Seminci 2019

Decía Billy Wilder:

“Si quieres decir la verdad, sé divertido o te matarán».

Espectáculo y farsa. Es bien sabido que los norteamericanos convierten todo lo que tocan en show, en negocio, algo que vender y, por lo tanto, entretener, algo con lo que dejar al cliente satisfecho, distraído.

Si aceptamos esta premisa como definición del cine más fácil y comercial llegamos a una pregunta crucial:

¿Qué es el cine de autor?

¿Cuál es el criterio para designar tal adjetivo?

¿Seminci y Cine de autor son un pleonasmo?

El cine puede ser escapar. Huir. Romper el tiempo. ¡Que pare esto! Buscar un agujero. Una salida. Una ranura, un estrecho. Una grieta. Una abertura, una voladura. Nuestra vida es tiempo. Y el cine también. Tiempo encapsulado.

Nuestro cerebro entiende el tiempo como una línea extendida que no para, que nos lleva directos a la muerte. El tiempo es vejez, podredumbre, desguace, hundimiento, la desaparición del yo, la aniquilación del ser, el fin de todo.

Puedes ser estoico, ascético o resignarte. Volverte religioso. Aceptarlo. O no pensar. Evadirte. Aturdirte. Atontarte. Amoldarte. Aislarte. Volver a los instintos más puros y animales. Seguir la corriente. Juntarte con la muchedumbre. Ser uno más con la mayoritaria corriente. Tener una familia, un trabajo. Ser próspero, ayudar al prójimo. Ser eficiente. Feliz. Constante. Voluntarioso. Superviviente. Generoso. Esforzado. Moderado. Templado. Firme. Tener un objetivo. Intentarlo.

También puedes buscar salidas, escapatorias.

Toda cárcel tiene su fuga.

El arte es lucha y luz. Expone el problema. Cuando es bueno resalta la inmensa belleza de esa segura derrota, de ese anhelo desesperado y fracasado de detener el tiempo.

El cine es un arte puramente temporal. Una pausa de la realidad. La gran escapada.

El cine crea remedios. Remedios enfermos. Efímeros. No duraderos.

Pero ¿y si pudiéramos utilizar esos remedios, ese artefacto, para introducirnos en la pantalla y desaparecer sin dejar huella? Comidos, devorados, succionados por ese instrumento, por ese pequeño trampantojo.

Todas estas emociones tan intensas que nos provoca el buen cine nos han abandonado en esta edición de la Seminci. Ha sido esta una edición sin riesgo, sin alma, con algunas películas realmente impropias de un festival que se toma en serio esto “del cine de autor”.

Llevamos ya varios años que el nivel de la Sección Oficial no es lo que era. Recordemos que en esta ciudad descubrimos a Egoyan y a los Dardenne, Ken Loach siempre elegía Valladolid para “estrenar” sus películas en España, en tiempos no tan lejanos mucha parte de la prensa que cubría el festival se quejaba de que Ken Loach hacía siempre la misma película, hoy y siempre yo echare de menos su cine en Valladolid.

Desde que Angulo tiene las “manos libres” tenemos…

…Cine y Vino.

Se conceden espigas de Oro a bodegueros de renombre, muchos de los cuales son grandes patrocinadores del festival. ¿Será casualidad tal devoción por el cine en el mundo del “vino de autor”?

Después de asistir y participar en varias catas a ciegas con algún que otro dueño de las mencionadas bodegas, puedo afirmar que en más de una ocasión no podían distinguir ni sus propios vinos. Suponemos entonces que su criterio a la hora de valorar el buen cine será como mínimo igual de eficiente.

La Seminci en estos momentos no tiene un perfil definido o eso creemos nosotros.

O quizá estemos equivocados y el perfil si que este definido…

Es bastante probable que todo esto sea también una consecuencia de los tiempos que vivimos.

Quizá sea esa también la opción elegida. Transformar el apocalipsis económico que puede suponer gastar casi un millón de euros en un festival de cine en una enorme y grandiosa broma, en un truco ligero y cachondo, en la representación de una tomadura de pelo. La realidad siempre es mucho peor de lo que imaginamos, por supuesto es mucho peor de lo que nos vienen a decir todos los días los voceros (los publicistas como el Norte de Castilla entre ellos).

La Seminci parece navegar sin control ni dirección. Solo impunidad e incredulidad ante el tamaño del saqueo. Se llega a un punto en el que hasta los mentirosos se creen sus propias mentiras y ya nadie entiende nada. La diferencia es que unos tienen red y otros quedarán a la intemperie.

Ahora hablemos de cine.

IMAGEN ICÓNICA DEL FESTIVAL

La película Öndög (Huevo de dinosaurio), producción de Mongolia del realizador chino Wang Quan’an, ganó este año la Espiga de Oro de la 64 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Al máximo galardón hay que sumar el premio a la mejor dirección de fotografía, de la que es responsable Aymerick Pilarski. Öndög es el séptimo largometraje del director, considerado como uno de los directores y guionistas más importantes e influyentes en el mercado cinematográfico chino.

