
La magnitud con que sentía las cosas me confundía mucho, y me sucedía con frecuencia. A veces los sentimientos se despertaban de una manera brutal, y la emoción que de pronto me sobrecogía contradecía en un instante la que acababa de experimentar un segundo antes. Si intentaba aclararme, buscando serenidad y silencio, me hundía en un pantanal de pensamientos oscuros, con los ojos febriles, el cuerpo sudoroso y un dolor de cabeza tremendo. La única manera de combatir esos síntomas y encontrar la paz era ponerme a escribir en mi cuaderno de notas.
Jane Lazarre – El nudo materno