Crímenes medioambientales

Suelo degradado (Wikimedia Commons)

¿Qué actos deben ser calificados como crímenes medioambientales? Denominados también «ecocidios», se califican de crímenes medioambientales a aquellas actividades que alteran las características del medio ambiente hasta hacer que en él no sea posible la vida de los seres humanos y no humanos. Luis Manuel Ruiz, escritor, en una columna periodística, «Ecocidio» (El País del 2 de enero de 2011) citaba lo ocurrido en la isla de Pascua, y señalaba, junto a otros escritores y sociólogos, que vamos camino de que se repita lo que sucedió a los polinesios, pero a nivel mucho mayor porque el tamaño del planeta Tierra es varias veces el de la isla de Pascua. «A estas alturas de la película, todos somos conscientes del peligro que se abate sobre nosotros debido al deterioro continuado a que la industria somete al entorno natural». [1]RUIZ, Luis Manuel. 2011. Ecocidio. El País. Columna de Opinión

Como indica este escritor en el artículo anterior, esos crímenes son realizados por las grandes empresas: empresas en busca de las máximas ganancias económicas posibles, sin tener en cuenta que ponen en peligro la supervivencia de la Humanidad.

José Vidal-Beneyton, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y Director del Colegio de Altos Estudios Europeos Miguel de Servet de París, en una columna periodística publicada en El País del 15 de diciembre de 2007 «Sostenibilidad Energética», hablaba de «grandes expoliadores de nuestro planeta que se han negado a limitar en lo más mínimo su negocio, es decir, renunciar, ni siquiera reducir, a favor de la supervivencia de todos, el provecho de su tan productiva explotación. De nuevo, el poder y el beneficio como argumentos supremos, como razones últimas».[2]VIDAL-BENEYTON, José. 2007. Sostenibilidad energética. El País. Columna de Opinión

El problema reside en las características del vigente sistema económico. Según Paul Mason, «El neoliberalismo es la doctrina que aboga por la ausencia de controles en los mercados: nos dice que la ruta óptima para la prosperidad pasa porque los individuos persigan su propio interés particular y que el mercado es la única vía de expresión de ese interés propio».[3]MASON, Paul. 2016. Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, Ed. Paidós

En otras palabras, conviene recordar que los fundamentalistas del libre mercado no solo suponen que para que los mercados funcionen perfectamente la demanda debe igualar a la oferta, sino que, además, interpretando un tanto sui generis la doctrina de Adam Smith, suponen que el comportamiento humano responde a un previo cálculo de costes/beneficios: teoría de la elección racional.

El medioambiente es un bien común de la humanidad: sin pertenecer a nadie, todos pueden disfrutar de él. Sin embargo, el vigente sistema económico ha convertido en mercancías, objetos de compra-venta, tanto los derechos humanos como los bienes comunes de la Humanidad.

Los crímenes ambientales en lugar de remitir han aumentado, debido al avance de las invasiones mineras, en busca de recursos para las nuevas tecnologías y de políticos que intentan legitimar las actuaciones.

En palabras de Barry Schwartz, psicólogo estadounidense, «¿Cómo escapar del dilema en el que muchos individuos actuando racionalmente en su propio interés, pueden en última instancia destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto no beneficia a nadie a largo plazo? Hay una Tierra, una atmósfera, una fuente de agua y seis mil millones de personas compartiéndolos. Es necesario lograr acuerdos racionales sobre los bienes comunes».

El problema ha alcanzado tales dimensiones que después de muchos estudios y Congresos Internacionales se ha llegado a la conclusión de que los ecocidios son, realmente, crímenes contra la Humanidad.

Desde la promulgación del Estatuto de Roma, en 1998, el Tribunal Penal Internacional es competente para juzgar los delitos de genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y los crímenes de agresión. Sin embargo, aunque el borrador del Estatuto contempló desde un primer momento la incorporación de los delitos medioambientales con carácter transnacional como el quinto crimen, la moción resultó desestimada sin argumentos convincentes que sustentaran su retirada.

