O que arde (Lo que arde) Oliver Laxe – 2019

O que arde (2019) Oliver Laxe – Numax

Entre el vivir y soñar

hay una tercera cosa.

Adivínala

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Dice Oliver Laxe que el origen de este proyecto radica en el desgarro que siente al ver ciertos valores perecer bajo la pisada de una modernidad tonta, histérica e infantil, y quizás también, confiesa, sentirse culpable de esta decadencia del universo complejo, profundo y místico que encarna el mundo de lo rural. Porque cuando imaginamos Galicia soñamos con el verde de sus bosques y prados, con el gris de sus cielos y con el azul del océano. Y es ese origen el que nos desgarra desde las entrañas, cuando despertamos ante un naranja de fuego y estupidez, de calor y avaricia que consume lo que tantas vidas se esforzaron en mantener, amaron sin reservas bajo el yugo de la austeridad y el aislamiento emocional que representan como nadie Amador y Benedicta.

Estoy habitado por ese valle, dice Laxe, y supongo que es por ello que la imagen se traduce en descripción visceral, con un estilo directo y minucioso, que me recuerda a la literatura de Azorín, plena de detalles, que suscitan la admiración y el respeto escrupuloso por la tierra de sus ancestros (aunque algunas localizaciones son asturianas). Tanto es así, que los bosques nos susurran, los prados nos acompañan y la naturaleza es bautizada con una lluvia nutriente. El paisaje es, en fin, un personaje más al que no es en absoluto difícil de comprender su historia, empatizar con sus miedos, celebrar su resistencia o ahogarnos en su triste final.

O que arde (2019) Oliver Laxe Numax

La película comienza con una de las secuencias más impactantes del cine de nuestros tiempos. Como si de una batalla se tratara, los árboles van cayendo de uno en uno, arrancados de su hogar, sin tener conciencia de que su sacrificio puede salvar al resto de compañeros que impávidos observan la masacre y suspiran aliviados porque a ellos hoy, no les toca desangrarse. Especial delicadeza muestra uno de los supervivientes, el más antiguo, sabio y magullado por el tiempo de vida transcurrido. Aquel con la mochila más pesada y sobre el que descansa Benedicta, abrumada por la insensatez y necesitada de respuestas.

Ese aislamiento que el bosque provoca tiene su alter ego en Amador; ex pirómano y convicto eterno de los barrotes afectivos impuestos por quienes temen perder sus raíces culturales. Son muchos los referentes artísticos en la obra de Laxe que le sirven como instrumento evocador de sus recuerdos de la infancia y como reivindicación de un futuro del que quiere formar parte.

El espejo (1975) Andrei Tarkovski

No dejo de pensar en Tarkovski y en su influencia estética y vital. La importancia capital de la naturaleza en la imagen fílmica de ambos se contrapone por un lado como algo bello en sí mismo, digno de contemplación y misticismo, y por otro como algo inquietante y salvaje, de poderosa fuerza y difícil comprensión. Con la nitidez de la amenaza destructiva y la realidad escabrosa del desastre causado. Y por supuesto el sonido, que traduce en emociones los ruidos del bosque, la caída de los árboles, las llamas enfurecidas e insensatas y el aullido tenebroso de las máquinas.

O que arde (2019) Oliver Laxe -Numax

En su Crítica del Juicio (1790), Kant nos explica que en tanto que “lo bello en la naturaleza se refiere a la forma del objeto, que consiste en su limitación, lo sublime, en cambio, puede encontrarse en un objeto sin forma, en cuanto en él, u ocasionada por él, es representada la ausencia de límites”. La grandeza de la película consiste en aunar estos dos conceptos que complementan la complejidad de la expresión fílmica.

El incendio de las casas de los Lores y los Comunes, (1834) William Turner.

Por un lado Laxe confirma la belleza de la naturaleza consiguiendo a través de sus imágenes que el bosque respire y que nos convierta en cómplices de su universo, logrando la magnificencia de la obra de Constable, por ejemplo. En cambio, la ausencia de límites estéticos cuando la tragedia se torna invencible, (el fuego escalando sin piedad o el humo concentrado y gris que delata el final de un camino) me recuerda inexorablemente a Turner, y con la audaz inteligencia del director, nos invita a coleccionar las entrañas rotas de una población que se resiste a morir y que busca culpables entre los suyos, entre nosotros, entre todos.

Porque si no ¿De quién sería la culpa?

  • Texto de Almudena Villarreal

Amanece Metrópolis Revista

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