“Hay una cosa muy bonita del cine que es la oscuridad y el hecho de que tú te ríes con desconocidos, que no sabes si son hombres, mujeres, jóvenes o mayores. De qué clase social, de qué raza son, es la humanidad compartida. Tú en la oscuridad estás emocionándote a la vez que personas con las que no sabes lo que compartes, una humanidad que hace que todos nos riamos de lo mismo, nos emocionemos. Esto es algo importante que yo creo que hay que luchar porque se mantenga.”
Arantxa Aguirre Carballeira (12-02-2026 Instituto de España)
La filosofía está presente en nuestras vidas de manera permanente; Jesús García Cívico modela en su propuesta ensayística la relación de esta con el cine. Diversas son las maneras de hacer filosofía, de formularla. Desde una propuesta personal, sentimos cómo el autor habla de sí mismo y de los demás.
El cine es un arte que está en comunión ininterrumpida con nuestras emociones; su conocimiento requiere de grandes dosis de cultura y mucho tiempo de introspección y reflexión. Dotado de un lenguaje propio, utiliza la técnica; su visión subjetiva lo convierte en un arte personal.
Múltiples campos del conocimiento y el saber, junto a las capacidades de los realizadores, dan lugar a lo que finalmente llamamos películas. Podemos pensar que el cine es un mediador entre el espectador y el mundo. Nos pone en ruta para conocer otras personas, otros países y otras épocas. Es difícil creer que, más allá de quien no lo conoce, exista alguien que escape a su influencia.

El libro “Cinematografía del espíritu” nos acerca al cine desde la filosofía o, al revés, desde el cine nos aproximamos a la filosofía. Es más, yo diría que hay una parte didáctica, más allá de lo informativo, que nos enseña a pensar el cine desde los conceptos morales y éticos; al igual nos descubre las servidumbres que el cine le debe a la filosofía. Muchas son las cuestiones que nos va a plantear el libro, a la par que frente a ellas dará argumentos que nos convenzan en mayor o menor medida. Me interesa mucho la disyuntiva que sugiere, cómo establecer distancia entre el cine moral —entendiendo por el mismo aquel que promueve valores humanos, éticos y sociales que busca influencia formativa en el espectador— y el cine socialmente nocivo, considerando tal como aquel que críticos, sociólogos, gobiernos o grupos civiles generan impactos negativos en la sociedad. Partiendo de esto, podemos llegar a pensar que el cine puede deformar. Por otra parte, el cine también se utiliza como instrumento al emplear lo malvado, lo desagradable, lo no bello y lo falto de luz. Los valores son dinámicos y nada mejor que la historia del cine para contárnoslo. En su relación con la filosofía, se llega a la conclusión de que el cine puede explicar conceptos importantes que llegan a simplificar la realidad.
En el transcurrir de las páginas, afrontaremos a Hume con sus siguientes palabras: “La noción de moral implica un sentimiento común a toda la humanidad que recomienda el mismo objeto a la aprobación general y hace que todos los hombres, o la mayoría, coincidan en la misma opinión.” La moral es autónoma y nos da normas para uno mismo; la ética es heterónoma y, por consiguiente, son normas de los otros.

Las películas incluyen productos de consumo en los guiones, decorados o cuando supervisan ideologías, ¿podríamos considerar esto éticamente correcto? Si el cine porta unas capacidades para cambiar a los espectadores, ¿por qué no se presta atención moral, ética e incluso jurídica a ello? A cuestiones tan importantes como estas va dando respuestas Jesús García Cívico página tras página y lo hace con ejemplos de películas de todo calado de la historia del cine, contribuyendo con ello a la formación y conocimiento de títulos que el espectador atento va a referenciar en su mente o adjuntar a nuevos visionados futuros, con la particularidad de trasladarse por las cinematografías de todos los continentes.
El recorrido por los conceptos morales con ejemplos de películas que ayudan a interpretarlos y pensarlos, ampliando y clarificando posibles dudas ante determinadas situaciones.
Un paseo por lo moral en sus diversos ámbitos, cada uno dedicado a una parte imprescindible. Haremos un largo y fructífero paseo por múltiples apartados por donde ética y moral se nos hacen presentes en diversos títulos. De manera caprichosa me detengo en aquel epígrafe que el autor denomina cuatro tipos de moral: la moral individual, la moral de un grupo, la moral social y la moral religiosa. Menciones de grandes películas acompañan a estos apartados. La moral individual referida a través del personaje de James McKay en “Horizontes de grandeza” de William Wyler (1958), quien actúa por mandatos de origen y presión; la moral de grupo significada por “La anguila” de Shohei Imamura (1997), una pequeña comunidad de personajes marginales que acaban por constituir un pequeño mundo solidario; la moral social representada por “Solo el cielo lo sabe” de Douglas Sirk (1955) con la presión que soporta la sacrificada viuda por parte de sus hijos y de la comunidad en la que vive; la moral religiosa y la censura norteamericana a la película de Rosellini “El milagro” (1948), un mediometraje en el que una sencilla campesina afirma que el hijo que va a tener es Jesucristo.
En este estudiado recorrido se nos lanza una reflexión que nos comparte la relación que existe entre la moral y el montaje. Si reconstruimos hechos para trazar significados y colocar las cosas con sentido, esto se parecería mucho al montaje cinematográfico. El cine nos enseña valores siempre que los valores sean enseñables, y las películas son herramientas fundamentales para hacerlo.

En otro de los apartados que constan en el libro “Cinematografía del espíritu”, se nos habla del ethos (conjunto de rasgos, hábitos y modos de comportamiento que forman el carácter o la identidad de una persona, un grupo o una cultura). Trascendiendo la individualidad de lo moral, se llega a las obligaciones éticas. Una serie de interconexiones trasuntan por la filosofía; las películas van completando un amplio mapa en torno a los conceptos éticos, paseándose por el esfuerzo, el mérito individual, los deterioros éticos, el mimetismo del cine, las impurezas de la virtud, los ojos de las prostitutas buenas, la ética contraproducente, como responsabilidad, la corrupción del ciudadano común, la ciudadanía virtuosa, la ética del cine y el mal absoluto, la dignidad, la necrofilia, etc.
El autor dedica un apartado que sitúa en lo que denomina tercera esfera normativa.Ius(derecho, o lo justo en latín), y nos lanza los siguientes comentarios: “…el derecho es algo distinto a la justicia, porque no existe una conexión necesaria entre el derecho y la moral, por qué las decisiones judiciales no constituyen una ciencia y qué relación guarda el derecho con la filosofía práctica y con la cultura”. Nos lo aclara a través de excelentes películas que se pasean por el derecho como medio para lograr fines, el derecho como argumentación, la cultura jurídica en sentido antropológico, etc.
García Cívico nos plantea: ¿Qué hace el cine con nosotros en sentido moral? Y advierte que, entre otras cosas que el cine enseña, nos forma y hace que nos cuestionemos nuestras convicciones en lo relativo a lo justo. Muestra valores. Proporciona conocimiento sobre las relaciones sociales. Nos brinda lo local con aires universales. Las personas sencillas en ocasiones le ganan la partida a la asfixia del grupo social. Nos alerta de la influencia del poder financiero frente al político. Evidencia la náusea del poder del fuerte frente al débil y detenta una dimensión socializadora que deja huella en nuestra manera de ver y estar en el mundo.
