Mano izquierda

Tras la enorme palabra a destiempo llegó el puñal trapero que se clavó justo donde más daño hacía. Pero antes de que la sangre llegara a manchar nuestros expedientes, Matías agitó un guante en el aire para captar la  atención de todos.

―¡Un duelo !― exclamó con el aura autoritaria que le confería ser el delegado, con la suficiencia del que sabe porque ha leído y con la naturalidad de un líder.  

Nos explicó, entre la algarabía general,  lo del guantazo y los pañuelos de las damas. Aseguró que los padrinos del bautizo y los Kleenex no valían, y discutimos sobre el papel y el significado de las doncellas, porque muchos no lo entendíamos. Sospecho que tampoco él, pero la palabra era bonita. Lo del honor quedo flotando como una nebulosa incomprensible  y trasnochada que no nos preocupó demasiado.

Se nos pasó volando la hora de ausencia del profesor. También se disolvió el enfado entre Jaime y yo, ilusionados con ser los protagonistas del juego durante el recreo. Acordamos sin  tragedias que Laura y Manuel fueran las doncellas, Matías nuestro padrino compartido y, como arma, elegimos sendas ramas del olivo del patio.

No recuerdo que nadie perdiera.

Foto: Eva García

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