Como no es extraño en él, Steven Spielberg en su última película El día de la revelación, vuelve a presentarnos por un lado esa parte de la humanidad ciertamente desalmada y de otro la confianza en que una relación con una raza extraterrestre bienintencionada pueda hacernos mejores.

¿Qué habrá pensado Peter Thiel cuando la haya visto? Aunque cabría preguntarse primero si lo habrá hecho. Quizá, persuadido por su propio ego, la haya desestimado sin más.
Peter Thiel, cofundador de PayPal, es un cristiano heterodoxo, anarcocapitalista, libertario radical, transhumanista y apocalíptico propietario de Palantir, una empresa líder en software de análisis de datos mediante inteligencia artificial (IA), valorada en 380.000 millones de dólares y subiendo, que viene a ser el máximo exponente de una de las mayores controversias a las que se enfrenta la humanidad.
Palantir se ha convertido en una herramienta capital del ejército de los EE.UU., la CIA, el FBI, la NSA e incluso el ICE, además de otras instituciones similares en los países más avanzados del mundo y que a través de sus sistemas de análisis de datos –fallidos en numerosas ocasiones-, se ha convertido en un arma de vigilancia global de los seres humanos a los que codifica al margen de cualquier aspecto ético y moral.
Además de diseñar estrategias para grandes corporaciones y conglomerados industriales con las que, de paso, persuadir a los consumidores.
Ahora, cuando algunos países europeos están empezando a poner en duda sus habilidades y sus enormes capacidades y pretenden ponerle coto mediante una regulación y control de su desarrollo y prestaciones, Javier Milei, otro libertario anarcocapitalista, ha cedido cuantos terrenos necesite Peter Thiel para establecer Palantir en tierras argentinas sin ningún tipo de control y límites y sin prácticamente carga fiscal alguna.
Todo ello y al margen de otras veleidades, con el declarado deseo de crear nuevas ciudades estado al margen de las legislaciones humanas y quedando todas las responsabilidades inherentes a las mismas en manos o, mejor dicho, a la determinación de las infinitas combinaciones de ceros y unos de las máquinas que las regenten.
Para ello, Thiel necesita que el mandato de Milei perdure en el tiempo y para eso este va a facilitar todo el acceso sin límite a los datos de la población argentina para inducirles a través de los sofisticados algoritmos de Palantir a que la figura de su extravagante presidente se perpetúe en el cargo.
Peter Thiel representa el paradigma de toda una estirpe de milmillonarios surgidos en Silicon Valley los últimos años que no solo pretenden operar al margen de las instituciones sino que incluso las menosprecian tanto como al propio concepto de nación o ciudadanía considerando los avances tecnológicos como máxima expresión del progreso por encima de cualquier rasgo de humanidad.

De hecho, otros promotores de la IA, conscientes de los riesgos, advierten de un posible suceso catastrófico provocado por esta al que denominan «el evento».
En su libro La supervivencia de los más ricos. Fantasías escapistas de los milmillonarios tecnológicos (Capitán Swing, 2023), Douglas Rushkoff (Nueva York, 1961), graduado en la Universidad de Princeton y uno de los más importantes teóricos de medios sobre cultura digital de la actualidad, afirma de manera contundente que «los milmillonarios tecnológicos saben que sus negocios están llevando al mundo al colapso y quieren usar la tecnología para huir del resto de nosotros».
El autor da cuenta también del sorprendente transcurso de una reunión celebrada con el mismo a petición de algunos de estos personajes, ya en 2018:
«Empezaron a interesarse mucho por preguntas acerca del suministro de agua en un búnker, en qué áreas del planeta hará demasiado calor, dónde habrá radiación. Solo para tomarles un poco el pelo, les cuestioné sobre quién iba a proteger su búnker de nosotros, los que nos quedásemos fuera y necesitáramos su comida. Respondieron: Oh, no te preocupes. Tenemos guardias. Tenemos acuerdos con un grupo de Navy Seals para que nos protejan».
Rushkoff se dio cuenta de que esa conversación no tenía nada de baladí: «Lo que de verdad querían saber era qué tecnologías podrían ser más útiles en caso de que llegara ‘el evento’. Hablaron de implantes cerebrales, producción de energía, etc. Comprendí que lo que les interesaba era cómo aislarse del colapso al que saben que están llevando al mundo».
El pasado mes de mayo el Papa León XIV hacía pública la encíclica Magnifica Humanitas, dedicada de manera explícita a los desafíos que plantea la inteligencia artificial especialmente en el caso de la protección de la dignidad de las personas. Para ello reclama marcos legislativos y jurídicos adecuados en tanto en cuanto sus ya manifestados usos perversos en ámbitos como la guerra, los algoritmos, la desinformación, la polarización y un largo etcétera de posibilidades.
Consciente de ello vistas las numerosas declaraciones del Sumo Pontífice desde hace tiempo, Peter Thiel convocó dos meses antes en la ciudad de Roma una serie de conferencias destinadas a identificar la figura del Anticristo en la sociedad actual y que acabo personificando en todas aquellas personas o instituciones, como es el caso del Papa, que creen necesaria una regulación y control de la IA.
Una diabólica convocatoria que queda en poco más que una bagatela afirmaciones del propio Thiel como que los programas de prestaciones sociales o el voto de las mujeres representan un atentado al capitalismo.
Con estos mimbres y con los de las personas que lo encumbran y cuentan con su decidido apoyo como los Milei, Trump, el presunto sucesor de este J.D. Vance, patrocinado por el propio Peter Thiel, entre otros muchos, además de los conocidos movimientos ultra nacionalistas, negacionistas y conspiranóicos que, inspirados y aupados precisamente por los algoritmos que facilita la inteligencia artificial, están copando numerosos puestos de responsabilidad en todos los países del mundo cabe pronosticar un futuro cada vez más inquietante a menos que la ciudadanía sea capaz de sobreponerse a semejante desatino.
Lo que, hoy por hoy, parece una tarea casi imposible si además desde la escena pública quienes corresponde son incapaces de mirarse más allá del ombligo y otros están dispuestos a convertirse en sus correligionarios con tal de mantenerse en el candelero, cuando no han sido abducidos por la vorágine del algoritmo.
«Cuando lees un libro de papel, estás ejerciendo un acto de resistencia. Estás informándote, ejerciendo tu autonomía y haciéndola más fuerte. Estás puliendo tu capacidad de atención en vez de dejando que las redes sociales te la hagan cada vez más corta. Eso es parte de ser buen ciudadano»
Carissa Véliz (México, 1986), filósofa hispano-mexicana, profesora de filosofía y ética en la Universidad de Oxford. (Fragmento de la entrevista publicada en elDiario.es el 18 de junio de 2026)