No sé cuántas lenguas y otras tantas bocas se encargan de generar el caos en la isla de La Palma. El supuesto orden de sus habitantes, la seguridad de sus casas y sus trabajos se ha ido al carajo. Algunos turistas graban desde sus móviles la tragedia de las gentes de la Palma, buscando ver un acontecimiento único, escapar a su realidad a través del drama de las otras. Mientras, la población de allí trata de recomponer sus vidas con los trocitos que les ha dado tiempo a recoger en los quince minutos antes de que la lava se acerque y acabe engullendo sus casas. Esas pertenencias que ahora son tesoros. A algunas personas no les da tiempo a recoger nada.