Toca comenzar el año con novela negra, ya que este enero es menester homenajear a la maestra de este género: the Queen of Crime. Y es que celebramos el cincuentenario de la autora más publicada después de Shakespeare, lo que hace que su obra haya trascendido más allá de la literatura y forme parte de la cultura popular. Son incontables las adaptaciones de sus historias que se han hecho para cine y televisión —muchas de ellas gloriosas— y que aún hoy se siguen haciendo; no hay más que ojear las plataformas de streaming durante este mes para comprobarlo. Es imposible evitar a Agatha Christie. Sería un crimen conseguirlo. Aunque sería preferible dejarse atrapar por alguno de sus libros. Novela negra de verdad y no ese género con nombre cuqui que es una contradictio in adiecto en sí mismo: el cozy crime. El crimen no es ni acogedor ni amable. Y así lo demuestra esta escritora. Pero tampoco ha de ser truculento, oscuro y perturbador. Agatha Christie narra con la elegancia y el buen gusto que merece una buena historia de misterio —igual que hacía Conan Doyle—, evitando el morbo innecesario. Ni hay que exagerar con un culpable que sea pura maldad. Porque lo que hace que los casos de Poirot, Miss Marple o Tommy y Tuppence absorban tan intensamente la atención del lector no es solamente el misterio ideado por la autora; la magia está en cómo se nos van mostrando los pensamientos y el comportamiento de los distintos personajes a medida que aumenta la tensión. Y cuanto más sabemos de los sospechosos y más pruebas se nos van presentando, más nos involucramos en la búsqueda del culpable elaborando nuestras propias teorías. E incido en que no es cuestión de que un ser execrable acapare todo el mal en su persona; son los pensamientos oscuros y la desconfianza los que crean esa atmósfera cada vez más cargada. Ni cozy ni nada. Y si hay una novela que refleje todo ello, diría que es Y no quedó ninguno, antes conocida como Diez negritos. Una historia en la que, a falta de un protagonista que se ocupe del caso, todos son víctimas, sospechosos e investigadores al mismo tiempo. Ahí va mi recomendación.
Pero antes una aclaración a propósito del título. Y es que el original, Ten Little Niggers, no podía durar mucho. Por lo que ya fue sustituido en la primera edición en Estados Unidos por algo políticamente más correcto. Aunque, si el original no era muy acertado, renombrar una novela de misterio con And Then There Where None probablemente sea la ejecución del más terrible e imperdonable spoiler de todos los tiempos. También se sustituyó el término despectivo en la canción infantil de la historia, por lo que ya podían haber optado por Ten Little Soldier Boys para el título y no por el condenado final de la canción. En España y en Francia mantuvimos el misterio más tiempo, hasta que hubo que hacer los cambios de la versión actual por petición del bisnieto de Agatha Christie. Personalmente, habría preferido que se inventasen algo como hicieron en Francia, donde pasó a llamarse Ils étaient dix, en vez de traducir directamente del inglés el maldito título destripador. Eso sí que fue un crimen.
Por fortuna, estamos hablando de una de las mejores obras de Agatha Christie y las ligera alteraciones que ha sufrido a lo largo del tiempo y en distintos idiomas no afectan a la genialidad de la historia.
Y ahora sí, hablemos de lo que de verdad importa. Porque estamos ante una novela de misterio que lo tiene todo: está perfectamente estructurada, los personajes están construidos maravillosamente y el escenario donde ocurren los hechos no podía haber sido mejor. En cuanto a estructura y personajes, empecemos por el principio. Pues aquí se nos presenta por separado a cada uno de los ocho individuos que han recibido una invitación para pasar unos días en la mansión de la isla del Soldado (anteriormente del Negro). La mayoría van en el mismo tren, dos de ellos en sus coches particulares y un último invitado en un tren aparte; todos ellos pensando en la invitación recibida. Pues habían sido convocados por carta de una manera muy personal y el caso es que ninguno había oído hablar de los anfitriones: el matrimonio Owen. Algunos incluso esperaban encontrarse con la persona conocida que les había mandado la invitación. En vez de eso, tras llegar todos a la isla y encontrarse el grupo entero de invitados, descubren que son ocho completos desconocidos los unos para los otros. Y para más inri, no hay rastro de los anfitriones; allí sólo les esperan el matrimonio que compone el único servicio de la propiedad. Pero la extrañeza y la sorpresa no les impide entrar en la mansión y ocupar las habitaciones asignadas. Ya están dentro de la trampa. Y con el sonido de un gong, comienza la historia.
Diez soldaditos de porcelana sobre una bandeja de cristal en el centro de la mesa del salón. Los diez soldaditos que van desapareciendo uno a uno en la canción infantil de la que hay una copia sobre la chimenea de cada una de las habitaciones de los invitados. Unas acusaciones formuladas contra cada una de las personas presentes en la mansión. Una isla incomunicada. Una primera víctima. Ahora es el lector el que está dentro de la trampa. Otro huésped en la isla del Soldado, siguiendo los movimientos del resto, las conversaciones mantenidas, buscando indicios… ¿Quién es el culpable? ¿Quién la siguiente víctima? ¿Qué era lo que decía la letra de la canción? Podemos ver además qué piensan los invitados en determinados momentos; pensamientos que se van alejando de la cordura, perseguidos por el pecado y conducidos por el miedo. Porque en esta historia nos encontramos ante un Whodunit sin detective famoso al que recurrir. Y es precisamente la falta de un Poirot o una Miss Marple la que nos obliga a permanecer alerta en todo momento. Agatha Christie nos hace participes de los acontecimientos como a un invitado más de la mansión y nos expone los hechos y las teorías a través de los distintos personajes de la novela, dejando en nuestras manos la responsabilidad de descubrir al culpable. Es por eso que mi ferviente recomendación es que, en vez de ver en televisión tal o cual adaptación de las creaciones de la dama del crimen, os sumerjáis de lleno en una de las mejores novelas de misterio que se han escrito y que tantas obras posteriores del género ha inspirado. Además, no hay mejor manera de hacerlo que con la edición especial que publicó Espasa hace tan sólo dos meses; es una auténtica obra de arte con detalles que harán las delicias de cualquier amante de los libros. Y a un precio irresistible. Parece que vaya a sacar yo algún provecho y nada más lejos; es por el beneficio de quien lea esto. Estoy convencido de que me lo agradecerá. Así pues, a sumarse al homenaje, practicar el culto de la buena lectura y ser buenos. Ya que, como aparece en el libro:
Los paganos serán precipitados al abismo que ellos mismos habrán cavado; en el cepo que han ocultado se cogerán el pie.
| Título: Y no quedó ninguno |
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