Nódulos de Bouchard

Fuente: Getty Images

A mi abuela Amparo

Mi abuela siempre dijo que tenía un pedregal en las manos. Aun así, desgranaba guisantes con rapidez sorprendente. Y sus dedos artríticos, nudosos como ramas de olivo, guardaban el secreto de las mejores torrijas de pan viejo. Y caricias para el pelo cuando nos amodorrábamos frente a las llamas de la chimenea. Y un catálogo infinito con todas las formas de la ternura.

Hoy me han diagnosticado nódulos de Bouchard, esos engrosamientos dolorosos entre las falanges. Y me he acordado de mi abuela. Ella nunca tuvo nódulos de nadie, sino un pedregal en las manos.

Al salir del ambulatorio, hacía frío. Así que me he vuelto a casa a empezar el tratamiento. Mis nietos ya están llamando a la puerta. En el comedor les esperan una fuente de torrijas y un fuego espléndido en la chimenea que devora todas las recetas.

Fuente: Getty Images

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *