En los carteles de las ferias me anuncian como Salpicón porque igual te imito a Camarón que al Cigala; incluso al Pescaílla. Sobre el escenario, las gachís suspiran por mi cintura de rumba y sexo bravo, pero este gitanito solo quiere encaramarse a las largas piernas de la Irina aunque sea pagando. Acariciar su costado y que sea guitarra. Pero mala fortuna nos traen estas mujeres que vienen del hielo y de la guerra dispuestas a aguantar candela en sus pieles pálidas. Aquí enseguida nos hierve la sangre, por eso le clavé al payo la navaja sin darle tiempo ni a subirse los calzones. La flor de la noche, ¡pa quien la merece!
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