La Unión Europea y Afganistán

En una noticia publicada en el periódico El País (28 de agosto de 2021) se indica que Afganistán está “aislado del mundo”. La mayoría de las embajadas han puesto pies en polvorosa con la misma velocidad, los países occidentales ha suspendido la ayuda al desarrollo que financiaba la mitad de la economía afgana […] Los precios de los productos básicos se han disparado. El temor de los afganos es el hambre.

El vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria responsabiliza de ello al descenso de las importaciones. Todos han pedido a los talibanes que se relaciones con otros países y normalicen el comercio. Conscientes de esa necesidad, sus portavoces han instado a todos los países, incluido Estados Unidos, a mantener sus representaciones diplomáticas.

Se podría decir que llueve sobre mojado. Ya antes de la crisis, 14 millones de los casi 40 millones de afganos afrontaban dificultades para alimentarse, según la ONU. Ahora, el responsable del Programa de Alimentación Mundial ya ha avisado del riesgo de hambruna, como resultado del conflicto, la sequía y la covid-19.

Naciones Unidas ha convocado una conferencia internacional de ayuda a Afganistán para el 13 de septiembre en Ginebra. Se trata de evitar lo que su secretario general, António Guterres, ha calificado de catástrofe humana inminente. «Necesitamos que la comunidad internacional se una y apoye al pueblo afgano», sostuvo.

¿Cuál es la postura de la Unión Europea?

Según he leído, los ministros de Defensa de los Estados miembros de la Unión Europea han debatido sobre la necesidad de que Europa aumente su capacidad defensiva. El Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, dejó claro la incapacidad de Europa para actuar de forma autónoma en materia de seguridad.

Borrell plantea una estrategia militar común, cree en la necesidad de tener una cultura estratégica común que permita a la Unión Europea afrontar las amenazas a las que tendrá que enfrentarse. «La Unión Europea está trabajando en un documento que defina de forma precisa nuestras ambiciones en materia de seguridad para los próximos años», explica Borrell.

Lo que dice Borrell supone la fabricación, compra y venta de armas, Se parte de la premisa de que la seguridad nacional, solo se alcanza preparándose para la guerra.

He leído que Josep Borrell ha acudido a una reunión informal de los ministros de Defensa de la Unión Europea con la propuesta de poner en marcha «un batallón de respuesta rápida europea de 5.000 soldados, capaz de intervenir de forma inmediata en caso de crisis. Sería una especie de primera piedra en el camino hacia una autonomía estratégica que ansía Europa para reafirmar su presencia en el globo».

Se ignora que la guerra conduce, en realidad, a la muerte de personas inocentes, sobre todo, niños y niñas, además de suponer, entre otras cosas, contribución al cambio climático. Además, la fabricación de armas supone un gasto innecesario de recursos naturales y de dinero que podría utilizarse para satisfacer las necesidades de muchos ciudadanos.

«Sustituir la guerra por el trueque es uno de los pasos fundamentales de la humanidad», escribe Fernando Savater en su libro Invitación a la ética. Puesto que la ética en el parámetro de medida del avance en el proceso de humanización de la especie humana, lo que quiere decir Savater es que la guerra supone un retroceso en dicho proceso.

Lamento no recordar quien dijo: «Si todos somos habitantes del mismo planeta –nave espacial Tierra- y todos los problemas son de todos, no parece aceptable sentirse miembros de un solo país. Los problemas se podrán resolver más fácilmente si todos nos consideramos ciudadanos del mundo».

Jeremy Rifkin, uno de los pensadores sociales más célebres de nuestra época, en su libro La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis (2010:14), indica que «quizá la cuestión más importante a la que se enfrenta humanidad es si podemos lograr la empatía global a tiempo de salvar la Tierra y evitar el derrumbe de la civilización».

En mi libro Imaginar y crear el futuro (2017:368) expresé mi punto de vista respecto a la evolución experimentada por la empatía del ser humano y expresé mi idea de que, en estos momentos, si queremos sobrevivir, tenemos que extender la empatía a todos los seres humanos que viven en el planeta Tierra -nuestro hogar-. No podemos seguir funcionando como hasta ahora. Es necesario cambiar de paradigma y diseñar un futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades. «La humanidad quizá tenga que elegir entre dos alternativas: suicidarse o aprender a vivir en lo sucesivo como una familia única», dijo Arnold J. Toybee, especialista en filosofía de la historia.

Naciones Unidas

Federico Mayor Zaragoza, repite una y otra vez, lo que se dice en la Carta de Naciones Unidas: «Nosotros los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra». Conviene no olvidar que cuando la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar en 1945, las naciones estaban en ruinas y el mundo quería la paz. Representantes de cincuenta países se reunieron en San Francisco en la Conferencia de las Naciones Unidas del 25 de abril al 26 de junio de 1945. Durante los siguientes dos meses, procedieron a redactar y luego firmar la conocida como Carta de Naciones Unidas. Se creó una nueva organización internacional, la ONU, cuya misión era evitar otra guerra como la que acababan de vivir.

También conviene recordar a Borrell cómo y cuándo se creó la Unión Europea. La Unión Europea nació con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre vecinos que habían culminado en la Segunda Guerra Mundial, y decirle que los ciudadanos, que son los que realmente sufren los efectos de la guerra, no quieren que se prepare ningún «batallón», sea o no sea de «respuesta rápida».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *