Se dice que el sultán Shahriar llegó a decapitar a tres mil jóvenes, inmediatamente después de casarse con ellas. Lo hacía por venganza, debido al agravio sufrido con su primera esposa, que lo engañó. La única que pudo romper esa maldición fue la hija de su visir, a quien todos llamaban Scheherezade, y su secreto fue saber narrar historias. Cada noche, conseguía mantenerlo despierto con la excusa de un nuevo cuento y la promesa de continuar con estos a la madrugada siguiente, encadenando uno con otro, manteniéndose con vida y enamorando, poco a poco, al rey. En “Las mil y una noches” concurren todos estos relatos –enmarcados o independientes-, mezclando personajes, argumentos y variadas formas de literatura, que nos transportan a puntos lejanos y a situaciones complejas. Esta suerte de viaje es fruto de la destreza de una narradora que no se ciñe estrictamente a lo histórico o real, sino que conjuga a la perfección otros elementos, como lo ficticio, lo sobrenatural e, incluso, lo personal. De tal modo, las capas se superponen y su textura es rica, turgente y más cautivadora para el lector u oyente.
Teo Fernández Vélez (Córdoba, 1981) es nuestro Scheherezade en “PaTEOs por Córdoba” (Círculo Rojo, 2026), su segundo libro; que reúne una serie de artículos de la columna del mismo nombre, publicada de noviembre de 2017 a marzo de 2025 en el periódico digital “La Voz de Córdoba”. De igual manera y durante años, fue creando y revelando escritos a un público que, sin duda, lo seguía mensualmente, con un interés y una regularidad similares a los del mencionado sultán. También, es un caminante –acompañado siempre de su fiel lazarillo, Sunday- sensible a lo que le rodea y a lo que recuerda, capaz de entrelazar estímulos de muy diversa índole con vivencias propias que dan sentido y profundidad a sus líneas. Parafraseando a Jesús Cabrera Jiménez, “estos textos son una forma nueva de divulgar la historia de la ciudad”[1]FERNÁNDEZ VÉLEZ, Teo. 2026. PaTEOs por Córdoba. Madrid: Círculo Rojo, página 15 y de observarla desde otros rincones, con la cotidianidad del oriundo y la curiosidad del creativo, pasando por la fascinación, el conocimiento y la necesidad de concebir universos paralelos en un enclave evocador en sí mismo. Se trata de la Córdoba vivida y esa es genuina, diferente a todas aquellas que aparecen en las guías y en los buscadores digitales; porque es propia, aunque compartida.
En estas páginas podemos recorrer de su mano muchos lugares emblemáticos, como el teatro romano y su vinculación a Augusto, o la Plaza de las Tendillas y el extendido rumor acerca de la cabeza de la escultura del Gran Capitán que se ubica en ella; así como, sus famosos y reconocidos patios, una peculiar anécdota ligada a estos y el pasillo que da acceso a uno de ellos, digno de Alicia en el país de las maravillas. Del mismo modo, Teo Fernández nos invita a acercarnos a la intensidad de la mirada de María Teresa López, la modelo que escogió Julio Romero de Torres para La chiquita piconera, y de otras mujeres que posaron para sus obras. Sin embargo, también nos conduce por ciertas zonas menos turísticas que componen la esencia de Córdoba, como los barrios de Ciudad Jardín y de Electromecánicas, donde rotondas, peluquerías, pastelerías, tiendas de muebles y videoclubs compaginan vidas, horarios de trabajo y confidencias entre vecinos. ¿Y cómo dejar atrás los Jardines de la Victoria y el Mercado que lleva su nombre, “un microcosmos gastronómico”[2]Ibíd., página 92 donde se encuentran y reencuentran amigos y extraños, residentes y foráneos?
Además, no podemos olvidar la estrecha unión que mantiene el autor con ciertos ámbitos, como son el de las leyendas, el esoterismo, el cine… y Roma; temas que confluyen en un cúmulo que nunca deja de retroalimentarse. La Casa de los Villalones –“la Casa Encantada”- resulta ser el escenario de la extraña desaparición de Blanca, tras la estancia de tres misteriosos viajeros. Y el barrio de Santiago fue testigo de los tejemanejes de brujas y hechiceras, que curaban con oraciones y pócimas males de muy distinta procedencia; don que se heredaba de primogénita a primogénita. Como vemos, lo oculto, todo aquello que no estamos dispuestos a etiquetar como racional, nos produce atracción y rechazo a partes iguales. Tal es el caso de magas, encantamientos y alquimistas; estos últimos, muy presentes entonces y ahora, en los orígenes de la química y la medicina natural. Una mujer: Salma Al Farouki, motor de bellos proyectos en el corazón de la Judería, como Al-Iksir -Museo de la Alquimia-, frecuentado por profesores, médicos y maestros sufíes, entre otros.
Ya podemos hacernos una idea: la Córdoba que aquí vamos a descubrir aglutina elementos dispares, culturas destinadas a coexistir y emociones que acariciarán nuestros pasos.
Sucumbamos a las escenas que nos ofrecen los cines de verano, cuyas cabinas de proyección aún encierran el alma de las películas de treinta y cinco milímetros, mientras Paolo Sorrentino camina por las calles de Nápoles en una noche calurosa, desmesuradamente estrellada, confesándonos que mañana llegará a Roma para rodar un nuevo film que plasme los sitios “en los que hemos besado, bailado, estudiado, amado, crecido, jugado, trabajado, soñado, hecho amigos y tirado las palomitas en el cine”[3]Ibíd., página 201.
Puede que esta reseña sea tan limitada que no logre reproducir el pulso, el ritmo, la atmósfera con que Teo Fernández hila sus cuarenta y cinco artículos, al unísono y en completa armonía, como el cuerpo de un ser que respira y se mueve a partir de conexiones internas. La voz narrativa es tan significativa como el contenido, porque concede la posibilidad de perderse por recovecos y penetrar en la historia más allá de la historia. “Las viéjulas con escóbula del barrio de Santiágulo”, “Il Palazzo di Viana”, “La sinagoga perdida y el sombrero del mago” o “La casa azul y el fin del mundo” serán sólo algunas de las llaves que nos abrirán las puertas de un espacio desconocido, tal y como sucedía cuando Scheherezade susurraba al oído de su sultán las hazañas de “Simbad, el Marino”, “Aladino y la lámpara mágica” y “Alí Babá y los cuarenta ladrones”.
| Título: PaTEOs por Córdoba. Esa ciudad entre la historia y los recuerdos |
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