En Öngög, el realizador Wang Quan’an, plantea la historia del hallazgo del cadáver de una mujer en medio de la pradera. Los policías que acuden a la llamada deciden que el más joven de ellos, casi un adolescente, vigile el escenario durante la fría y desoladora noche, y establece una peculiar relación con una pastora local, que ha sido enviada hasta el lugar para ayudarlo a mantener alejados a los lobos del cuerpo y acompañarlo a lo largo de esa noche.

Si este director es como dicen uno de los más importantes directores chinos de la última generación, como serán los peores…

Película bastante mediocre la que ha ganado esta edición. La excusa inicial del descubrimiento del cadáver es uno de los peores “MacGuffin” que recuerdo haber visto en una sala de cine, llega incluso a ser insultante. El supuesto retrato de una mujer fuerte que se jacta de no necesitar a ningún hombre se diluye como un azucarillo cuando la película va avanzando, hasta llegar a un desenlace en el que dicha mujer fuerte y “liberada” se ve realizada y feliz al quedarse embarazada. ¿Por qué nos empeñamos los hombres (me incluyo en la pregunta) en retratar el universo femenino sin tener ni la más mínima idea de lo que hablamos?. Disparate.

A vida invisível de Eurídice Gusmão, ha sido la galardonada con la Espiga de plata y también con el premio a la mejor actriz para sus dos protagonistas, Carol Duarte y Julia Stockler, el film está ambientado en el Río de Janeiro de 1950 y trata sobre la conservadora casa de la familia portuguesa Gusmão, en la que Eurídice, de 18 años, y Guida, de 20, son dos inseparables hermanas que se procuran un espacio seguro para sus esperanzas y aspiraciones. Mientras Guida tiene en su hermana pequeña una fiel confidente de sus aventuras románticas, Eurídice encuentra en su enérgica hermana mayor el aliento que necesita para perseguir su sueño de convertirse en pianista profesional. Película anodina pero que también se lleva uno de los premios gordos del festival.

PUNTO DE ENCUENTRO

El Jurado de la sección Punto de Encuentro ha otorgado el premio al Mejor Largometraje a O fim do mundo (El fin delmundo), de Basil Da Cunha (Suiza). El premio al Mejor Cortometraje Extranjero ha sido para Stay Awake, Be Ready (Permaneced despiertos, estad preparados), producción de Vietnam, Corea del Sur y Estados Unidos que dirige Pham.

Esta sección sigue siendo un auténtico misterio para el que escribe esto…

TIEMPO DE HISTORIA

El Primer Premio de la sección documental Tiempo de Historia ha sido para el largometraje The Cave, de Feras Fayyad (Siria/Dinamarca/Alemania), mientras que el Segundo Premio ha ido a parar a Colectiv, de Alexander Nanau (Rumania/Luxemburgo).

Estos dos documentales los pude recuperar el último día y junto al resto de la sección que ha cubierto mi compañero Fernando Rodríguez son sin duda lo más destacado de esta edición en las secciones a concurso.

Dos grandes documentales muy bien rodados y dirigidos, devastadores ambos en sus respectivas propuestas de denuncia. Brillantes.

Y por último, como todos los años reseñar lo mejor que he visto en el festival:

Buñuel en el laberinto de las tortugas de Salvador Simo Busom.

Maravillosa película y maravilloso homenaje a Ramón Acín.

Acín destacado miembro de la CNT era un gran amigo de Luis Buñuel al que conoció en un viaje que hizo a París.

Buñuel después del escándalo que supuso el estreno de “La Edad de oro” se encontraba con que las puertas del cine se habían cerrado para él en Paris. Frustrado vuelve a España a visitar a su amigo Ramón Acín y, medio broma medio en serio, Acín le promete que si le toca la lotería le produce el documental sobre Las Hurdes.

A los pocos meses le toca la lotería de Navidad.

El resto de la historia nos la cuenta Salvador en esta joya del cine español.

Diego Rodríguez

Un comentario

  1. Soy pucelano y confieso que mi relación con la Seminci, excepto un par de ediciones en las que participé como jurado, siempre ha sido tangencial. Creo que no se puede plasmar mejor que lo hace Diego, mi sentimiento respecto a la involución de este evento, patrimonio cultural de Valladolid. Si acaso, me atrevo a proponer algunos cambios en los nombres de las secciones, para que vayan más acorde a lo que han convertido nuestra querida ciudad…allá van…Punto de gorroneo, Tiempo de postureo…la sección oficial podría denominarse Darse tono o Tirarse el pisto. Ya puestos, propongo que en vez de la emblemática espiga, se entregue el Pincho de Oro…y, qué cojones, cambiemos también el nombre a la ciudad de una vez, que nos lo hemos ganado a pulso: Valladolid? No señores, Catetolandia

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