La piedra nos arroja al afuera del pleonasmo: la piedra es un ornato a la altura de las palabras. Ante la imposibilidad de interpretar esos signos, quizá este humanismo de Caillois nos conduzca a apilar estas escrituras, a poner piedra sobre piedra en el bosquejo singular que se hace por las propias instancias. Evidentemente, el humanismo de Caillois se confirma con su preocupación por que la poesía sea un intermediario privilegiado del conocimiento y, por tanto, un medio para tener más control sobre la realidad. Eso explica, por ejemplo, que la poesía de Saint-John Perse le fascine, pues manifiesta, no por nada, una comprensión inigualable del universo, siguiendo la síntesis orquestal de la naturaleza y las civilizaciones que realiza.

El libro de Le Breton es un maravilloso ejemplo de lectura, que casi establece un canon por sí mismo, a fuerza de reconstruir todos los aspectos de una fenomenología, sin prescindir, eso sí, de un pathos entusiasta, toda vez que no se trata de una teoría sino de una apología. Pero la lectura, en la que el antropólogo francés incluye a Cela y a Llamazares, junto a los más grandes, se recorre gustosa. En nada merma su comentario al colorido sorprendente de un macizo de rosas de agavanzo o escaramujos, que tropezamos aquí y allí sobre el verde vegetal que refresca nuestra ruta. De hecho, Elogio del caminar obedece a un propósito general de Le Breton, que podemos hallar bajo diferentes aspectos en sus escritos más reconocibles. Habla aquí «del goce tranquilo de pensar y de caminar», y aclara que «en este libro la sensorialidad y el disfrute del mundo están en el centro de la escritura y de la reflexión».

En «Todos los Cuentos» se observa un personaje común y genuino, lispectoriano, fruto de sus distintos estados anímicos. En todos ellos, un suceso cotidiano desata un cúmulo de asociaciones e introspecciones que llevan a una metamorfosis, a una marabunta emocional difícil de contener. Sus frases cortas y rotundas ayudan en ese proceso de avance hacia el abismo, que no tiene por qué desembocar en una catástrofe o desdicha; a veces, incluso, conllevan a la liberación, como el pulso progresivo de un metrónomo en una clase de piano.

Hace algún tiempo, buscando información sobre Hans Bellmer en Internet, una impactante fotografía me sobrecogió por la crueldad de su exposición: un cuerpo de mujer desnudo, marcado por la tirantez de un cordón que la rodeaba y estrangulaba del cuello a los tobillos. La palabra que se impuso en mi mente fue “sumisión”, pero Bellmer…

Hablar de un libro de aforismos cuando pensamos en la filosofía de La Pesanteur et la Grâce[1]La edición utilizada para esta recensión es WEIL, Simone. 1991. La Pesanteur et la Grâce. Paris: Plon, pp. 205 (todas las traducciones son nuestras) (La Gravedad y la Gracia, 1947) es siempre insuficiente. Decir filosofía es presuponer la conquista…