Aún obran una magia efímera cuando algún lector abre las tapas de un libro impreso en papel para saciar su curiosidad. Una mera anécdota en el devenir de la Optimización, que comenzó ―como suele suceder― con los débiles y los estrafalarios. Primero desaparecieron la elle siamesa y la che que tanto abultaba. La ignorancia silenció la hache muda y prosiguió con un genocidio de familias endogámicas: bes y uves, ges y jotas. Llovieron las tildes dejando las vocales calvas. Y es que simplemente con las cinco podemos expresar los conceptos básicos. Gracias a eso pudimos deshacernos de nuestros complicados órganos de fonación. Y los más selectos seguimos evolucionando. Un brazo, una pierna, un ojo; nada más necesitamos para la eficiencia del ser humano.
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