Fahrenheit 451, una historia de nueve dólares

Ray Bradbury
Ray Bradbury en su casa de Los Ángeles. Años 80. | Michael Ochs Archives / Getty Images

«Se suele creer, erróneamente, que la ficción especulativa intenta predecir el futuro. Pero no es así». Neil Gaiman explica en la introducción de Fahrenheit 451 (edición de 2013) que la ficción especulativa no trata del futuro, sino del presente. «Elige un aspecto del presente, un aspecto que nos inquieta, o que entraña algún peligro, y lo lleva a su extremo, lo extrapola de tal modo que los contemporáneos puedan contemplar sus propias acciones desde un ángulo y en un contexto distintos. Nos lanza una advertencia». Por lo tanto, la ficción especulativa son historias del tipo «si esto continúa así… sucederá esto».

Ray Bradbury cuenta la historia de lo que sucedería en un mundo donde el conocimiento se detuviera. El protagonista Guy Montag es un bombero que pertenece a una brigada dedicada a quemar libros en lugar de sofocar incendios. En este escenario está prohibido leer libros porque leer libros obliga a pensar, y se quiere suprimir el pensar. Sólo está permitido ver la televisión.

Bradbury nos habla desde su presente. Finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta. No muchos años después de la quema de libros por parte de los nazis en 1933. Estados Unidos en plena caza de brujas del gobierno McCarthy y bajo el yugo del Comité de Actividades Antiestadounidenses que trajo censura en la cultura. El presente de Bradbury, que ahora es el pasado, abre un debate que hoy también está presente.

Fahrenheit 451 es una crítica al mundo moderno tecnológico que pretende advertir sobre la posible desaparición del pensamiento crítico y el adormecimiento de las masas. Bradbury temía un futuro en el que los libros, el conocimiento, las ideas… estuvieran en peligro y ese futuro podría ser nuestro presente: Internet y las redes sociales, o el uso que se hace de ellas, en muchas ocasiones han amenazado el conocimiento serio, fidedigno. No estaba equivocado Bradbury con esta distopía que se mantiene atemporal y es, de hecho, una clásico de la literatura norteamericana.

Ray Bradbury, mil palabras diarias

Fahrenheit 451 es una declaración de amor a los libros de un hombre que desde niño supo cuál era su vocación y que murió —a la edad de 91 años— sin parar de leer y escribir. Ray Bradbury (1920, Illinois – 2012, Los Ángeles, California) fue un escritor autodidacta. No pudo acudir a la universidad debido a la situación económica de sus padres por lo que decidió ir a la biblioteca tres días a la semana durante diez años. Desde los doce años escribió mil palabras diarias, un cuento por semana, cincuenta y dos cuentos al año. Al principio se desecharía mucho material pero para Bradbury la cantidad redundaba en calidad. «La cantidad da experiencia. Solo de la experiencia puede surgir la calidad»[1]BRADBURY, Ray. 2020. Zen en el arte de escribir. Minotauro, p. 141..

Al final de una carrera de más de setenta años Bradbury llegó a escribir más de cuatrocientas historias cortas y alrededor de cincuenta libros de distintos géneros. Aunque conocido como el maestro de la ciencia ficción, también escribió poemas, ensayos, obras de teatro y guiones para cine y televisión, destacando el de Moby Dick de John Huston.

Una historia de nueve dólares

Muy pocos autores serían capaces de cuantificar el coste de la escritura de sus novelas. Ray Bradbury, sin embargo, puede decir con seguridad que escribir el primer borrador de Fahrenheit 451 le costó exactamente nueve dólares y ochenta centavos en monedas de diez.

Solía escribir en el garaje pero en muchas ocasiones se distraía con el reclamo de su hija. Dado que la escritura era el sustento de la familia y no podía costearse un despacho, recurrió a la sala de mecanografía de la Universidad de California. Allá por la primavera de 1950.

En el sótano de la UCLA, dispuestas en hileras, había más de una docena de máquinas Underwood y Remington que se alquilaban a diez centavos la media hora. Insertabas la moneda en una cajita al lado de la máquina y el reloj empezaba a contar. En apenas nueve días de trabajo Ray Bradbury tenía las veinticinco mil palabras de El Bombero, el primer borrador de lo que más tarde sería Fahrenheit 451.

«El libro se escribió por sí solo en nueve días, porque la biblioteca me pidió que lo hiciera»[2]Declaraciones de Ray Bradbury para Dana Gioia Presidente del National Endowment for the Arts. Los Ángeles, 5 de enero de 2005.. En apenas nueve días, una rapidez que es muestra de su estilo: fresco y veloz. Rápido y ágil. Bradbury escribe con esa rapidez que hacen que sucedan cosas espontáneas como que Faber, el memorizador de libros lleve el nombre de un fabricante de lápices (Faber Castell).

