Colocado en el abismo en la palabra que se utiliza para designarlo, ese objeto se encoge de repente, deviene más pequeño. El paso hacia la palabra, en los textos de Ponge, generalmente funciona como una reducción de escala. Ir a la palabra, a la sustancia, al plano de la palabra, como dice Ponge, es convertir el objeto en dinero, pero en la única moneda de curso legal aquí: la pequeña calderilla de la que hablábamos antes.

Igual que para llegar a una ciudadela podemos hallar –y siempre hallamos, de hecho- varios caminos habilitados a tal fin, hacia la Ciudadela (1948)[1]Citaremos, en adelante, de SAINT-EXUPÉRY, Antoine De. 1967. «Ciudadela», en Obras Completas. Barcelona: Plaza y Janés, pp. 575-1125 de Saint-Exupéry existen no pocos hilos y puntos de referencia de un amplio, generosísimo…