Seize moments de ma vie, último trabajo de Albert serra, ha sido presentado fuera de competición en el reciente Festival de Locarno. Esta nueva coproducción hispanofrancesa se adentra en el concierto único de la cantante alemana Ingrid Caven (1938) en el Théatre des Bouffes du Nord de París en febrero de 2025, aproximándose a su vida mediante los versos y momentos que dan nombre al título, interpretándolos en un ambiente íntimo y muy sugerente desde el punto de vista visual. El largometraje de no ficción inaugurará a su vez en septiembre la sección Made in Spain del Festival de San Sebastián, espacio donde Albert Serra consiguió la Concha de Oro por la película de ambiente taurino, Tardes de soledad (2024).
El cine de autor se ha acercado a artistas consagrados en la historia del cine retratados de forma singular en conciertos, en sus ensayos grabaciones o vida diaria, ofreciendo miradas poco convencionales. Desde Chris Marker sobre Yves Montand, a Pennebaker sobre Bob Dylan o el mismísimo Godard con los Rolling Stones, los grandes artistas se han reflejado a través de un lenguaje más vanguardista y narraciones alternativas.
Asimismo, la directora portuguesa Rita Azevedo acudió a esa voz tan particular de la alemana en A Portuguesa (2018), aquella delicia de película de esencia pictórica construida con mimo a base de tableaux vivants. La cantante surge en momentos puntuales con su bella voz e insólita presencia atravesando el metraje de este relato de corte histórico, para aportar una atmósfera atemporal inolvidable a modo de homenaje.

Ingrid Caven ya fue filmada en un concierto por Bertrand Bonello en Ingrid Caven, música y voz (2012) en el escenario de la Cité de la Musique en París. El título constituye una declaración de intenciones sobre la lectura que hace el antes musico Bonello. Ofrecer a la artista en su sitio, el escenario. Sin insertos de ensayos, entrevistas u opiniones tan comunes en un documental al uso. Un trabajo sencillo de largos planos y estética oscura que dialoga con su esencia y escucha su voz como lo haría un espectador en su butaca. Aún conserva su voz tan especial la musa de Fassbinder y mítica cantante equiparada a Edith Piaf o Marlene Dietrich.
Por esa línea podríamos decir que transita Albert Serra. Poniendo el foco en un acercamiento minimalista, aunque no tanto como el de Bonello. El cineasta coloca cinco cámaras en sitios estratégicos que no condicionan, siguiendo el ritmo que un impone un directo, pero sí pueden jugar con una puesta en escena más variada dentro de lo que permite la actuación.
La cantante aparece escoltada por el grupo Molforts, habitual de las bandas sonoras del director y especialista en improvisación musical, que se unió a Caven para alumbrar este proyecto escénico de carácter vanguardista y atmósfera hipnótica. El trabajo se articula sobre la “correspondencia musical” durante largo tiempo que mantuvieron con la cantante mientras realizaban un engranaje “música-vida”. Serra le enviaba varios CD sobre el que ella pondría su voz hasta eclosionar en ese concierto filmado que aprovecha los recursos visuales y auditivos del directo.

Y así somos testigos de una obra tan imperfecta como atrayente en lo que desprende la figura de la estrella alemana. El cine de Serra se mueve muchas veces rozando lo insufrible hasta que brota la imagen que te agarra a su cine, mereciendo la pena la experiencia, como ocurre, por ejemplo, en Pacifiction. También te puede fascinar de principio a fin como en La mort de Louis XIV. Siempre impredecible. En esta ocasión su cine tiene como piedra a angular a Ingrid Caven, que se manifiesta vulnerable y fuerte a la vez. Exhausta por momentos y con una voz quebrada por una larga trayectoria vital, aunque también por una tos inoportuna que escuchamos al inicio del largometraje que la rompe más aún más modulando y jugando con ella. No importará a los admiradores incondicionales de la artista que vivieron una oportunidad única ese día. Serra capta en un ambiente íntimo de trabajo lo que ama Caven, contactando con su público, al que no vemos nada más que al final en breves instantes. Registra esa atmósfera cercana, de esencia a cabaret intemporal concentrada en un plano, aunque no tan cerrado como el que abordó con el torero Roca Rey y el toro como único elemento en Tardes de soledad.
Seize moments de ma vie se formula como la estética de la resistencia ante el paso del tiempo y la belleza de la lenta decadencia enmarcada en un presente a eternizar. Se convierte ante nuestros ojos en una experiencia audiovisual bizarra por momentos, desconcertante en el plano auditivo al que lo acertado de lo visual se encarga de equilibrar con esa gama de rojos a los que tanto recurre en su filmografía Serra, los azules eléctricos y una iluminación teatral que provoca una atmósfera física, palpable. Espesa por instantes, magnética en su conjunto.
Ingrid Caven pasa por distintas fases emocionales durante la actuación. Se abre, se rompe, como termina tumbada en el suelo ante una cámara testigo que la plasma en primeros planos, en planos más abiertos de espaldas con un vestido de corte en uve negro sobre una pared rojo oscuro, creando la imagen más impactante del largometraje. La música antiacadémica y vanguardista de los Molforts envuelve la voz de la artista conformando un producto libre, radical, experimental y hasta anárquico. Características inherentes al cine a contracorriente de Albert Serra, que no oculta su pasión por la artista y mito viviente Ingrid Caven.

TÍTULO ORIGINAL: Seize moments de ma vie. AÑO: 2026. DIRECCIÓN: Albert Serra. PAÍS: Francia-España. DURACIÓN: 85 min. GÉNERO: Documental. PRODUCCIÓN: Andergraun Films, Idéale Audience Group, Weltfilm Gmbh. INTÉRPRETES: Ingrid Caven, Ferran Font, Enric Juncà, Joe Robinson, Marc Verdaguer. MONTAJE: Clément Pinteaux, Albert Serra. MÚSICA: Molforts. FOTOGRAFÍA: Artur Tort.