Plantando cara al escenario

Fuente: Recuento 2018 MYM

El viernes 3 de mayo dará pistoletazo de salida el primero de los grandes festivales del año: el Warm Up Festival. Un evento que se define a así mismo como algo más que un festival al uso, sacando pecho de su programación cultural más allá de los escenarios, parece no haberse puesto las pilas todavía en algo tan elemental como la presencia de mujeres en su cartel.

Según MYM (Mujeres Y Música) estos eran los datos provisionales con respecto a la programación de 2018. Donde las mujeres en este festival lograron un 12% de presencia.

En el cartel de este 2019 la desigualdad vuelve a ser la reina de los escenarios del Warm Up. Si comprobamos la representación por días, el viernes 4, subirán al escenario 45 hombres y 11 mujeres. A lo largo del sábado continúa la tendencia y serán 64 frente a 15 mujeres. Pero bueno, diréis, tampoco es para tomárselo tan a la tremenda, cuando en 2017 solo un 15 % de lxs artistas que actuaron en los principales festivales de música españoles eran o incluyeron mujeres.

Como una imagen más de mil palabras ahí va la traducción visual.

Cartel completo:

Así quedaría el cartel si solo actuasen mujeres y grupos mixtos:

Y así si solo actuasen mujeres:

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Sabemos de sobra que estas situaciones no se dan por generación espontánea, sino que la herencia heteropatriarcal (y racista) es la que perpetúa este tipo de carteles en el que más de la mitad de la población no está representada.

Son muchas las mujeres que están trabajando en el campo de la industria musical, denunciando estas situaciones, las compas de MYM apuntaban en este artículo a varios factores a tener en cuenta para entender esta situación: referentes, el sesgo machistas, las discográficas y programadorxs culturales. Precisamente en ese mismo artículo J.L. de Vicente recogía otro de los handicaps de estos festivales: la mayor presencia anglosajona y blanca de la programación.

Por supuesto, habrá quien dirá que la música es música y que no hay que estar mirando quién hay detrás de los instrumentos y la voz. ¡Si es que…! Se os ocurren unas cosas a las feministas…

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Pero ¿acaso no son los escenarios también espacio de representación sobre el que merece la pena detenerse a reflexionar? ¿Qué se reproduce en ellos?¿Qué imagen proyectan? ¿Qué muros derriban? ¿Qué fronteras perpetúan? ¿Cuáles visibilizan?

Sobre este mismo tema Leire López Ziluaga escribía en su artículo «tomar (también) el público»[1]Revista Feminista la MadejaTransgresiones nº5, pág. 54. [1] esta reflexión:

El escenario influye en lo que pasa debajo. El tipo de música que está sonando desde el escenario tiene que ver con la actitud de las personas que están escuchando. En un concierto de pop blandito (probablemente) no veremos pogos de machotes, pero (otra vez probablemente) rondarán por allí sensibles machos indies. ¿Quieres decir que hay estilos más machistas que otros? No, sino que en algunos de ellos las actitudes machistas se toman como parte performativa del mismo. Podríamos cuestionarnos qué partes de las actitudes machistas que tenemos son parte dela performatividad del estilo musical y cuáles son parte de la cultura machista en la que vivimos.

Si bien determinadas demandas feministas parecen irse colando (muy poco a poco) en el sentido común de la gente. Parece que la representación de las mujeres en los grandes festivales sigue sin estar presente en el sentido común para las personas que se encargan de la programación de estos eventos.

Puede hacerse mucho más para no invisibilizar el talento de las mujeres y en este sentido al Warm Up le queda todavía mucho trabajo por hacer.

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Para algunxs éste será un tema complejo y no exento de polémica. Pero lo que sí está claro, es sea cual sea nuestro rol: público, promotoras culturales, músicas… podemos tomar conciencia y posicionarnos públicamente sobre estas desigualdades para ir consiguiendo unos escenarios tan diversos como nuestra sociedad.

Atendiendo a que cierta progresía neoliberal ha (mal)entendido que basta con poner mujeres en determinadas actividades. Eso sí, entre flores y un muy descontextualizado girl power que tiene más que ver con una exaltación del consumo que con una demanda feminista realmente poderosa. El capitalismo intenta absorberlo todo y devolvérnoslo neutro, listo para vender, ojo, también nuestras luchas.

Claro que si hablamos de festivales que ni siquiera son feministas incorporar estas demandas es todavía más complicado. De ahí tal vez la necesidad de seguir insistiendo y denunciado que aquí también queremos lo que vimos el pasado 8 de marzo. Un montón de gente comprometida con los feminismos desde diferentes lugares, desde diferentes luchas. Si los escenarios proyectan desigualdad, es desigualdad con lo que volvemos a casa.


Plantilla de CoreTres

Referencias   [ + ]

Irene Bebop

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