Es un hablar siempre inadecuado, vejado por metáforas inservibles, inferiores a su objeto. Es imposible, digo, pensar la música. Y estas líneas serían del todo innecesarias, al sernos devuelto el discurso a la fatalidad de lo inexpresable, de lo inefable, de eso que Fauré llamará el punto intraducible por encima de lo que es, mientras se preguntaba, como nosotros ahora, como nosotros quizás ya nunca, antes de estas palabras, ¿qué es la música?

Puede que ningún objeto doméstico sea capaz de concentrar tanta ansiedad como un álbum fotográfico. ¿Seremos los mismos que entonces creíamos ser? ¿Habrá sido clemente el paso del tiempo con nuestros hábitos, nuestro vestuario o nuestras muecas infantiles? Pero por otro lado, el álbum de fotos es un resto de esa comodidad pequeño burguesa, siempre…