Directora de cine argentina, representante de las voces actuales contemporáneas más notorias. Junto a ella están una serie de directoras –Lucrecia Martel, Laura Citarella, Natalia Garagiola, Lucía Puenzo o Ana Katz–, entre otras, que apuestan por un cine con voz propia.
Las tres películas hasta la fecha de Milagros Mumenthaler, “Abrid puertas y ventanas” (2006); “La idea de un lago” (2016) y “Las corrientes” (2025) conectan las vivencias de sus protagonistas con sus entornos presentes y pasados. Las narrativas con que tratan los filmes establecen vínculos personales establecidos en el tiempo.
Tres películas que se balancean suavemente por la subjetividad, donde puesta en escena, pensamiento y sensaciones transcurren de manera íntima y sensual. Abordan las relaciones con los tiempos presentes y pasados como tema instrumental que da sentido a sus vivencias. La cámara mostrará la presencia de la ausencia. Un trabajo de apariencia invisible, fundamental para entender el lenguaje que utiliza Mumenthaler. Tocar los útiles matéricos, recrear las miradas, sentir lo ocurrido, dan lugar a la construcción de las propias películas. La casa como espacio físico en “Abrid puertas y ventanas” implica los vínculos familiares. Su valor como recurso construye vínculos personales entre las hermanas; para ello la directora se sirve de los encuadres.

Tres hermanas de joven edad habitan una casa en Buenos Aires que perteneció a su abuela, quien las cuidó, las veremos transitar por ella con bastantes silencios. Tres personalidades diferentes. El tiempo transcurre lentamente; interactúan entre ellas y los objetos de su pasado, junto a una música que las conduce por la nostalgia de lo vivido. Las cotidianidades marcadas adquieren distinta sensibilidad en cada una de las hermanas. Un comentario inoportuno donde se cuestiona la posible adopción de una de ellas, todo ello plausible gracias al trabajo manual de movimiento de muebles y enseres que contiene la casa, acompañado de conversaciones que no a menudo transitan por lo delicado. Los recuerdos del pasado se despiertan a través de los objetos, inmensa carga de lo matérico. Por ejemplo, veremos a una de las hermanas casi aplastada por los objetos que pueblan lo que podría ser un desván o asistiremos a la apertura de un armario empotrado que, al abrirlo, arroja los juguetes y útiles del pasado infantil.
De impecable concisión verbal, inefable en ocasiones, expresiva con una cámara que toma vida y se pasea por el entorno con acierto y precisión. El nivel dramático está altamente determinado por las ausencias de los padres y la abuela. Aquellas presencias que no están lo invaden todo.
“La idea de un lago” (2016)
En las secuencias iniciales nos aparecen los recuerdos nublados de Inés, sus viajes en el tiempo. Una diapositiva muestra a un padre joven y alegre; ello nos sitúa en su pasado desde el presente. Su vida tiene un presente con embarazo que la empuja a revisar y buscar el pretérito de su padre, hoy ausente. No podemos olvidar que nos encontramos una y otra vez con una Inés en los finales de la década de los 70 del siglo XX, concretamente en 1977 con la brutal dictadura de Videla en Argentina, donde los jóvenes desaparecían por miles. Este latido se deja sentir durante todo el metraje de la película. El apego que la protagonista y su hermano sienten es una constante plagada de independencia.

Guadalupe Gaona, autora de “Pozo de aire”, sirve a Mumenthaler para idear y argumentar su película. En una de las privilegiadas imágenes que se construyen, podemos observar a Inés niña caminando hacia el objetivo de la cámara; lanza su aliento, desaparece tras el vaho; segundos después vuelve ante la nitidez adquirida por el objetivo. Metáfora fantástica de lo que estuvo y fue desapareciendo con el tiempo. Breve, siempre muy breve cuando de seres queridos se habla. El conflicto vertebrado por la narración no se sustenta, por tanto, en confrontar a personajes con vivencias afines, aunque edades diferentes, sino, más bien, en cómo transcurre el tiempo entre la desaparición del padre y la búsqueda de sus restos a través del ADN; el transcurrir de las vidas, visitas al ginecólogo, conversaciones con la madre, alcanzan un encuentro mutuo, lugar común que les permite aceptar los hechos y darlos por zanjados para que la vida fluya. La película nos muestra cuatro generaciones de mujeres: la madre, la esposa, la hija y la nieta del “gran ausente”, que representa todo lo que se aproxima a la felicidad, el padre desaparecido. Silencio, descanso, sol, aire, tierra, agua y una casa con un lago y montañas al fondo, testigo del paso del tiempo. En un momento puntual de la película suena la canción “Song, Sung, Blue” de Neil Diamond, melancólica y triste, acompañada de imágenes alegres, sol, agua y el coche verde atribuido al padre con el que Inés nada y baila, idealizando todo lo bueno y la alegría en la figura perdida del padre.
Las corrientes” (2025)
La última película de la directora argentina cuenta con un personaje protagonista llamado Lina, estilista que se deja llevar por un impulso repentino tras recibir un premio en Suiza. La vivencia abre las puertas del pasado con todo lo que conlleva de traumático. A la vuelta a su residencia habitual, la relación con su marido se transforma. Mumenthaler es una directora exigente con el espectador; dio muestras de su compleja narrativa en sus dos películas anteriores. Analizar sus películas desde lo lineal, narrativamente hablando, no solo es imposible, sino que perdería todo el sentido de su trabajo cinematográfico.

