
Alberto Benito Fernández (Madrid, 1976) es un escritor carabanchelero de sangre castiza y
alcarreña. Licenciado en Pedagogía, actualmente compagina su trabajo como gestor de
proyectos formativos de innovación con la escritura de artículos, microrrelatos y relatos breves.
Ha participado en diversos certámenes literarios, resultando ganador, finalista o seleccionado
para la publicación en un buen número de ellos. Obtuvo el premio al mejor artículo en el
Congreso Expoelearning 2018, y fue uno de los ganadores de la primera edición del concurso
Microrrelatos de Talento (Madrid). Otros de sus textos han resultado finalistas en concursos
como el Certamen Internacional de Microrrelatos del Círculo Cultural Bezmiliana (Rincón de la
Victoria, Málaga), Certamen Picapedreros de Microrrelatos (Daroca, Zaragoza), Premio de
Microrrelatos Bibliotecas Públicas de Madrid o el Certamen de Microrrelatos de temática social
Javier Tomeo (Alcañiz, Teruel).
La mayoría de sus textos galardonados se pueden encontrar entre los ciento tres de su primer libro, Allende lo breve (Platero CoolBooks, 2025). Además, colabora en distintas publicaciones literarias y culturales, en cuyas páginas se ha difundido parte de su obra.

A continuación compartimos algunos de los microrrelatos contenidos en Allende lo breve:
Contrastes
Me gustan las tardes de los viernes. Son las únicas en las que puedo ir a buscar a mi madre al
portal de la casa en la que sirve. Mientras espero, me encanta mirar los escaparates de las
calles aledañas: joyerías, tiendas de moda exclusivas, clubes de productos gourmet y
almacenes de artículos de lujo, entre otros.
No estamos acostumbradas a ver este tipo de negocios en nuestro barrio, a escasa media hora
en Metro, así que cuando hacemos el trayecto de vuelta a casa intento recordar todo lo
observado para contarlo en el comedor social en el que sirvo cenas cada noche.
Las familias necesitadas que acuden disfrutan especialmente de la cena del viernes, en la que
empieza a ser costumbre que comparta las novedades contempladas esa misma tarde. Mientras relleno sus platos con el simulacro de puré aguado e insípido de todas las noches, les
tranquiliza escucharme y comprobar, satisfechas, lo bien que se vive en la misma ciudad en la
que ellas habitualmente pasan hambre.
Cinco añitos más de vida, por favor
Hace dos semanas me diagnosticaron cáncer.
Los médicos no han dado muchos detalles, pero intuyo que estoy en una fase muy avanzada,
porque ese mismo día se me apareció mi padre.
Me reconfortó verle. Desde que falleció sé que siempre está ahí cuando vienen mal dadas.
Al día siguiente se sumaron mis abuelos, uno tras otro. Fue bonito saludarlos. Estaban con mis
tíos, primos y resto de familia cercana ya desaparecida.
Me empecé a mosquear cuando un día después apareció mi bisabuelo. Siempre quise
conocerlo, pero su aparición hizo que me planteara cuántos antepasados tenían pensado
visitarme en el ocaso de mi vida.
A partir de ahí comenzó el desmadre. Han ido presentándose, entre otros, un oficial de la
guerra de Cuba, una sirvienta del Marqués de Vadillo y un vasallo fiel de Don Pelayo. Mis ancestros visigodos y romanos también me obsequiaron con su presencia a principios de
semana.
Ayer les tocó el turno a Adán y Eva. Me dijeron sonriendo que en cuanto falte me reuniré en
paz y armonía con todos los que han dado señales en estos días.
Nunca he tenido miedo a la muerte, pero menuda pereza me está dando…
A la vejez, vivencias
Cada mañana se le alegraba el alma cuando veía su cara.
Ella, tan bonita, recién peinada, sentada en el patio en su silla de ruedas. Con esa sonrisa que
detenía el tiempo mientras tomaba el sol con los ojos cerrados. Ay, sus ojos. Con solo abrirse
iluminaban el cielo y daban sentido a todo.
Él, que hasta hace poco estuvo cansado de la vida, harto de fracasos prolongados y éxitos
efímeros, había vuelto a nacer en el momento en que cruzó con ella su primera mirada. Ya
tenía un motivo para levantarse cuando los madrugadores rayos del sol acariciaban su
ventana.
Hace pocos días se atrevió a decírselo, al salir del comedor. Albergaba algún temor de no ser
correspondido, pero la confirmación llegó con un dulce y tierno beso.
¡Qué felicidad! Nunca pensó que en la residencia volvería a encontrar el amor. Fue duro el
ingreso, pero la vida a veces regala sorpresas inesperadas.
Sentía que flotaba en el aire, pero había un pequeño detalle que empañaba su dicha completa:
a ver cómo explicaba esto a su mujer y a sus hijos en la próxima visita.
Una mirilla divina
Desde que San Pedro me acomodó en mi pequeña parcela celestial estoy en la verdadera
gloria. Seguro que tuvo en cuenta que en mi vida terrenal fui portera, porque desde mi nueva
ubicación puedo fisgar a base de bien a mi antiguo vecindario.
No logré enterarme en vida, pero por fin conocí que la cúrcuma era el ingrediente secreto de
las croquetas de Remedios, la del quinto. Ojalá pudiera probarlas. Así compensaría lo que me
ha dolido conocer quién era el padre secreto de la niña del ático: maldito Manolo, como algún
día subas por aquí, te tragas nuestro anillo.