Ruido y manos

Hago un texto a retazos,

ando confusa y cansada;

¿no creéis que hay demasiado ruido todo el tiempo?

I

Esto tiene que ver con el balbuceo

Admiro, cada vez más, el discurso pretencioso de aquellas que intentan sobreponerse a sus propias palabras. Ese discurso que no se conforma con lo simplemente dicho, porque sabe que lo que dice es dicho a la vez por quien habla y por la propia maquinaria del lenguaje, que marca el sentido, que marca el camino. Un camino, un sentido, que, a veces, parecen muchos, pero del que es difícil escapar; aunque supongo que esto no anula que haya propuestas políticas de enmascaramiento o de apertura. De visibilidad o de silenciamiento. Y la vida en muerte o en peligro sin saber qué decir para que la rueda se pare, y ellas en sonoro balbuceo intentado señalar el caos de lo hondo, el que no se quiere ver. Intentando hacer.   

II

Esto tiene que ver con las afortunadas

El inconsciente, la telekinesis, la quiromancia…

Y aquellas que viendo (como si fueran luceros) se sobreponen y tocan el envés del lenguaje… la verdad o la belleza; la verdad y la belleza; que deciden seguir en vida con su ardua tarea de desenmascaramiento.

Me fascina la confusión, quien lo intenta y se equivoca, quien queriendo no decir, por sorpresa y sin esperárselo, dice. Me confunde el discurso claro y distinto. Claro, ¿para quién?

Dejen hablar a las palabras antes de que hable el pensamiento. No ver la tele.

V

Esto tiene que ver con la poesía

Esa es una palabra./ Esta es una palabra descuidada./ Duraznos del papel./Duraznos de papel son lágrimas./ Descansan en uvas./ Necesitados de conciencia./ Signos necesitados a conciencia./ Todos menos. / Aliviando aliviando./ Argonautas./ Símbolo sajón astuto./ Símbolo de lo bello. / Dedal del todo. / Dedal de trébol astuto.

III

Esto tiene que ver con la ternura

Cuando quiero oler a tierra mojada. Cuando no llueve, riego las macetas que atrincheran mi escritorio y nos protegen del absurdo de las letras; y me dejo llevar por el olor. Resistencias. Se me despistan los sentidos, algunas veces, y salgo a la ventana miro arriba arriba hasta encontrar el cielo, esperando que sea de lluvia ligera, amor de agua; pero, no, el cielo está demasiado azul y el sol, ya en octubre, quema y molesta sin conciencia ni perdón. Me resigno y vuelvo al escritorio, esperando, un nuevo sobresalto que me anime a ir a la ventana a observar la vida fuera, que no deja de estar por las nubes; y así.

IV

Esto tiene que ver con los remedios para el frío

A veces entre tanto ruido me asaltan imágenes viejas. Saltando la valla del puerto para llegar a los chiringuitos con 19 años. Son imágenes efímeras, sin narración ni recorrido. A los meses de nacer mi prima en el garaje de Antonillo, mi vecino. Cuando mi mejor amiga de la infancia me llevó al cementerio de barcos y se puso aceite de oliva para tomar el sol. La segunda casa que vimos cuando nos fuimos a vivir a Budapest, la abuela que nos la quería alquilar y los muebles viejos, pero viejos, no de aquí; viejos de allí. No la alquilamos, pero yo aún recuerdo cómo me imagine haciendo bizcocho y café en aquel horno húngaro.

V

Esto, finalmente, tiene que ver con el tacto de las palabras

Celia Garcia

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