
A Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) –una de las revelaciones literarias de los últimos tiempos, tras su ópera prima- le han llovido las entrevistas, a raíz de la publicación de “Comerás flores” (2025). No es extraño, ya que ha recibido muy buenas críticas y varios reconocimientos, como el Premio Cálamo Libro del Año y el Premio Ojo Crítico de Narrativa. Entre las muchas cuestiones que le plantean a la autora, Daniel Dols Bruno[1]https://nuestrotiempo.unav.edu/w/lucia-solla-sobral-entrevista-relacion-sana se detiene en una que, por sobrentendida, suele obviarse y es de suma importancia para situarnos en un entorno real: ¿Por qué o cómo empieza a construirse mal una relación? A menudo, no reparamos en el hecho de que, si se hace desde la urgencia, la vulnerabilidad, o creando el vínculo partiendo de la herida del otro, los cimientos serán muy inestables. Y, aunque creamos que este error sólo lo cometen los demás, estamos confundidos. Quizás, esta también sea una de las claves de la novela, capaz de hacer tambalear nuestros andamios y que estos pendan de un equilibrio incierto. No se trata de ser fuertes, ni de haber estudiado, ni de conocer mundo, sino de haber transitado y observado patrones que, en un momento determinado, actúen como balizas o alarmas.
Presuponemos que la independencia y el hecho de contar con una red de apoyo son una condición, más o menos, suficiente para no ser manipulado; sin embargo, todos podemos llegar a ser vulnerables, ya que las circunstancias de la vida son diversas e impredecibles. Es el caso de la joven Marina, la protagonista, que atraviesa un duelo, a la vez que coincide con un hombre veinte años mayor que ella. Jaime es atractivo, le cae bien a todo su círculo, la colma de placeres, le abre su universo y la desea; la desea tanto, que hará por ella lo que haga falta. Al fin y al cabo, eso es el amor… ¿o no? Así nos lo han narrado en cuentos, canciones, películas, leyendas y mitos de distintas épocas y procedencias. No puede ser casual que siete de cada diez parejas que acuden a terapia muestren claros indicadores de manipulación, control o falta de respeto en algún punto de la relación; tampoco que un alto porcentaje de los afectados normalice o desconozca las señales, hasta que el desgaste es profundo, y aunque el malestar haya sido detectado con anterioridad. A pesar de todo, siempre habrá alguien que se pregunte “¿y qué hacía una chica como tú con un hombre como él?”[2]SOLLA SOBRAL, Lucía. 2025. Comerás flores. Barcelona: Libros del Asteroide, p. 233. Y Marina o usted, o yo, no sabríamos qué responder, porque no hay bola de cristal que pueda anticipar sucesos, ni talismán que nos dote de un poder sobreprotector para alejarnos, si fuera necesario. Además, el ciclo que especifican los manuales suele iniciarse con una atención exagerada e intensa por parte del otro, que fascina y atrapa. Paulatinamente, las críticas logran la inseguridad y la culpa, los celos y la vigilancia se justifican, la duda se aloja dentro –muy dentro- y uno comienza a desconfiar de su criterio. Finalmente, la distancia de aquellos que nos quieren –familia y amigos- parece ser la solución, porque nos han convencido de que son ellos quienes no nos dejan soltar y crecer.
Todo ello lo plantea Solla Sobral en doscientas cuarenta páginas, aptas para quienes han cumplido quince, veinticinco, treinta, cuarenta y ocho, cincuenta y seis o setenta y uno.
No es un panfleto feminista, ni un pañuelo de lágrimas. Es una realidad de nuestro tiempo; esa que creemos superada y que no queremos admitir, porque resulta incómoda, rancia, primaria, pero que todavía llevamos pegada a la piel. ¿Cómo escapar? Agotado o agotada, paralizado o paralizada; inmerso o inmersa en un atropello transparente, en una tormenta sin truenos, en discusiones que preceden a dulces reconciliaciones, en silencios que te borran el brillo y la memoria, en un “te quiero con miedo, a veces” (página 120).
Otro de los aspectos a destacar es, precisamente, que sus personajes son poliédricos; pues lo más simple hubiera sido retratarlos como la bella y la bestia. Y, aunque tendamos a encasillar en “buenos” y “malos”, el ser humano despliega una gran cantidad y variedad de caras, aristas y vértices en los contextos en los que se mueve, dependiendo de su personalidad, experiencia y, también, en función de lo que cada uno percibe que se espera de sí mismo. Quien se atreva a negarlo, miente. No somos semidioses –pese a que nos lo transmitan sin tregua, ni anestesia, día a día-, ni ángeles. Somos ramilletes de virtudes e infamias, atajos, escondites, melodías efímeras, espejismos, voluntades férreas… seres imperfectos y, por tanto, maleables. No siempre sabemos cómo proceder; o sí, pero eso no significa que no estemos equivocados. ¿Dónde vomitar las frustraciones y matar los traumas? Generalmente, existen tres cauces a los que solemos recurrir: dañarnos a nosotros mismos, lastimar al otro o pedir ayuda.
Esta novela ha revolucionado las librerías y se ha consolidado como un fenómeno editorial, con unas veinticinco ediciones acumuladas en su primer año. No por ello hemos de prejuzgar su calidad, ya que la saturación en las redes sociales puede oscurecer su auténtico mensaje. Quizás, debamos atrevernos a adentrarnos en la molestia, en la posibilidad de vernos reflejados en algún episodio, porque la vida está repleta de perplejidades, de recuerdos que hemos ido dulcificando por inercia y conformidad. La escritora pontevedresa sólo ha vuelto a evidenciar lo que sus antecesoras ya describieron, pues no se trata de algo antiguo, sino del inconsciente colectivo.
Comer flores no puede ser la meta, ni la dieta milagrosa que nos haga sanar cuerpo y mente. El amor romántico, en sí mismo, se basa en la idealización, en la búsqueda de una mitad. ¿Y si lo desenmascaramos y lo presentamos tal cual es?
| Título: Comerás flores |
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Referencias
| ↑1 | https://nuestrotiempo.unav.edu/w/lucia-solla-sobral-entrevista-relacion-sana |
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| ↑2 | SOLLA SOBRAL, Lucía. 2025. Comerás flores. Barcelona: Libros del Asteroide, p. 233 |