Dos días, una noche (Deux jours, une nuit)

Cuando alguien dice que cobrar 1000 euros es malo para la economía.

Hay en “Deus Jours, Une Nuit” (2014), la espléndida película de los hermanos Dardenne, un plano secuencia absolutamente demoledor en el que la protagonista (maravillosa Marion Cotillard), intenta con la única arma del compañerismo y la solidaridad de clase que sus compañeros de “curre” decidan en asamblea “perder” un plus de productividad de1000 euros a cambio de no despedirla.

Sus compañeros no son “malas personas”, algunos necesitan el “bono” para pagar facturas atrasadas, para medicinas, etc…

A algunos les convence, a otros no…

En este plano secuencia un, muy joven, trabajador se derrumba llorando, la vergüenza que siente por no haber apoyado antes a su compañera de curro le supera.

Y es en ese momento cuando yo también rompo a llorar.

Lloro de manera desconsolada preocupado por mi futuro laboral, lloro en silencio sin saber qué me deparará el futuro, lloro por toda mi experiencia laboral, lloro por los ladridos en el trabajo.

Lloro por los putos dolores musculares al levantarme después de trabajar 10 hora un Sábado, ¿la tendinitis crónica en el puto dedo después de 25 años trabajando de pie se podría considerar enfermedad laboral?

Todos los días al levantarme e ir al curro empujo.

Empujo sin fin. Me gano la vida, o no…lo que hago es ganar dinero, pero tampoco es eso…lo que hago es vender mi fuerza de trabajo. Eso es, ¡justo eso!

Esa fuerza de trabajo para los señores del banco de España no vale mil euros. Mi fuerza de trabajo, para los “señoros” del Banco de España, no vale ni siquiera 950 euros. Para “ellos” (los famosos “ellos” de H. G. Oesterheld) mi sueldo no es bueno para la economía.

Intento no pensar en qué es bueno para la economía cuando trabajo. En realidad cuando trabajo intento no pensar, bastante tengo con intentar dormir bien. Dormir sin despertarme cansado, dormir sin tener esos agobiantes sueños donde me llaman, me reclaman a todas horas:

-Diego ven rápido.

-Diego, cuidado con eso.

-Diego, ¿de quién es este plato?

-Diego, Diego, Diego…

Realmente estos sueños solo me asaltaron durante los primeros diez años, DIEZ PUTOS AÑOS. Después ya todo se relajó.

Después llega el momento de la abulia, de la repetición, del aburrimiento.

En la película de los Dardenne la cámara se mantiene en todo momento a la altura de la mirada de la protagonista. Los contrapicados no existen en la vida real, no somos héroes de Hollywood intentando derrotar al sistema, solo somos personas normales intentando sobrevivir un día más.

Para nosotros, los que trabajamos en el sector servicios, la libertad de los “vivos” la sentimos en nuestros días de descanso, esos días en los que apuramos el momento de ir a la cama, aunque sepamos que mañana pagaremos el exceso de libertad.

Algo curioso del paso de los años en un mismo trabajo manual es que cantas. Canto, tarareo mentalmente, silbo la misma melodía pegadiza que le escucho a mi hermano y, ahora con las mascarillas, incluso se me escapa alguna estrofa:

Yo quiero verte danzar como los cingaros del desierto

Con candelabros encima

O como los Barineses en dias de fiesta

Yo quiero verte danzar come derviche tourne que giran

Sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del catacari

Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza, danza

Y gira todo en torno a la estancia mientres se danza

Y radio tirana transmite mùsica balcànica

Mientras bailarines búlgaros

Es el pasatiempo más bonito que hay y ayuda a que pasen las horas, pienso en las letras olvidadas, pienso en ti.

La película nos narra algo muy cercano para cualquiera que siga en el mercado laboral hoy en día, el sistema actual por fin lo ha conseguido, los trabajadores ya no somos clase obrera, la “clase obrera” ha desaparecido, todos somos o pretendemos ser clase media. La solidaridad con el compañero es cosa del pasado, los sindicatos un estorbo.

Pero …

No sé si habrá un pero.

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