Lo que separa profundamente a Rosenzweig de Schmitt es lo más teológico de su teología política. Me refiero a las consecuencias absolutas que el primero obtiene del desmentido de lo histórico. Esto hace que su tesis doctoral nazca tardía, muerta. De tal manera que la celebración hegeliana será también un rito fúnebre, pues pocas veces ha sido tan significativo el lapso temporal trascurrido entre el inicio y el término de una investigación académica. Pero también, a la vez, habría que apuntar a su resistencia o reincidencia en lo judío. Pues bien es en ese contexto en el que tendríamos que plantearnos lo enigmático del título que propongo para mi reseña. Y que ya se ve que tiene que ver con la simbología, con una política del símbolo. Para ser más precisos con una simbología judía de lo político.

Puede que ningún objeto doméstico sea capaz de concentrar tanta ansiedad como un álbum fotográfico. ¿Seremos los mismos que entonces creíamos ser? ¿Habrá sido clemente el paso del tiempo con nuestros hábitos, nuestro vestuario o nuestras muecas infantiles? Pero por otro lado, el álbum de fotos es un resto de esa comodidad pequeño burguesa, siempre…