Lo que hace especial a “Poeta en Madrid” es la hondura de su contenido, la desnudez del que escribe sin cortapisas, la metaliteratura y ese universo sublime –a veces, inaccesible- del arte y sus manifestaciones. En ciertos momentos, incluso, se tiene la sensación de que las nueve musas viven en sus páginas. Calíope, con su elocuencia, seguida de Clío y su memoria, junto a la cítara de Erató y Euterpe, con su cabeza coronada de flores; mientras, Melpómene, Polimnia, Talía y Terpsícore intercambian guirnaldas y caretas, al tiempo que Urania sujeta entre sus manos el orbe.

Escribe Pierre Boutang, en un pequeño ensayo sobre Supervielle: «el verdadero, pleno lenguaje, es el de la poesía»[1]BOUTANG, Pierre. 1952. «Oublieuse mémoire de Jules Supervielle», en Les Abeilles de Delphes. Paris: La Table Ronde, p. 280. De hecho, si existe una función humilde en el lenguaje es la comunicación, como función elevada en la que…