Ahora es Cristina Inogés, uno de los nombres más potentes dentro de la teología feminista, quien nos regala su propia entrada a este hortus conclusus; el memorial con el que escribe el preámbulo a este libro de mujeres, en el que hay tantos preámbulos, aunque uno de ellos, como el de la nota que dediqué a Hildegarda de Bingen, no tenga otra justificación que la de su generosidad.