido del humor. Y sin más dilación…
…he aquí un bosquejo de la organización del libro. El capítulo 2 trata de la razón predominante de los errores de pensamiento, que desempeña una función en muchos de los demás errores que se describen en el libro.
Gracias, doctor Sutherland. ¿Y cuál es esa razón con tanta relevancia y tanta presencia en nuestros juicios fallidos? Pues se llama «error de disponibilidad» y consiste en juzgar en base a lo primero que nos viene a la cabeza o a la información más inmediata de que disponemos. Pero, si la información es veraz, ¿dónde está el problema? Pues en que estamos obviando el resto de los datos a nuestra disposición. Es decir, ignoramos una serie de variables que pueden ser determinantes en el resultado, por lo que si finalmente acertamos o no a la hora de obtener el mejor resultado dependerá del azar. Y sin consecuencias negativas, pensaremos que no nos equivocamos. Pero lo cierto es que nuestro juicio habrá sido irracional y nos contentaremos con un resultado aceptable que, con toda probabilidad, no será el mejor. Y hay más formas del error de disponibilidad. Sutherland nos presenta también el error de primacía:
Al emitir un juicio, lo que importa no son los elementos reales, sino el significado que les conferimos, significado que puede verse alterado por el primer material que nos llega, sobre todo si es relevante para el resto.
Aquí entran en juego las primeras impresiones, las ideologías, las creencias o, simplemente, las emociones; la primacía de cierta información provoca la interpretación sesgada del resto, orientando el juicio de manera irracional. Y lo mismo sucede con otra variante bastante común: el efecto de halo. En este caso, juzgamos basándonos en una cualidad destacada, positiva o negativa, presuponiendo que el resto de cualidades serán igualmente buenas o malas. Un buen ejemplo de efecto de halo que no aparece en este libro pero que siempre me ha hecho gracia son las lindezas que Nietzsche le dedica a Sócrates en El ocaso de los ídolos o como se filosofa a martillazos:
Sócrates era del más bajo origen. Plebe. También se sabe que era horroroso. La fealdad, que para nosotros es ya una objeción, para los griegos era casi una refutación. Y aún podemos preguntar: ¿era Sócrates griego? La fealdad deriva frecuentemente de un cruce o mestizaje. En otros casos, de la decadencia. Los criminalistas antropólogos nos dicen que el delincuente típico es feo: monstrum in fronte, monstrum in animo.
Con estos ejemplos de pensamiento irracional debido a errores de disponibilidad ya tendríamos la base del libro. Y solamente el comienzo. A continuación, Sutherland nos mostrará las causas sociales y emocionales de la irracionalidad. Por si fuera poco, determinará nuestra incapacidad para pensar de forma correcta. Y también propondrá claves para fomentar la racionalidad.
Y como colosal colofón, después de exponer todos los errores que solemos cometer y que deberíamos tener más en cuenta, el autor nos plantea dos preguntas:
¿Es la racionalidad verdaderamente necesaria? ¿Es siquiera deseable?
Lean el libro y juzguen ustedes mismos.
| Título: Irracionalidad: El enemigo interior |
|---|
|
