Frente al tono feminista de Ibsen en Casa de Muñecas, el que emplea Strindberg en La Señorita Julia puede calificarse como misógino y no resulta extraño, ya que él mantenía la firme convicción de que la mujer aniquilaba al hombre. Ingmar Bergman, que llevó a escena sus obras de teatro en multitud de ocasiones, afirmaba haber amado y odiado a Strindberg, sin que eso fuera suficiente para deshacerse de él.

No es extraño que vuelva a detenerme en una obra de Williams. Todas ellas rezuman humanidad, ofreciendo al lector (o espectador de teatro) un cóctel de frustraciones y pasiones contenidas entre sudor, latido y sacudida. «Verano y Humo» se escribió en Roma y fue puesta en escena en el Music Bor Theatre de Nueva York…