Se da la circunstancia de que salvo que el ecocidio adopte un modelo independiente y desvinculado del resto de los delitos contra la Humanidad, los supuestos de ecocidio, provocados por grandes empresas seguirán gozando de impunidad en el marco del Derecho Penal Internacional. No es de extrañar que haya abogados que están estudiando la forma de introducir los ecocidios en el Derecho Penal Internacional. Una de esas personas es Baltarsar Garzón, a través de su Fundación.

Junto a los crímenes medioambientales están las amenazas, encarcelamiento o asesinatos de periodistas por el hecho de publicar, en la prensa local, crímenes medioambientales cometidos por empresas occidentales en países en desarrollo. El 31 de octubre de 2017, Reporteros Sin Fronteras (RSF) y Freedom Voices Network crearon Forbidden Stories (Historias Prohibidas), un consorcio, sin ánimo de lucro, cuya misión es el seguimiento y la publicación del trabajo de esos periodistas. Bajo la coordinación de este consorcio, treinta medios de todo el mundo procedentes de otros tantos países se han unido para investigar juntos estos escándalos medioambientales. El País se ha sumado a esta una alianza. El proyecto, de nombre Green Blood (Sangre Verde), se define bajo el lema: «Silenciaron a los periodistas. Pero no silenciaran las historias».

Hasta ahora, esos treinta medios han investigado de forma conjunta los escándalos en los que la prensa local ha sufrido censura y violencia. La minería de arena en India, del níquel en Guatemala y del oro en Tanzania han sido el objetivo de estas investigaciones que El País, junto con el resto de miembros del proyecto Green Blood, han divulgado en los países a que pertenecen. (El País 18, 10 y 20 de junio de 2019).

El proyecto Green Blood casi acaba de empezar y, supongo, que con limitados recursos económicos (Forbidden Stories es un consorcio, sin ánimo de lucro), pero ¿qué pensar de la destrucción de la Amazonía, uno de los más importantes pulmones de la Humanidad o el bosque de Bialowieza (Polonia), Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO? Lo único que se interpone entre los árboles y las taladoras es la voz de la gente.

La Organización No Gubernamental (ONG), Wemove.eu, ha pedido a los ciudadanos europeos que actúen para que dejen de funcionar importantes empresas textiles con claros vínculos con las fábricas de viscosa en Asia, que provocan una contaminación devastadora del agua y crean problemas de salud a las personas.

Y ¿qué pensar de las atrocidades que cometen en el Congo los traficantes de coltán, que los países desarrollados utilizan para fabricar móviles y tabletas? «Una luchadora contra la tecnología de sangre», El País, 24 de junio de 2019.

Son únicamente unos pocos ejemplos de cómo la búsqueda de materias primas en países con peores condiciones laborales y menores controles ambientales están llevando a abusos ecológicos, derrames con daños para la salud de la población local, etc. De esta forma, empresas multinacionales están obteniendo materias primas básicas para la tecnología, electrodomésticos, teléfonos móviles y, en general, productos que se venden en occidente. Algunas de ellas utilizan empresas interpuestas para evadir los certificados de respeto del medioambiente.

El problema es mucho más importante de lo que parece: nos conduce directamente al precipicio. Nuestros descendientes no tendrán aire puro para respirar, ni agua limpia para beber, ni suelo fértil para cultivar, etc. Los ciudadanos, pensando en nuestros descendientes, estamos empezando a tomar conciencia de nuestra responsabilidad.

Referencias   [ + ]

1. RUIZ, Luis Manuel. 2011. Ecocidio. El País. Columna de Opinión
2. VIDAL-BENEYTON, José. 2007. Sostenibilidad energética. El País. Columna de Opinión
3. MASON, Paul. 2016. Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, Ed. Paidós
Juliana Luisa González Hurtado

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