(Des)teñir el azul: «estoy en ello»

Fuimos canciones de Juana Macías

Fuimos Canciones es una de las más recientes comedias románticas de Netflix. Basada en el libro Canciones y Recuerdos de Elísabet Benavent y dirigida por Juana Macías, cuenta la historia de Maca (María Valverde), una madrileña treintañera, que recibe el apoyo de sus mejores amigas, Jimena (Elísabet Casanovas) y Adriana (Susana Abaitúa) frente al menosprecio de la influencer de moda para la que trabaja. Mientras ellas lidian con sus dramas personales, Maca deberá enfrentarse al regreso de Leo (Alex González), el primer amor que le rompió el corazón.

Su principal atractivo no radica en el gran parecido que comparte con Valeria – de la misma escritora y basado en una relación de besties–, sino en el acercamiento a la dualidad contemporánea de la (des)mitificación del amor romántico.

Sobre este fenómeno, Tamara Tenenbaum es un referente provechoso, porque clarifica este concepto: «El amor romántico no es un tipo de amor, es la idea de que las mujeres tienen que privilegiar la elección y búsqueda de un compañero varón frente a cualquier otro vínculo o interés»[1]. En su libro: El fin del amor. Querer y coger en el siglo XXI,  lo contextualiza paradójicamente: «Entrando en la segunda década del siglo XXI, (…) la versión más sacrificial del relato del amor  romántico, (…), ya nos sonaba anticuada, infantil y ajena. Y, sin embargo, la idea de que atraer y conservar a un hombre era más o menos imprescindible para la felicidad de una mujer sobrevivía entre nosotras, renovada y siempre fresca»[2].

Esta contradicción se refleja en el filme a través de una lucha con el pasado, no solo mediante flashbacks como recurso formal, sino también en retrocesos y avances a nivel dramático, que trasmiten la idea de «estar a medio camino». Esta sensación se traslada ahora a la (des)mitificación, pero se refiere originalmente a cómo estas chicas lidian en el presente con sus «fantasmas» particulares.

Por la mala experiencia con Leo, ahora Maca rechaza los compromisos emocionales, hasta que una canción, por ejemplo, desata los recuerdos de su etapa esmaltada en azul; Adriana cree (…) en el amor por encima de todo, creo en Julián y en el Libro de Familia, en las comidas los domingos con mi suegra, en los aniversarios de boda y es que creo muchísimo en nuestra hipoteca[3]. Aunque sus propias palabras la describen como el modelo clásico del concepto antes definido, realmente todas sus creencias se tambalean ante la solución para el sexo monótono; Jimena no está muy lejos de ese paradigma, pero sus motivaciones son mucho más «espirituales». Ella transgrede el voto de «hasta que la muerte los separe» por fanatizarse con la reencarnación de su pareja, pero en su persecución termina encontrándose a sí misma.

Jimena se define en torno a la búsqueda de un hombre de carne y hueso, pero realmente no es más que una sombra del subconsciente y un ideal sacro de sus expectativas. Centraliza su pensamiento en el regreso de Santi –sí, porque para redondear la metáfora de amor/fanatismo religioso el chico tiene diminutivo de santo como alias–.La devoción, la espera y el deseo de que «se haga carne» es lo que aporta sentido a su vida. Una vez que llega –falseado por sus amigas– la misión acaba ante su autodescubrimiento como una persona distinta a la que comenzó el «camino de Santiago». El final resulta una suerte de epifanía que la exorciza de su amor romántico, con el que había mimetizado sus gustos e intereses y había desplazado no solo vínculos sanos con otros hombres, sino una relación consigo misma.

Sin embargo, ser sincera con una, para evitar caer en el mito, es algo de lo que Adriana también carece. Al principio del filme, su idea de la vida en pareja no puede ser más estereotipada, y por tanto, se enfrenta a uno de los problemas más comunes de la monogamia: «cómo sobrellevar el peso de la rutina»[4], en este caso, en el sexo.

Aunque la solución pareció ser el ménage à trois, para Adriana realmente significó el principio del fin de su matrimonio. El camino que transita para asumir su gusto y deseo por otra chica, Tenenbaum lo diagnostica como: «lo percibimos como algo que nos pasa, un accidente que nos atraviesa, pero tenemos que responsabilizarnos por él»[5]. A pesar de un periodo de (auto)engaño, Adriana termina apostando por otra relación de mayores satisfacciones, que no sabemos si afectivas o puramente sexuales, pero definitivamente más reales que su monogamia hipócrita.

Este proceso de centralización a favor propio, Maca también lo experimenta. «Si esto fuera una película romántica (…)»[6] no es solo una de las frases para romper la cuarta pared, sino un método de autoconsciencia sobre la mitificación del amor romántico en el cine. Esa comprensión es lo que opone resistencia al príncipe –¿uñero?– azul y busca romper con estereotipos como el desayuno en la cama, la camisa masculina de cubretodo y belleza de recién levantada. Con todo, es una postura que flaquea, sobre todo al final, cuando se plantea dejar su propuesta de trabajo, por obtener el  «vivieron felices» y «desayunemos cada mañana en este balcón»[7].

Sin embargo, el enfrentamiento al Leo del pasado, le permite comprender sus motivos y tomar mejores decisiones para ambos en el presente. Por tanto, la renuncia de Maca al amor por aspiraciones profesionales no cuenta con el engaño como intermediario ni con la huida como verdugo. Significa priorizarse, y desmentir como acción feminista la repetición vengativa de una masculinidad hegemónica que Tenenbaum resume como: «yo controlándolo todo, mintiéndoles a los demás, usándolos como piezas de ajedrez»[8].

Fuimos Canciones trabaja el amor romántico de Tenenbaum como parte de un pasado con el que se lucha para privilegiar el happily ever after por y con una misma. Sin embargo, es difícil desgajarse completamente y centralizarse en otras relaciones, como la amistad o el trabajo. Por tanto, se plantea dicha (des)mitificación como un proceso, un stand by que no termina de precisarse, pero ya «he dicho que estoy en ello, ¿vale?»[9]

 

Bibliografía[10]

Macías, Juana, dir. Fuimos canciones. 29 de septiembre de 2021.https://www.netflix.com.

Tenenbaum, Tamara. El fin del amor. Querer y cogeren el siglo XXI. Buenos Aires: Editorial Ariel, 2019.

«“La monogamia es una ficción; cada uno la sostiene como puede”»,entrevista por Denisse Legrand, 3 de agosto de 2019, http://www.ladiaria.com.uy.


[1]Denisse Legrand, «Tamara Tenenbaum: “La monogamia es una ficción; cada uno la sostiene como puede”», Periódico la diaria feminismos (Montevideo, 3 de agosto de 2019), http://www.ladiaria.com.uy.

[2] Tamara Tenenbaum, El fin del amor. Querer y coger en el siglo XXI (Buenos Aires, Ariel, 2019), 35.

[3]Fuimos Canciones, dirigida por Juana Macías, septiembre de 2021, https://www.netflix.com, 1min20seg.

[4]Tamara Tenenbaum, El fin del amor. Querer y coger en el siglo XXI (Buenos Aires, Ariel, 2019), 40.

[5]Ibíd.,60.

[6]Fuimos Canciones, dirigida por Juana Macías, 1h13min.

[7]Ibíd.,1h37min.

[8]Tamara Tenenbaum, El fin del amor, 62.

[9]Fuimos Canciones, 4min53seg.

[10] Norma utilizada: Chicago (decimosexta edición)

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