American Psycho o cómo Patrick Bateman sólo quiere que le amen

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Cuando empiezas a leer American Psycho de Bret Easton Ellis no sabes en lo que te estás metiendo. Irremediablemente te cautiva su sutileza y te preguntas: ¿cómo un libro tan crudo y gore puede ser tan sutil?

Una de las cosas que más me han cautivado de este genial libro es la delicadeza en que el autor desenvuelve casi sin darnos cuenta la locura, casi transitoria (o que esconde), de este antihéroe maravilloso que muy a tu pesar acabarás por compadecer. La mente de Patrick Bateman se nos va abriendo poco a poco, primero con destellos irreales, que no vemos, que son simples pensamientos o incluso quizás bromas macabras. Pero poco a poco, la locura del protagonista te engancha y te hace correr como si de una rueda de hámster (o rata, quizá sería más adecuado) se tratara. Su locura ya es tu locura, porque el autor lo ha hecho tan bien, nos ha introducido en su mente de una forma tan extraordinaria y sibilina que lo único que podemos hacer es continuar leyendo, continuar la locura con el fin de saber cómo acabaremos, sí, en plural: Bateman y yo.

Se debe destacar, sin duda alguna, las diferentes capas de locura que Bret Easton Ellis va desovillando lentamente casi de forma errática durante el libro. No hay ningún tipo de meta, no hay ningún tipo de presentación ni nudo ni desenlace, sólo existen momentos en la vida de Patrick Bateman, momentos en los que se pasa de hablar de Genesis a matar a un niño, de devolver unas cintas de video a una violación, de ir a un gimnasio carísimo y exclusivo a quizás un poco de canibalismo. Sin filtro, sin evidencia clara de que eso que está pasando es real o no, sin juicio ni moral, eso se deja para el lector. Esta locura es tan impactante que en momentos se podría tildar de esquizofrenia, nos hace dudar si eso está pasando de verdad, incluso Ellis en alguna de sus múltiples entrevistas no sabría decir qué crímenes son reales y cuáles no. Para Bateman lo son todos y eso es suficiente.

Bret Easton Ellis nos critica de una forma brutal la sociedad yuppie de finales de los años 80 y principios de los 90. Jóvenes muy ricos, muy narcisistas y muy pero que muy competitivos. A la hora de vestir, de cenar, decorar sus casas: quien tiene más y compra más caro es Superior. Aquí se nos presenta un Patrick patético, arrastrado, enjaulado en su piso de diseño que acabará siendo la casa de los horrores. Un Patrick que se cree superior a todo y a todos y Ellis nos lo muestra brillantemente con capítulos dedicados completa y exclusivamente a la música que el protagonista cree mejor.

Se nos enseña un Patrick triste y asqueado del que nos reímos, del que nos compadecemos pero que a la vez tememos. Un Patrick perfectamente integrado en una sociedad igual de enferma que él. En mi opinión, la sociedad que se nos presenta, esta sociedad del culto a quién tiene más y mejor, a la envidia corrosiva, a los amigos que no son amigos y son tiburones al acecho, de marcas y narcisismo, es igual de horrible y macabra que los asesinatos y la forma en que se dan.

Pero aparte de ser un libro que ya de por sí incita a la exclusión y a la crítica negativa tenemos que hacer hincapié en la crítica titánica y en la sutileza del gore más gore, ya que está en tu cabeza y eso hace que sea mucho peor de lo que puedas ver alguna vez en pantalla.

Si nos fijamos bien, él sólo quiere que le amen ya que las únicas personas a las que decide no asesinar son las personas que tienen algún tipo de amor por él. Las perdona, las salva y quizás en este pequeño agujero egocéntrico y narcisista exista, aunque sea muy remota, la redención de alguna pequeña, muy muy muy pequeña, parte de su alma.

Tànit Villamartin Espert

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