Vacunas contra la Covid-19

Continúo con el tema, iniciado en mi última colaboración, es decir, con el tema de vacunas contra el covid-19. En este tiempo, han sucedido muchas cosas dignas de comentar.

En primer lugar, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se fijó la meta de iniciar la inmunización contra el coronavirus en 220 países en los primeros 100 días de 2021. No se ha logrado y tampoco se han distribuido las dosis prometidas a las economías más pobres a través de Covax: mientras que el 87% de los vacunados son de países ricos, en los menos desarrollados apenas se ha llegado al 0,2% de la población.

Por otra parte, han surgido varias vacunas bajo patente: en su elaboración ha estado ausente la colaboración e intercambio de puntos de vista. Son vacunas diferentes, cuyas características desconocemos. ¿Son todas igualmente eficaces? Imposible. De hecho más de un especialista ha aconsejado a cada persona diferente vacunas.

Además como indica Rebeca Grynspain, Secretaria General Iberoamericana (SIGIB), en un artículo, «Vacunas, un bien público global», publicado en El País (21 de febrero de 2021, sección Negocios) índica: «Si no actuamos con premura, superando los nacionalismos y el afán de lucro per se, no solo se amplificará el problema sanitario que enfrentamos hoy, sino también su impacto socioeconómico. No solo se trata solo de una imperdonable falta de ética; además será imposible restablecer la plena normalidad del comercio la movilidad internacional, algo que perjudica por igual a los países ricos y pobres».

En otro artículo, escrito junto con Mariana Mazzucato, una de «las tres pensadores más importantes sobre innovación», Rebeca Grynspain ha publicado un artículo en Newsweek en el que afirma que «tenemos que impulsar una acción global para que la necesidad y la urgencia tengan prioridad  por encima de los intereses comerciales y nacionales».

El tema del nacionalismo es ignorado por el covid-19: se trata de un virus que enferma, por igual, a todos los seres humanos que habitan el planeta Tierra. Por eso, la Organización Mundial de la Salud, empezó a hablar de pandemia. El Covid-19, además, no distingue entre naciones ricas y naciones pobres. De nada servirá que unos cuantos países –ricos- consigan alcanzar la inmunidad de grupo vacunando a más del 70% de su población.

Si no se modifica la forma que se está llevando a cabo la distribución de las vacunas, no conseguiremos ganar la batalla contra el covid-19. Así lo cree la OMS y un gran número de expertos y organizaciones sanitarias de todo el mundo: o nos vacunamos todos, o nadie estará a salvo.

Algunas naciones se han comprometido a compartir con los países pobres parte de las vacunas adquiridas y existe la iniciativa Covax que recauda fondos para enviar vacunas a estos países. Pero ya ha quedado claro que esto no va a ser suficiente: es necesario buscar otra forma de obrar, encontrar soluciones que permitan incrementar la producción de vacunas y revisar los mecanismos de protección intelectual y patentes, algo que puede ser un obstáculo para vacunar a todos, ciudadanos de países pobres y ciudadanos de países ricos.

La salud y el mercado

Los medicamentos son un bien demasiado importante para dejarlo en manos de las reglas del mercado. Cada vez son más las voces que alertan de que las decisiones de inversión de las grandes farmacéuticas se rigen por criterios de rentabilidad. Para justificar los precios de los medicamentos que fabrican o justificar la razón por la cual fabrica medicamentos para unas enfermedades y no para otras. La industria alega que la investigación es muy costosa.

Sin embargo, un nuevo fármaco desarrollado dentro del programa de acceso a los medicamentos de Médicos sin Fronteras ha demostrado que estas cifras son muy discutibles.

Por otra parte, no hay que olvidar que buena parte de las investigaciones sobre las que se sustentan la mayor parte de los medicamentos y, por tanto, de las vacunas, han sido financiadas con fondos públicos. Muy importante es el hecho de que las empresas farmacéuticas nunca se preocupan por la fabricación de medicamentos para enfermedades poco frecuentes en los países ricos y frecuentes solo en países pobres.

Pero, en realidad, no se trata del comportamiento de las empresas farmacéuticas. El problema tiene su origen en el vigente sistema económico-social que ha convertido un bien común de la Humanidad –el conocimiento- en una mercancía. Se trata de sustituir ese sistema por uno acorde con los resultados de todas las investigaciones en Psicología y Neurociencia sobre las características del ser humano, Homo sapiens.

Jeremy Rifkin, uno de los pensadores sociales más célebres de nuestra época, en su libro La sociedad de coste marginal cero. El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo (2014) escribe: “La transición de la era capitalista a la Edad Colaborativa va cobrando impulso en todo el mundo, y es de esperar que lo haga a tiempo de restablecer la biosfera y de crear una economía global más justa, más humanizada y más sostenible para todos los seres humanos de la Tierra en la primera mitad del siglo XXI”.

En la actualidad, existen sistemas económicos que se pueden considerar pertenecientes a la Edad Colaborativa que indica Rifkin.

Es urgente volver a debatir sobre la petición de India y Suráfrica de suspender temporalmente las patentes en el seno de la Organización Mundial de Comercio. La oposición de la Unión Europea, Estados Unidos, Suiza y Reno Unido, entre otros, bloqueó una propuesta que a través de la colaboración, no de la competición, hubiera permitido disponer de todas las vacunas necesarias para hacer frente a la pandemia del covid-19. Hay millones de vidas en juego.

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