A lo largo del recorrido de “Las corrientes”, nos llevará por vivencias propias de Lina, acudiendo a los lugares de trabajo y a los que le son familiares. El tono de la película tiene mucho que ver con las dos películas anteriores. Lo que cambia radicalmente es la textura, el color y la fotografía. La subjetividad como parte de la ficción complejiza lo que vemos. Sin duda, la mirada femenina a la hora de plantear los hechos se deja sentir con fuerza. Los gestos de la actriz tienen mucho que ver con los gestos silenciados. El entorno de la casa como espacio físico expresa las formas de relacionarse con su hija de forma evidenciada. Escenas donde la niña, aprovechando un descuido de la madre, sale de la casa y sube a la azotea del edificio, donde hay una luz potente que gira en forma circular, dando lugar el espectador a metaforizar la situación, convirtiéndola en un faro que atisba y deja ver la ciudad de Buenos Aires. El recreo de las miradas de la protagonista por los entornos y la intimidad de la ciudad, a través de las ventanas que la pueblan, nos acerca a la proximidad y lejanía de la convivencia de los humanos en los espacios que se nos escapan a los propios. Miradas que subjetivan y se cuelan en las vidas ajenas. El proceso de separación de su marido se ve de manera notoria en el plano secuencia de la huida de la fiesta social con los económicamente favorecidos de la ciudad, mostrando su rechazo a los mismos, que pretende concluir con la huida de su domicilio conyugal y que se trunca con la imposibilidad real de abandonar a su hija. Ese cordón umbilical que las madres tienden y extienden en el tiempo en torno a los hijos que paren. La carga dramática alcanza su máxima expresión estética con la visita a su madre, a la casa de su infancia. Descubriremos a una persona encerrada herméticamente con las cortinas que oscurecen la casa y en una soledad errática y enfermiza que nos ayuda a entender un poco más la personalidad de Lina y sus conductas vitales. Haciendo incursión en el lenguaje cinematográfico de “Las corrientes”, considerando la película en su conjunto, veremos cómo el plano secuencia aparece en muchas de sus partes, en un intento de mostrar más allá de las conversaciones, yendo detrás de los escenarios donde se producen. Al igual, se nos invita a mirar los entornos con los ruidos que los habitan. El cromatismo utilizado no es baladí, tiene mucho de explicativo y estético, tendente al preciosismo. Cuando se trató de indicar lo que rodea a las clases altas y, a palidecer y oscurecer cuando los entornos son transitados por las clases no favorecidas por el dinero.
En las tres películas podemos significar una proyección temporal distinta: en “Abrid puertas y ventanas”, la casa se encuentra en un presente marcado por la memoria de los objetos matéricos traídos del pasado; en “La idea de un lago”, los acontecimientos van del presente al pasado, viéndose y abriéndose ante la posibilidad de un futuro; finalmente, en “Las corrientes”, estamos en la provisionalidad de un presente que se verá amenazado por las decisiones de la protagonista y que hacen que su estabilidad familiar peligre. A nivel dramático encontraremos similitudes. La vulnerabilidad se nos muestra en la primera película cuando dos de las hermanas se plantean en una escena la posibilidad de que la tercera no sea hermana biológica, sino adoptiva, dado que no piensa ni siente como ellas, y esta las escucha detrás de una puerta. En la segunda se muestra a los dos hijos y la madre haciéndose un análisis de sangre para comprobar si los restos humanos encontrados pertenecen al padre y marido muerto y, en tercer lugar, la provisionalidad del paso por este mundo se nos muestra en la secuencia de la ambulancia que conduce a la protagonista desmayada al hospital. En las tres, los personajes se han quitado la máscara. Al igual, los tres títulos muestran relaciones que se requieren mutuamente: las relaciones de filiación (entre hijos y padres), las de fraternidad (entre hermanos) y las relaciones de amor (entre un hombre y una mujer).
El cine de Milagros Mumenthaler, donde la cámara muestra la presencia de la ausencia, el pensamiento íntimo es representado en imágenes y sonido; y los gestos de las actrices están en convivencia con los gestos silenciados. Todo ello la convierte en una de las voces más interesantes del panorama actual del cine de autor en español.