Espacios Cerrados en la literatura (I): «Malpertuis», de Jean Ray

«La primera cosa a plantear sobre la estructura de la angustia es que la angustia está enmarcada». Así se pronunciaba Lacan en uno de sus Seminarios[1]LACAN, Jacques. 2004. Le Séminaire Livre X, L’Angoisse (1962-1963). Paris: Seuil, p. 89. Enmarcada, dice, pues surge cuando, de mi ventana, ese objeto de mi deseo que veo, me ve a mí como un lobo. Me ve a mí también como el objeto de su deseo. Y desde su propia ventana. Lacan añade, además: «ese sentimiento de lo extraño que es la puerta abierta sobre la angustia»[2]Ibíd., p. 104. Existe la angustia, en conclusión, cuando en ese marco aparece aquello que ya estaba, mucho más cerca, en la casa. Lo siniestro, por consiguiente, está en casa; es decir, lo terrorífico surge ahí donde uno debería poder sentirse más seguro.

Así se puede comenzar a hablar de Malpertuis (1943), la novela de Jean Ray. Parece evidente, a estas alturas, que la literatura de horror metafísico está enmarcada en lo extraño angustioso, o, en terminología freudiana, «das umheimlich». Según Freud, el sentimiento de lo extraño se relacionaría con la aparición de una imagen originada en la infancia del individuo o de la raza. Por tanto, aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo que es familiar. Surge así la pregunta punto de partida del que arranca el texto: ¿Cómo lo familiar deviene extraño, siniestro? Si «unheimlich» es lo opuesto a «heimlich» (íntimo), a «heimisch» (doméstico) y también, claro está, a «vertraut» (familiar), lo «unheimlich» no es, por ende, ni consabido ni familiar. Ahora bien, lo novedoso y lo no familiar no siempre es terrorífico. Sólo se puede decir que lo nuevo se vuelve fácilmente terrorífico. Algo de lo novedoso es siniestro pero no todo. En alemán, ya aparece que «heimlich» no es unívoca, sino que tiene dos significados distintos, y uno de ellos coincide con «unheimlich». «Heimlich» remite por un lado a casa, y por otro a lo clandestino, oculto. Éste último es un significado compartido también por «unheimlich», así que sólo se opone a «heimlich» en un significado: casa[3]FREUD, Sigmund. 2006. “Lo Siniestro” en Obras Completas (Tomo 7, Ensayo CIX). Trad. Luis López-Ballesteros y de Torres. Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 2483-2505.

Como si fuera una tragedia griega clásica, en el universo de Jean Ray y su Malpertuis, la vida transcurre bajo los parámetros de una realidad escindida en dos universos colaterales que se encuentran asociados a la voluntad humana: los dioses deben su existencia a la creencia que sobre ellos poseen los seres humanos, pues es precisamente a ellos a quienes deben su poder y perfección. Hombres y mujeres se postergan ante su inmensa obra demiúrgica, sin ser conscientes de que ésta también se halla abocada a la muerte. El hijo de un capitán pirata, Jean-Jacques, es convocado a Malpertuis, la casa de su tío moribundo, junto con el resto de sus parientes, para escuchar los detalles del testamento de su tío. Malpertuis, la mansión del Tío Cassave, tiene vida propia como personaje, y en ella, entre sus ambientes claustrofóbicos, tiene lugar la narración. El Tío Cassave será el demiurgo de la fusión de esos dos mundos, antes aludidos, en un solo espacio.

Este enigmático individuo, influenciado por un notable helenismo y doctor en ciencias herméticas y ocultas, ha descubierto el misterio de la longevidad. Cassave ha conseguido, además, crear un «pliegue temporal», que, según el abate Doucedame, permite comprender la yuxtaposición de esos dos universos tan radicalmente distintos, donde Malpertuis aparece como un «punto abominable de contacto[4]RAY, Jean. 1982. Malpertuis. Bruxelles: Le Cri, p. 67. Y así, Cassave, con la excusa de reunirlos junto a sus herederos, recoge a aquellos dioses que vagan moribundos por el volátil espacio del Olimpo. Queda pues la mansión Malpertuis como suerte de espacio cerrado, casi castillo feudal, incluso probeta demoníaca, en la que los seres humanos conviven con aquellos dioses que ellos mismos han creado y que, durante lustros, han estado decidiendo sus destinos, un nuevo y espantoso Infierno construido en esa línea fronteriza entre el mundo de la mitología clásica y el de la cotidianidad de nuestra realidad presente. Sin embargo, no se trata aquel de un grupo heterogéneo y ordinario de parientes, y Malpertuis resulta ser también un tipo de morada muy diferente de lo que uno podría esperar, incluso en una novela de terror, ya que Jean-Jacques se relaciona con su hermana, sus tías y una hermosa prima de una forma extraña. Existe asimismo un loco que frecuenta los pasillos llorando por la luz, y un espíritu invisible que sopla velas mientras se mueve por la casa y además una suerte de amantes diversos que llegan hasta extremos espeluznantes, y luego nunca más se habla de ellos.

