Gente corriente. Una sala llena de corazones rotos de Anne Tyler

Una sala llena de corazones rotos
Anne Tyler. Fotografía: Melissa Golden para The Wall Street Journal
Anne Tyler | Fotografía: Melissa Golden para The Wall Street Journal

Vivimos tiempos agitados. Encontrar un bálsamo no siempre es fácil, aunque bien podría serlo la última novela de Anne Tyler, Una sala llena de corazones rotos. En estos tiempos convulsos, una historia encantadora que pone en el otro lado de la balanza a un protagonista con una vida metódicamente ordenada y tranquila. Una tierna representación de la vida de un hombre.

Miembro de la Academia Americana de Artes y Letras, Anne Tyler (Minnesota, 1941) es autora de más de una veintena de novelas y ganadora del Pulitzer en 1989 por Ejercicios respiratorios (Breathing Lessons). Premio del que fue finalista también con Reunión en el restaurante nostalgia (Dinner at the Homesick Restaurant) premiado con el PEN/Faulkner en 1983; y con El turista accidental (The Accidental Tourist) ganador del National Book Critics Circle en 1985. En todas sus novelas, casi todas ellas ambientadas en Baltimore, su lugar de residencia, demuestra poseer el don que todo gran novelista debiera tener: la observación. Anne Tyler es una escritora que habla sobre vidas corrientes y personas comunes.

Anne Tyler, observadora de la cotidianeidad

«Es inevitable preguntarse qué le pasa por la cabeza a un hombre como Micah Mortimer. Vive solo; es reservado: su rutina está grabada en piedra. Todas las mañanas a las siete y cuarto se le ve salir a correr. Alrededor de las diez o las diez y media pega el cartel magnético de TECNOERMITAÑO en el techo de su Kia. […] Por las tardes, siempre lo vemos haciendo arreglos en el edificio donde vive; hace doblete como hombre de mantenimiento. […] Los lunes por la noche, la víspera del día de recogida de residuos generales, acerca los cubos de basura a la calleja; los miércoles por la noche, los cubos de reciclaje. A las diez de la noche, más o menos, las tres ventanas entrecerradas del sótano se oscurecen. (Sí, su piso está en el sótano. No debe de ser muy alegre.)».

Así comienza Una sala llena de corazones rotos, presentándonos al protagonista, introduciéndonos en su mundo. Micah Mortimer vive en Baltimore y es informático a domicilio, además de ocuparse de los quehaceres y el funcionamiento del edificio donde vive. Su vida es ordenada, marcada por una rigurosa rutina. «Normalmente, su mañana transcurría así: correr, ducharse y desayunar, y después limpiar un poco la casa. Detestaba que algo interrumpiera la secuencia habitual». Tiene un calendario para mantener un orden semanal de limpieza de la casa.

Nuestro protagonista no es un héroe, ni siquiera un tipo emocionante, pero es precisamente sobre esa clase de personas de las que escribe Anne Tyler. Representa vidas aparentemente anodinas, gente corriente, en ocasiones, incluso aparentemente aburridas. Escribe sobre lo más básico de nuestras vidas, como puede ser una comida familiar, una rutina diaria cualquiera, o una cena con tu pareja; para hacer una introspección en las relaciones humanas, los sentimientos o las necesidades afectivas.

Una sala llena de corazones rotos habla de las conexiones humanas y la dificultad de su protagonista para sobrellevarlas. El título original de la novela, mucho menos evocador que en su traducción española, Redhead by the side of the road (pelirrojo al lado de la carretera) hace referencia a un episodio en el que Mortimer confunde una boca de riego con una persona. Una metáfora de su incapacidad para ver con claridad y malinterpretar las relaciones de la vida.

En esa especie de representación costumbrista de la vida de Micah presenciamos cómo se relaciona con su novia, con sus vecinos y clientes, o asistimos a una comida familiar. Uno de esos momentos en el que Anne Tyler demuestra una vez más toda su capacidad de observación y representación es en la recreación de la comida de Mortimer con sus hermanas, donde se nos presenta una familia que es el contrapunto a su protagonista. Desorden, alboroto y bromas sobre sus costumbres. Hablando de la relación con su novia, su cuñado le sugiere cambiar: «—¿A cambiar qué costumbres? —preguntó Micah. Al oírlo, todos se echaron a reír; Micah no sabía por qué». La autora tiene la capacidad de representar escenas en las que encontrarnos con nosotros mismos.

Tyler se pregunta por lo ordinario y escribe sobre ello. Lejos de resultar nimio, su novela es encantadora y hechizante. Su escritura es inmersiva y tiene la capacidad de abstraer, llevar al lector a disfrutar de la historia desde un estado de calma. Le introduce en la burbuja del protagonista para acompañarlo a lo largo de toda la novela. Parece que la historia vaya de eso, de acompañar al protagonista en un escenario costumbrista cuando en realidad asistimos a un proceso de aprendizaje. Al final, Micah Mortimer no es la misma persona que al inicio.

La ordenada vida del protagonista se ve asaltada por dos imprevistos. La inesperada visita del hijo de una antigua novia de la universidad y el reclamo de su pareja. Incidentes que pretenden llevar a Mortimer a un nivel de compromiso en el que no se siente cómodo y así, transformarlo. Nada extremo, pero sí lo suficiente como para encontrar un final encantador o satisfactorio.

En Una sala llena de corazones rotos,como en todas sus novelas, Anne Tyler hace algo excelente de lo cotidiano. Y es en lo cotidiano donde todo lector puede encontrarse y reconocerse.

Título: Una sala llena de corazones rotos
  • Autor/es: Anne Tyler
  • Editorial: Lumen
  • Nº de páginas: 200
  • Encuadernación: Rústica
Una sala llena de corazones rotos, de Anne Tyler

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