Pese a que huyera de marcar un estilo, la garra y el entusiasmo de su escritura es la impronta que ha dejado en todos sus escritos. Y Fahrenheit 451 fue una especie de catarsis. No solo porque volcó sus mayores preocupaciones, sino por su estilo ágil.

El germen de Fahrenheit 451

La idea de Fahrenheit 451 surgió de la preocupación de Bradbury por el autoritarismo, la censura, el alcance de los medios de comunicación que promovían, según él, un entretenimiento de masas nocivo que mermaría la capacidad de reflexión de las personas. La deshumanización de la sociedad donde los libros parecían no tener lugar. Se planteó la posibilidad de que la quema de libros pudiese suceder en el futuro: «si esto pudo ocurrir en Alejandría, si pudo pasar en Berlín, quizás podría ocurrir en algún lugar en el futuro y mis héroes morirían».

Fénix brillante, escrito 1947, es un relato que curiosamente se inicia en un futuro que es casi nuestro presente: abril de 2022. Jonathan Barnes, El Censor Jefe, entra en la Gran Biblioteca dispuesto a quemar todos los libros. Aquí es donde empieza a rondar la idea de la quema de libros como forma de acabar con el pensamiento crítico.

Hay otros tres cuentos cortos que de algún modo rondaron el subconsciente del autor al dar forma a la novela y que giran entorno al mismo tema.

The exiles (1949), reimpreso en el libro de cuentos El hombre ilustrado, en el que un grupo de grandes autores se reúne en Marte esperando la quema de los últimos ejemplares de sus libros. Carnival of Madness (1950) originalmente aunque se recogió en Crónicas marcianas como Usher II. Un homenaje a la obra de Edgar Allan Poe. Cuenta la historia de William Steandahl, un escritor que construye en Marte una casa inspirada en La caída de la Casa Usher de Poe. Un día aparece un inspector que censura la creatividad y le indica que debe derribarla porque está prohibido todo lo que haga referencia a seres fantásticos o imaginarios. El escritor invita a todos los censores a la mansión para luego ver cómo se destruye.

En el relato Bonfire que nunca llegó a publicar imagina los pensamientos literarios de un hombre antes del fin del mundo.

La casi obsesiva preocupación por el totalitarismo cogió forma con El peatón, relato surgido a raíz de un incidente que vivió el propio Bradbury una noche que salió a dar un paseo con un amigo y un agente de policía les dio el alto para comprobar qué hacían. «Poner un pie detrás de otro» respondió atónito.

«—Bien, dijo el oficial—. Pero ¡que no se repita!»[3]BRADBURY, Ray. 2020 (Edición 100º aniversario ). Fahrenheit 451. Minotauro, p. 216..

Este suceso le llevó a pensar en el hecho de que pudiera llegar un momento en el que a uno lo detuvieran por pasear en lugar de estar en casa viendo la televisión, como se supone que deben hacer los ciudadanos del mundo creado en la novela. Este suceso y «el peatón» se recogen en Fahrenheit 451 y es, de hecho, ese encuentro con Clarisse McClellan, una joven habladora que le plantea un montón de preguntas a nuestro bombero protagonista, lo que hace que Guy Montag se cuestione todo. ¿Por qué quemar libros? Estas cuestiones llevan al monólogo de varias páginas del capitán de bomberos Beatty sobre la quema de libros y la felicidad, que es en sí mismo un canto al poder de los libros.

Fahrenheit 451 es una obra que recoge y representa todo lo que es Ray Bradbury, en forma y contenido. La principal preocupación y los ideales que le han rondado la mente a lo largo de su vida y su carrera están en esta obra. Fahrenheit 451 es Ray Bradbury. Y Ray Bradbury es Fahrenheit 451.

Y así quiso que quedara escrito en su epitafio: «Ray Bradbury. Autor de Fahrenheit 451».

Título: Fahrenheit 451
  • Autor/es: Ray Bradbury
  • Editorial: Minotauro. Edición 100 aniversario.
  • Nº de páginas: 299
  • Encuadernación: Tapa dura

Referencias

Referencias
1 BRADBURY, Ray. 2020. Zen en el arte de escribir. Minotauro, p. 141.
2 Declaraciones de Ray Bradbury para Dana Gioia Presidente del National Endowment for the Arts. Los Ángeles, 5 de enero de 2005.
3 BRADBURY, Ray. 2020 (Edición 100º aniversario ). Fahrenheit 451. Minotauro, p. 216.

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