Esta comedia en prosa dividida en tres actos cumple con las características del Neoclasicismo y en ella la acción se desarrolla en un solo lugar (una posada de Alcalá de Henares), coincidiendo con el tiempo de duración de la puesta en escena. Utiliza un lenguaje llano, cercano, para llegar a un mayor número de lectores; así, palabras como meriñaque, contradanza, boquirrubio y otros vocablos aparecen en sus diálogos. También tiene un afán didáctico, planteando una situación cotidiana y azuzando a la razón. La crítica social se mantiene de principio a fin, censurando la educación a la que se sometía a las jóvenes, el abuso de poder sobre ellas y, finalmente, haciendo que triunfe el sentimiento y la sensatez.

Al igual que el Dios de la Cábala debe retirarse para dejar un vacío en el que crear, todos estos mitos apuntan a un desgarro constitutivo de nuestra humanidad y de lo que la trasciende. Tiene nombre, pérdida de la unidad primaria, división de los sexos, fractura entre amor y conocimiento, signo y sustancia. La barranca profundiza así, de forma dramática, en la dimensión de la pérdida y la carencia.

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Autor de una importante producción literaria, Francis Scott Fitzgerald es una de las voces narrativas más destacadas de la literatura norteamericana. Cinco novelas y más de un centenar de relatos que lo convirtieron en cronista de una época. Una muestra de esos cuentos los recoge la editorial Navona en una edición bajo el título Cuentos…

Hulu ha anunciado que el 28 de abril tendrá lugar el estreno de la cuarta temporada del Cuento de la Criada, serie basada en la novela de Margaret Atwood. Imprescindible feminista, nos plantea una sociedad distópica fundamentalista, donde las mujeres han perdido sus libertades y derechos para ser un mero accesorio de lo masculino y…

A la hora de proponer un canon literario sobre la enfermedad, creo que hay tres grandes obras para estructurar nuestro estudio. La primera, desde luego, es esas falsas memorias con las que Daniel Defoe no narra la cruenta epidemia de peste que asoló Londres en 1665. Y digo que son falsas memorias, porque en realidad Defoe era entonces un niño de cuatro o cinco años, un superviviente, sí, pero cuyos recuerdos han sido guarnecidos a través de una ficción. Nada menos que sobre la ficción de ofrecernos un documento, un texto no ficcional en el que se subrayan las reiteraciones, la escritura a ratos sumaria y el balance llamativo entre las tablas numéricas de mortandad y la imprecisión. Pero si por algo nos atrapa Foe es porque también ofrece un canto funerario sobre la ciudad misma.