Lo que es indudable es que Meyrink modifica por completo, no ya la mística sefirótica y del hombre primordial (Adam Kadmon) de raíz hebrea, sino también la leyenda específica de la creación del Golem por Rabbi Löw, el Maharal de Praga. De hecho, el Golem no es nadie, no en el sentido de la identidad convencional, sino una singularidad traspersonal, como refiere el marionetista Zwakh, quien tal vez debido a lo proporcionado de su oficio para dar cuenta de este gran guiñol espectral, transmite la que tal vez sea la más medular de las versiones o variaciones del Golem que presenta en la novela.

Existe, está claro, una relación entre la aparición como una apertura en lo visible y lo que Rilke llama lo Abierto. En este punto, todo Rilke, y para muestra sirven sus Cuadernos de Malte, es una enseñanza sobre la mirada. Así pues, el pasaje sobre la aparición de Ingeborg no es una abdicación ante un misterio insondable ante el cual uno tendría que caer de rodillas. Al contrario, si Malte hace de la escritura de esta historia una especie de ejercicio espiritual, es en el sentido de la disciplina implacable que se impone a sí mismo para aprender a ver. Aprender a escribir. El Otro no es una instancia trascendental que le dictaría algo, o que le daría a una pintura la última pincelada de algún más allá cuya idea Rilke rechaza.

El día que Peter Handke dejó este mundo escribí que había hecho de la errancia y el viaje una característica primordial de su obra inclasificable. Volver a Handke implica, entonces, todo un desafío contra nosotros mismos. A riesgo de hacer saltar en pedazos un concepto de interpretación demasiado reduccionista, debemos hacernos una pregunta, quizás igual…

Poéticamente habita el hombre. Una de las ideas centrales del pensamiento de Heidegger está en esta máxima suya: «Der Mensch gebärdet sich, als sei er Bildner und Meister der Sprache, während doch sie die Herrin des Menschen bleibt»[1]HEIDEGGER, Martin. 2000. «Dichterisch wohnet der Mensch», en Vorträge und Aufsätze (GA 7). Frankfurt a. M.: Vittorio Klostermann, p. 190 (de ahora en adelante,…