Francamente, nunca he sido un entusiasta de José L. Rodríguez Zapatero. Me pareció su oratoria en la oposición a la guerra de Irak bastante pobre –máxime con más del 90 % de la población en contra de la guerra según el CIS de la época-, y de hecho gano las elecciones, a buen seguro, gracias a la nefasta y mentirosa gestión del gobierno Aznar de los atentados del 11M, más que por méritos propios.
No puedo negar, no obstante, que durante su mandato consiguió logros importantes como la Ley de Dependencia, el matrimonio igualitario, la creación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) o el fin del terror de ETA.
Pero no puedo dejar de reprocharle que tras su llegada al gobierno se subió a la ola de la mayor burbuja inmobiliaria de la historia europea que había puesto en marcha el gobierno de José Mª Aznar cuando convirtió España en un solar.
Zapatero no quiso o no supo ver que aquello era un auténtico desatino, ni siquiera cuando la caída de Lehman Brothers en 2008 puso en evidencia las fallas del sistema, hasta que se dio de bruces con la mayor crisis económica de nuestro tiempo. Y luego no le tembló el pulso para hacer caer todo el peso de la crisis sobre las clases medias y populares, mientras que los que incitaron a la misma se acabaron yendo de rositas e inmensamente ricos en su mayor parte.
Así que de «faro moral de la izquierda», como algunos se empeñan en presentarle –sobre todo desde la derecha mediática, que por algo será-, nada de nada.
En definitiva, algo parecido a lo de Pedro Sánchez que, por contra a lo que se dice, con la madurez fueron girando a la izquierda, aunque en el caso del segundo diría yo que más bien a la fuerza.
Hechas las presentaciones, no tengo la menor idea si Zapatero es culpable o inocente de las acusaciones que se le imputan. O si las consabidas joyas descubiertas en su despacho están acogidas o no a derecho.
Quién sabe, a lo mejor las adquirió hace una friolera de años y «a lo mejor», el juez teniendo en cuenta que en los últimos 20 años el oro ha subido el 650 % a consecuencia de las sucesivas crisis y las piedras preciosas lo han hecho, dependiendo de las que se trate entre un 60 % y un 900 %, lo que tenía que haber pedido era su antigüedad, saber cómo las adquirió y el valor que tenían entonces.
Pero, en cualquier caso, estamos ante acusaciones especialmente graves y lo peor de todo, que pase lo que pase, ya ha sido condenado. Evidentemente no por un servidor, ni por nadie que todavía crea en un atisbo de inocencia para las personas antes de ser juzgadas.
Una cuestión esta de los antes «imputados» y ahora «investigados», que nunca tuve claro. Porque en la arena política –últimamente también parece que en el ámbito de la justicia-, el concepto de la presunción de inocencia resulta inexistente por lo que de no resultar finalmente condenado su carrera y su imagen habrá quedado deteriorada para siempre.
Lo cierto que el presunto caso Zapatero poco o nada tiene que ver con el cutrerío habitual de las andanzas de los personajes del PSOE cuando se saltan las leyes a la torera. Véanse los casos de la pareja Koldo y Ábalos y el de Leire Díez. Los primeros envueltos en el putiferio y la segunda de funesta fontanera que, para colmo de sus desdichas, fue incapaz de arreglar una sola pitera.
Lo de Zapatero suena más sofisticado, al menos en lo relacionado al lío de la aérea Plus Ultra, que lo de las joyas, aunque resulte más escabroso para el personal lo cierto que, en realidad, lo que resulta es más patético.
Aunque no me quite el sueño, lo cierto es que no parece Zapatero un tipo de esos, reconocido mediador en todo el mundo, que nunca se ha metido en líos ni él ni nadie de su entorno más próximo, al menos en lo que a la cosa pública se refiere, aunque en este sórdido mundo que vivimos nada o casi nada es lo que parece. Pero viniendo de la izquierda, lo dicho, cualquier indicio se torna en un plis plas en algarada y condena.
Sobre todo visto lo visto con sentencias como las del Fiscal General, ya saben «solo pudo ser él o alguien de su entorno” y con eso resultar condenado o lo que es lo mismo una manera como otra cualquiera de mandar la presunción de inocencia a hacer puñetas. Y todo, lo más curioso del caso, por intentar desmentir un bulo.
En fin, que como decía al principio y no se tome esto por un alegato, no tengo ni idea de qué será de Zapatero pero con la que le está cayendo a la izquierda y a todo lo que se le parezca en eso que un decían «mundo desarrollado», va a tener más que crudo salir de esta.
Por último, aunque casi no le vaya la historia, una vuelta de tuerca a más a la lenta agonía del gobierno de Sánchez y a un electorado más sensible al que basta con sembrar la duda para alejarle de las urnas. A buen seguro, ya lo dicen los que saben, la sentencia del caso Zapatero tardará años pero solo con una buena dosis de ruido es suficiente para darlo ya por sentenciado.
Porque en la derecha no pesan, o pesan muchos menos, estas cosas. No es que sean menos corruptos que a la vista está lo son mucho más, pero es cierto que en otras magnitudes y sin que importe tanto el ruido. Solo hay que ver a su cabeza más visible, Donald Trump, reconvertido a Trump I, que desde que recuperó la presidencia su fortuna y la de «su entorno», se ha multiplicado con creces a costa de sus políticas, hace incluso alarde de ello y nadie se rasga las vestiduras por eso.