En nuestra relación con los otros, con ese otro radical que es el migrante, se juega todo: nuestra identidad y nuestro destino. Incluso nuestra relación con nuestro propio pasado está atravesada inevitablemente por la mirada extranjera. Aunque intentemos rabiosamente despojar a nuestro pasado de esa mirada, como si se tratara de un irrupción espuria, reconstruyendo…