Si algo ha quedado meridianamente claro de los recientes sucesos de Ceuta es la utilización torticera de decenas de miles de personas alentadas por la miseria y el hambre con fines espurios y un resultado de más de 100 muertes a ambos lados de la frontera. En esta ocasión a manos del gobierno de Marruecos, sin la debida respuesta del gobierno de España, menos aún de la oposición a este y del mismo modo de la propia Unión Europea.
De Marruecos porque, más allá del incremento habitual en estas fechas, nadie puede creerse que una muchedumbre formada por más de 50.000 personas sea capaz de organizarse por su cuenta para violentar la frontera de un país vecino, prácticamente de un día para otro, sin que las fuerzas de seguridad de su propio país se hayan percatado de ello y, peor aún, muestren una evidente pasividad al respecto incluso cuando muchas de esas personas eran trasladas en camiones a los pasos fronterizos ex profeso.
Aunque es cierto la poca agilidad para un despliegue correcto de medios capaz de hacer frente a la avalancha de una crisis que no vio venir, remisa la actitud del gobierno de España con respecto a su homólogo marroquí pretendiendo descargar de manera pretenciosa los hechos en las mafias que trafican con personas al otro lado de la frontera, aun sin beneficio alguno cuando pueden recabarlo con el habitual tráfico de pateras.
O achacar dicha carga a la presunta tergiversación de una reciente resolución del Tribunal Supremo. Según la misma, el mar no constituye barrera física suficiente a modo de frontera -que manda narices-, y por tanto no ha lugar la deportación inmediata de quien alcanza la costa española de manera fraudulenta desde un país vecino.
Tanto es así que en otro prodigioso juego de artificio a los que nos tiene acostumbrados recientemente la judicatura, en la misma resolución señala la posibilidad de la instalación de barreras artificiales en el mar al objeto de revertir su propia sentencia.
Un argumento que, con toda seguridad, no sería del conocimiento de la inmensa mayoría de cuantos han puesto su vida en juego en el mar y de los que han cruzado a pie la frontera.
De la oposición poco que añadir que no sepamos ya. Dispuesta a aprovechar cualquier acontecimiento, por luctuoso que sea, para sacar rédito del mismo. Lo hemos visto con la pandemia, el volcán, la DANA, los incendios forestales, todas las crisis energéticas e inflacionarias derivadas de sucesivas guerras así como las resultas de los vaivenes provocados por el nuevo emperador norteamericano que están sacudiendo la escena internacional día sí y otro también.
Ahora no iba a ser menos aunque para ello eche mano a toda clase de patrañas y embustes como la falacia sobre la reciente regularización de inmigrantes por la que, presuntamente, el objetivo de la misma es recabar el voto a favor de Pedro Sánchez en las próximas elecciones generales, aun a sabiendas que ello es imposible por cuanto para ejercer tal derecho es necesario disponer de la nacionalidad española.
En definitiva, una oposición que no ha reconocido a los gobiernos de Pedro Sánchez desde que ganara la moción de censura de 2018 contra M. Rajoy, echada al monte desde entonces y que ni está ni se le espera en las situaciones más difíciles más allá de esa visión patrimonialista, nacionalista y cada vez más conservadora y aferrada a la ortodoxia liberal que tiene de la nación española.
Por último la respuesta tibia de una Unión Europea, incapaz de frenar los repetidos desplantes y desafíos marroquíes víctima de su estrategia de colchón de intereses donde prevalecen sus empeños económicos y geoestratégicos por encima de otras consideraciones. Por mucho que nos enseñe la historia en el mismo sentido que quienes ejercen el chantaje como arma política nunca se ven satisfechos.
Además de, como hemos visto tantas veces en los últimos tiempos, la falta de reaños de una organización desbordada y desnortada vista su reacción a una ola reaccionaria, nacionalista y xenófoba que va camino de dar al traste con la misma.
A buen seguro, los Schuman, Monnet, De Gaspieri, Adenauer y todos aquellos liberales, demócratas cristianos y socialistas, padres fundadores de la Unión Europea no podrían soportar la suicida deriva actual de su proyecto comunitario.
Lo que hemos visto estos días, no queda muy lejos de una criminal demostración de prepotencia y chantaje de Mohamed VI. Un sátrapa, dispuesto a poner en un brete a España cuando le plazca so cualquier pretexto como en este caso hayan podido ser la reconducción de las relaciones de España con Argelia, su principal oponente en el Magreb, la posibilidad de que puedan recuperar la nacionalidad los saharauis nacidos bajo la administración española de aquel territorio y, de paso una vez más, por su reiterado interés en que Ceuta y Melilla formen parte de su reino.
Quién sabe si como un divertimento más con motivo de los fastos por sus 27 años en el trono en un ejercicio más de su consumado poder.
En esta ocasión con la connivencia de su homólogo estadounidense -no en vano Donald Trump ha llegado a autodenominarse rey-, al que lleva años granjeándose mediante generosas dadivas de una u otra forma como es sobradamente conocido.
Mohamed VI es perfectamente consciente de la debilidad del gobierno de España y de la situación convulsa de la Unión Europea en tanto en cuanto España es su frontera y echará mano cada vez que le plazca del mejor arma que tiene para extorsionarles, como es arrojar contra la misma miles de personas que huyen de la miseria, la pobreza y el miedo a los que él mismo somete a sus súbditos.
Una estrategia que viene utilizando desde hace mucho tiempo a sabiendas que tarde o temprano España y la Unión Europea van a ceder a sus intereses. Y una vez más parece en vías de conseguirlo ya que ni el gobierno de España, ni la oposición, ni la Comisión Europea han querido en ningún momento, ni siquiera la mínima insinuación, referir la conducta despótica del todopoderoso monarca alauita a pesar de la evidencia de los hechos.
Por fortuna en menos de las 48 horas siguientes a los autos la mayor parte de los que violentaron el territorio español han regresado por su propio pie a Marruecos. A saber de la próxima andanada de la potencia magrebí de no mediar, tampoco se le espera, una contundente respuesta por parte de las autoridades españolas y europeas.
Para terminar no es posible dejar de hacer hincapié en ese lodazal y fábrica de bulos en que se han convertido las redes sociales, más aun ante hechos tan extraordinarios como este.
Desde que esta avalancha de personas ha sido organizada por el propio Pedro Sánchez hasta que Ceuta y Melilla están reconocidas en la ONU como colonias, pasando por infinidad de videos falsos creados con Inteligencia Artificial o con el uso de imágenes y escenas de otros lugares.
Todo eso con el ánimo de enardecer aún más a esa parte de la opinión pública a la que se ha conseguido desviar la atención lo suficiente para focalizar en la inmigración el chivo expiatorio de sus males y de paso derrocar al que puede ser el último gobierno de carácter progresista de la Unión Europea.
Para los instigadores de ello, del mismo modo que a los promotores del suceso, unos pocos días de caos y la vida de más de 100 personas les habrá importado muy poco.