En su casa, rodeado de libros y de una estupenda colección de máquinas de escribir, el conocido escritor teclea un nuevo caso para el perspicaz detective. Los personajes, a la hora del crimen, se encontraban en distintos lugares de la casa. Alicia estaba en el salón hablando por teléfono, Bruno nadaba en la piscina, Valeria preparaba un pastel en la cocina y Borja elegía un vino en la bodega. La victima estaba a solas con el asesino. Para de escribir y mira a Roberto sentado en el sillón, estrangulado.
