¡Indecentes!

  • Caixabank: 8.291 despidos. Su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, pasará de cobrar 500.000 € de sueldo al año a 1.6 mill. €.
  • Banco de Santander: 3.572 despidos. El salario de Ana Botín «se redujo» en 2020 de 9.5 mill. € a 6.5 mill. €. Este año 300 de sus altos cargos se repartirán en variables 147 millones.
  • Banco de Sabadell: 2.000 despidos. Este año 2021 acordó recuperar las retribuciones variables para sus directivos.

¿Si usted trabajara en una pequeña tienda, se imagina la sensación que le causaría tras haber sido despedido, porque las cosas van mal, que su jefe se comprara el Mercedes más grande del concesionario y lo aparcara todos los días en la puerta de su casa?

Pues, más o menos, eso es lo que llevan haciendo los banqueros españoles desde hace años, mientras despiden a miles y miles de empleados, cierran sucursales a diestro y siniestro y las que van quedando restringen los horarios y servicios tan escasas de personal que las colas se hacen cada vez más insoportables.

Sobre todo ahora en tiempos de pandemia con aguaceros incluidos en la puerta si así se tercia el caso.

Eso sí facilitándote el acceso a través de la banca online y los cajeros automáticos en detrimento de personas mayores que se han quedado atrás en la era digital, de los propios empleados y, en el mejor de los casos, salvando los muebles a costa de un buen número de becarios.

A pie de calle

Es cierto que la situación de la banca española no es para tirar cohetes y así lo demuestran los últimos test elaborados por la EBA, aunque no es menos cierto que su nivel de eficiencia ha mejorado de manera más que sensible los últimos tiempos en un contexto tradicional que le caracteriza por ser de las que cuenta con mayor número de sucursales y a la vez menos empleados por sucursal y habitante.

En cualquier caso el inminente ajuste que van a realizar varias entidades en España va a significar el cierre de más de 2.600 sucursales con casi 15.000 despidos solo entre Caixabank, el Banco de Santander y el BBVA, lo que sin duda fortalecerá a las mismas pero, a la vista de los datos, va a redundar en un peor servicio a los clientes.

Algo que, sin el más mínimo género de dudas, les importa poco o nada a sus ingentes consejos directivos y de administración con salarios estratosféricos –una media de 300.000 € brutos anuales– mientras los desequilibrios han seguido aumentando a lo largo de la crisis hasta convertirse en una situación tan crónica como habitual.

Janet Yellen, actual Secretaria del Tesoro de los EE.UU nombrada por Joe Biden, así como el FMI o Antonio Gutierres desde su cargo de Secretario General de Naciones Unidas, personas e instituciones a las que difícilmente se les puede acusar de diabólicas comunistas, están proponiendo una subida de impuestos a las grandes empresas, fortunas y patrimonios al objeto de ayudar, desde sus posiciones de privilegio, a salir de la crisis actual a todos.

La catastrófica gestión de la crisis económica y financiera de 2008, provocada por la furibunda capitalista, que hizo recaer íntegramente en el pueblo llano la salida de la misma a base de recortes salariales y de los servicios públicos proyectando aún más el beneficio de las élites, ha debido causar mella en numerosas instituciones, una vez la magnitud de la pandemia ha puesto en evidencia sus dramáticos resultados.

Tanto es así que en un gesto impensable hace algunos años, la mismísima Angela Merkel, otrora adalid de las citadas políticas de austeridad, ha decidido endeudar al estado alemán todo cuanto sea necesario para cubrir las necesidades de su pueblo, aun las reticencias de una parte de su propio partido que se mantiene aferrada a las ensoñaciones neoliberales.

Reticencias como las de algunos gobiernos europeos –como se vio a costa de la aprobación de los Fondos Next Generation con Austria, Holanda, Suecia o Dinamarca-, y en partidos conservadores de todo el continente –en España Fernández-Lasquetty, responsable de economía de los populares en Madrid, ya ha manifestado que considera erróneas tales propuestas-, lo que pone en el aire ese cambio de paradigma tan necesario en cuanto a la interpretación del modelo social ante los extraordinarios retos que se plantean en el futuro más inmediato.

En ese mismo contexto, dicen los gurús liberales que la felicidad de cada uno no tiene rango y que, mientras tenga cabida en el ordenamiento jurídico, todo vale con tal de conquistarla. Todo un alegato a la soberbia y el individualismo más rancio.

Sin embargo, un servidor, sin necesidad de recurrir a esa supuesta o presunta superioridad moral de la izquierda, sin ánimo de violentar pero sin recato ni pudor alguno me voy a permitir llamar ¡indecentes! a semejante raza de banqueros y empresarios a los que nunca les parece tener suficiente.

«Los cinco enemigos de la paz que viven entre nosotros son: miedo, avaricia, envidia, odio y orgullo. Elimínelos y tendrá paz permanente».

Francesco Petrarca (1304-1374) Poeta italiano.

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