I.
Venga, no lo pospongas más. Vierte un poco de lejía con detergente, procurando que al hacerlo el líquido no vaya directo al charquito de agua, sino que recorra en su bajada las paredes arrastrando la suciedad. A mí me gusta utilizar un producto que huele a limón, aunque en realidad no huele para nada a limón, huele a otra cosa que tampoco es exactamente olor a lejía y ya. Es un olor muy concreto que me hace entrar en un estado mental en el que todas las veces que he hecho esto y todas las veces que lo haré se superponen, y no tengo claro si esto que me ocurre es bueno o malo. Una vez leí en una novela que el protagonista se desesperaba ante la idea de tener que abrocharse y desabrocharse los botones de la camisa todos los días de su vida hasta que se muriera, y sentía por eso deseos de suicidarse. No me pasa nada parecido a esto, pero entiendo que a alguien le pueda pasar.
Ahora sí, frota bien por dentro, chucuchucuchú. Que haga bien espuma. Previamente has quitado el chisme ese que cuelga por dentro y se supone que mantiene la limpieza en cada descarga, y lo has dejado apoyado en el bidé. Por eso el bidé no puede ser lo primero que limpias, porque ese chisme va a dejar un charquito azul.
El siguiente paso es rociar todo (depósito de la cisterna, tapa por fuera y por dentro, asiento, lo de debajo del asiento) con el cilitbang o lo que te haya dado por usar. Luego frota bien con el estropajo. Lo suyo es que uses guantes; a mí normalmente me da pereza y me paso el día con ese olor industrial en las manos. Deja que el enjabonado haga efecto. Mientras, puedes aprovechar para limpiar la bañera o para ir llenando el cubo de la fregona. No sé si esto de dejar la espuma unos minutos tiene mucho sentido. Si la dejo, ¿va a estar más limpio?
Ahora coge la bayeta, deja que se empape en el grifo del lavabo, escurre el exceso de agua y empieza a retirar la espuma. Vas a necesitar aclararla varias veces. Cuando hayas terminado, puedes secarlo todo o dejar que lo seque el aire. Dependiendo de dónde vivas y en qué estación estés, escoge lo que mejor se adapte a ti. Vuelve a colocar el chisme que cuelga por dentro en su sitio.
II.
Quitarla es muy fácil. No hay más que desabrochar los botones, si tiene, y empezar a tirar de lo de dentro aguantando por fuera la funda para que lo de dentro no la arrastre al salir. Ponerla es mucho más difícil. Hay distintas técnicas y escuelas, y ninguna garantiza el éxito. Puedes haberlo hecho decenas de veces de una manera, y que un día esa manera se te atraviese y no consigas que quede bien.
La técnica que más he usado últimamente requiere bastante fuerza, pero es eficaz y relativamente rápida. Primero, agarra una de las esquinas de lo de dentro y, sin perder este agarre, mete tu mano por la abertura de la funda. Con la otra mano, agarra una de las esquinas más alejadas de la abertura por fuera de la funda. Ahora tienes que ir haciendo avanzar la mano que agarra lo que va dentro por dentro de la funda hasta que tus dos manos se encuentren. Cuando esto ocurra, la mano de fuera debe agarrar lo de dentro y apretarlo fuerte. Agárralo como si fuera un cartón de huevos cuando vacías la bolsa de la compra al volver del súper, como si fuera el único pack de bragas perfectas de tu talla que quedaba en la tienda, como si fuera tu bebé. Pase lo que pase, no lo sueltes.
Ahora viene lo difícil. Sin soltar estas esquinas coincidentes, debes usar tus manos para coger la esquina de lo de dentro que está en el mismo lado que la esquina que ya has colocado, y empezar a meterla por la abertura hasta que se encuentre con la esquina de la funda correspondiente. Esto te va a costar más, porque ya no tienes la libertad que tenías antes. Recuerda: no puedes soltar a tu bebé.
Una vez que lo hayas conseguido, asegúrate de que el borde que conecta las dos esquinas de lo de dentro que tienes colocadas en su sitio coincide con la costura de la funda que conecta esas dos esquinas por fuera. Tómate tu tiempo. Por fin, relájate un poco y, si ves que lo que has conseguido hasta ahora es sólido, suelta las dos esquinas que están ya en su sitio. Hazlo con cuidado, como si estuvieras depositando a tu bebé sobre el colchón. Céntrate ahora en una de las esquinas que siguen fuera de la funda. Esta vez la tarea es más fácil, porque su destino está cerca de la abertura. Probablemente tengas que empujar un poco a lo bestia lo de dentro en la funda, y puede que se forme una gran bola en medio. No te agobies. Es parte del proceso.
Cuando hayas colocado esta tercera esquina, repite el proceso de comprobación de la coincidencia borde-esquina. Ya casi lo tienes. Porque ahora, ya sí tirando de fuerza bruta, agarrando por este borde que te digo, puedes ondear todo como si fuera un mantel y dejar que se estire por encima de la cama. Y la cuarta esquina se colocará mágicamente en su sitio. Y tú te tumbarás encima a descansar y a felicitarte por tu proeza.
III.
Esto que voy a contarte ahora es más delicado. Abstente de probarlo en casa si no te resulta cómodo, si te causa molestias o si algo no se siente bien.
Primero, lávate bien las manos con agua y jabón. A continuación, levántate la falda o bájate los pantalones. Bájate las bragas. Adapta estos pasos a las prendas que uses. Siéntate en el váter. A mí me resulta un poco más cómodo no sentarme del todo, sino adoptar una postura de sentadilla (depende de cuánto tiempo puedas mantener esta postura, esto te funcionará o no).
Ahora, con cuidado, localiza con tu mano el pitorrito redondeado que el chisme trae en su extremo. Cuando lo tengas, no tires a lo bruto, porque el chisme habrá hecho vacío y te puedes hacer daño. Tira muy suave, lo necesario para mejorar tu agarre y poder manipularlo bien. A continuación, metiendo un poco más la mano en tu vagina, trata de agarrar el chisme con tres dedos para plegarlo un poco; lo justo para que deje de hacer vacío y salga con facilidad. Si está muy lleno, ten especial cuidado al sacarlo para que no se derrame por el camino y te manches las manos. No pasa nada si esto ocurre, pero quizá no estás en el baño de casa, no tienes el lavabo muy cerca, y no te apetece que las gotas de sangre puedan salpicarte la ropa.
Vacía el chisme en el váter. Puedes coger ahora un trozo de papel para apoyarlo mientras te limpias, o, si tienes el lavabo cerca, puedes dejarlo apoyado en el lavabo. Cuando te hayas limpiado, levántate con cuidado y enjuaga bien el chisme con agua. No necesitas jabón si vas a volver a usarlo.
Para volver a colocarlo, pliégalo primero como si quisieras doblarlo por la mitad por el eje más largo. Visto desde su abertura, debe parecer una especie de C muy cerrada. Insértalo bien adentro y deja que recupere su forma en tu interior. Una vez colocado, debe sentirse como si no estuviera ahí.