Sea como fuere, las analogías con el laberinto del Minotauro son obvias, y en cada uno de sus recovecos no se respira más que misterio. Rafael Llopis dice de Malpertuis que «equivale al Udolpho del siglo dieciocho, a su avatar, como arquetipo de todos los castillos oníricos del mito»[5]LLOPIS, Rafael. 1974. Historia Natural de los Cuentos de Miedo. Madrid: Júcar, p. 359. En definitiva, un panorama desolador, claustrofóbico, donde la angustia de la libertad privada, tanto para seres humanos como para dioses, enrarece los pasillos de esa mansión sin salida alguna: «¡Malpertuis! Es la primera vez que el nombre mana, con tinta negra, de mi pluma aterrorizada. De esta casa, impuesta como punto final de tantos destinos humanos, por voluntades terribles entretejidas, aún rechazo la imagen. Retrocedo, titubeo, antes de hacerla surgir al primer plano de mi memoria. Además, los personajes se presentan menos pacientes que la casa, apresurados sin duda por la brevedad de su vida terrestre. Después de ellos, las cosas permanecen, como la piedra con que se construyen las casas malditas»[6]RAY, Malpertuis, Op. Cit., p. 22.

Ray hace oscilar su historia, con gracia, de lo monstruoso a lo metafísico mientras Jean-Jacques busca el rescate espiritual de las fuerzas que imputan su caída a la gracia, pero esta no es una mera batalla contra los poderes de la Oscuridad, y se sirve de la novela de terror como un medio para examinar la naturaleza misma de la teología y la relación del hombre con cualquier dios. Tío Cassave deviene el punto central de la muerte, su origen mismo. Entonces, Malpertuis deviene desembocadura, mas también ramificación por lo mismo, de tal modo y manera que, como escribirían Wellek y Warren, «la casa de un hombre es la extensión de sí mismo. Describidle y le habréis descrito»[7]WELLEK, René and Austin Warren. 1963. Theory of Literature. New York: Harcourt, Brace & World, p. 221. Hay aquí un confinamiento terrible del que es imposible escapar, lo familiar que deviene horrible, ominoso. ¿Quién duda ya de que esta antigua casa sea la puerta abierta a nuestro propio subconsciente? Aquí reposan los monstruos, soterrados en desvanes. En nuestra mente, reposan otros, toda vez que, en el fondo, Malpertuis sólo está construida en el foco mismo de cada uno.

Es aquella una casa infernal, gracias a su aborrecible propietario, como lo fueron después la Hill House construida por Hugh Crain[8]Vid., JACKSON, Shirley. 1959. The Haunting of Hill House. New York: Viking Press (publicada en España por Valdemar como La maldición de Hill House) o la Casa Belasco[9]Vid., MATHESON, Richard. 1972. Hell House. New York: Bantam Books (publicada en España por Minotauro como La casa infernal). Hay escenas aterradoras en este libro, fijadas en la memoria por siempre: un navío henchido de almas en pena, batido por una horrible tormenta, un cadáver clavado en lo alto de una poste mientras su voz repica por toda la casa, al son del Cantar de los Cantares, un viejo abad que atiende en una celda la confesión de un sacrilegio mientras el monasterio tiembla, como embestido por mil demonios. Las lámparas se apagan, los habitantes desaparecen misteriosamente uno tras otro. Jean-Jacques parece sobre todo relatarnos su viaje inexorable hacia la locura. Excepto que resultaría demasiado simple explicar lo que sucede dentro de los muros de la monstruosa Malpertuis por un arrebato de locura, a menos que todos se hayan vuelto locos, a menos que la verdad se encuentre en otra parte.

Gótica, detectivesca, mística… la escritura de Jean Ray es única, rica y erudita, y habremos de perdernos, no sin temor, durante toda la narración, para terminar deslumbrados por un final sorprendente. No sin temor, es cierto. Quizás porque tememos a Malpertuis, sabremos que estamos vivos.

Título: Malpertuis
  • Autor/es: Jean Ray
  • Editorial: Valdemar
  • Nº de páginas: 204
  • Encuadernación: Tapa blanda

Referencias

Referencias
1 LACAN, Jacques. 2004. Le Séminaire Livre X, L’Angoisse (1962-1963). Paris: Seuil, p. 89
2 Ibíd., p. 104
3 FREUD, Sigmund. 2006. “Lo Siniestro” en Obras Completas (Tomo 7, Ensayo CIX). Trad. Luis López-Ballesteros y de Torres. Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 2483-2505
4 RAY, Jean. 1982. Malpertuis. Bruxelles: Le Cri, p. 67
5 LLOPIS, Rafael. 1974. Historia Natural de los Cuentos de Miedo. Madrid: Júcar, p. 359
6 RAY, Malpertuis, Op. Cit., p. 22
7 WELLEK, René and Austin Warren. 1963. Theory of Literature. New York: Harcourt, Brace & World, p. 221
8 Vid., JACKSON, Shirley. 1959. The Haunting of Hill House. New York: Viking Press (publicada en España por Valdemar como La maldición de Hill House)
9 Vid., MATHESON, Richard. 1972. Hell House. New York: Bantam Books (publicada en España por Minotauro como La casa infernal)

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