
Este mes de marzo ha sido una verdadera carrera para mí. Y no es para menos: cuando eres militante feminista, este es un período en el que te pones aún más al servicio de las luchas colectivas. Ocupar espacios públicos, facilitar talleres, seguir creando reflexiones y resistencias desde donde estamos. Celebrando también algunos logros.
Estoy particularmente feliz de haber organizado y creado un espacio en la ASBL donde trabajo, para mujeres que asisten a clases de francés, y para otras que ya dejaron la asociación pero que no encontraron trabajo, que viven bastante aisladas y sienten la necesidad de encontrarse con otras mujeres para hablar sobre temas que nos son comunes.
Porque hay algo que sucede cuando las mujeres se reúnen entre ellas. Una especie de reconocimiento mutuo, una memoria que se activa en el cuerpo antes incluso de que las palabras lleguen. Ese fue el espíritu de este taller: crear un espacio donde el idioma no fuera una frontera, sino una materia más con la que trabajar. Usamos la escritura slam como herramienta, porque el slam no exige perfección gramatical — exige presencia, emoción, verdad, urgencia de hablar. Y eso, todas lo tenemos.
Fue hermoso ver cómo, a pesar de la barrera del idioma, ellas pudieron liberar las palabras: tantas cosas encerradas que buscaban nacer. Hablamos de nuestros recorridos diferentes, de experiencias que encontraron eco en unas y en otras. Algunas nos contaban que era la primera vez en veinte años viviendo aquí que podían hablar sobre derechos de las mujeres; que ni en su propio idioma habían podido hacerlo. Otra nos decía que escuchar a otras mujeres hablar de temas que nunca antes había escuchado la había despertado e inspirado para buscar muy adentro, que esa fuerza colectiva la impulsaba hacia arriba.
Para mí, fue un momento único, donde nadie juzgaba el tipo de luchas desplegadas por cada una hacia la autonomía. Había varias nacionalidades, y cada una mostró unas furiosas ganas de existir en total libertad. El slam hizo lo que hace siempre cuando se le da espacio: rompió el silencio, abrió puertas, conectó historias que creían estar solas. Fue magnífico.
Otro de los grandes momentos de este mes será participar en el Tribunal de las Mujeres 2026, y quiero contarles sobre este evento porque merece toda la atención.
El Tribunal de Mujeres 2026 es una plataforma feminista frente a la violencia estructural y la impunidad estatal, que se inspira en 50 años de tribunales internacionales que han abordado crímenes contra las mujeres. El primer Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres tuvo lugar en marzo de 1976 en Bruselas, convocando a más de 2.000 mujeres de 40 países para denunciar las violencias que los Estados seguían ignorando. Cincuenta años después, volvemos. Y esta vez somos aún más.
El tribunal está organizado por una red de organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Movimiento de Mujeres Kurdas en Europa, el Comité Jineolojî, la iniciativa 2026women, Madam Fortuna y el Teatro Arenberg, reuniendo a 45 organizaciones feministas de Bélgica, Francia, España, Holanda, Alemania, México, Brasil, Angola y más allá.
Lo que más me emociona de este tribunal es su carácter: no se considera meramente simbólico, sino una alternativa real a las instituciones estatales que a menudo no investigan los casos de violencia contra las mujeres, o que forman parte de estas mismas estructuras de violencia. Su eje central son los testimonios de sobrevivientes, los análisis colectivos y las demandas políticas.
Participaré con una performance sobre los feminicidios, y estoy muy contenta de poder seguir tejiendo lazos con las luchas feministas latinoamericanas. Me siento orgullosa de ser parte de este gran evento de justicia social.
Gracias a esta oportunidad, tuve la gran alegría de conocer a la Colectiva Hilos de México, y desde que las conocí no he podido dejar de pensar en su trabajo.
Colectiva Hilos es un colectivo artístico, feminista e interdisciplinario que surge en Guadalajara en 2018, conformado por artistas, gestoras, psicólogas, sociólogas y periodistas que comparten el interés de crear diálogos y restaurar lazos a través de acciones que utilizan el hilo y el tejido colaborativo como relato social. Con el tiempo, se les han unido madres y familiares de mujeres asesinadas o víctimas de trata, colectivos que buscan a sus desaparecidos y organizaciones civiles.
Su proyecto más conocido se llama Sangre de mi sangre. Es una acción artística participativa que consiste en la elaboración colectiva de un tejido de color rojo a gran escala, como manifestación y metáfora del derramamiento de sangre a causa de los feminicidios y las desapariciones en Jalisco y en todo México. Fue presentado por primera vez el 7 de marzo de 2020 en la Plaza de la República en Guadalajara, donde alrededor de 150 personas tejieron un total de 240 m² en el espacio público, concluyendo con una marcha-procesión silente hacia la Glorieta de los Desaparecidos.

Lo que más me conmueve es cómo describen el gesto: crean un contraste con la imagen de la mujer sumisa tejiendo dentro de su casa, para sacar ese proceso a la calle, adueñándose de la técnica y volviéndola comunitaria, como un ritual meditativo y sanador. La gran mancha roja ha crecido como células vivas en Jalisco, Ciudad de México, Chihuahua, Puerto Vallarta y Querétaro, y se ha replicado en países como Argentina y Brasil.
Si alguna asociación feminista quisiera inspirarse para replicar este hermoso proyecto, no duden en comunicarse con las fundadoras.
https://www.instagram.com/colectivahilos?utm_source=ig_web_button_share_sheet&igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==
A mí me invitaron a escribir el texto slam que comparto a continuación, pensando en sus luchas, en las de todas las que se movilizan desde todos los horizontes que siguen gritando justicia:
Te siento,
Te siento.
Escucho,
Te escucho.
Latiendo
Latiendo
Latiendo
Te siento,
te siento.
Latiendo
Te siento
No te olvido,
no te olvido.
Tu suspiro
Un solo latido:
bum, bum, bum.
¿Cómo se mide el dolor?
¿La sangre?
¿La rabia?
¿Cómo se mide tu ausencia?
¿Cómo reclamo tu memoria?
Un metro
Un metro
Un metro por cada mujer desaparecida,
nos dice La Colectiva Hilos.
Sangre de mi sangre,
nos grita La Colectiva Hilos.
Un metro por cada mujer desaparecida,
tejen con hilo rojo
las de La Colectiva.
Un metro por cada mujer desaparecida.
¿Cuántas son, las desaparecidas?
2 o 3 veces más de lo que nos dicen,
pero como no somos datos,
ni suicidios, ni accidentes,
lo que reclamamos son sus vidas.
Un metro por cada mujer desaparecida en el mundo,
tejen las de la Colectiva Hilos.
Tejer para que la violencia no se normalice.
Para que los feminicidios no sean unos simples números.
Tejamos juntas para gritar desde las tripas
que nos siguen matando por ser mujeres,
porque todavía nos queman,
en leyes que nos condenan,
en muros que nos borran,
en discursos que nos niegan.
Tejamos, allá y aquí,
porque aquí y allá
las injusticias siguen vivas.
Porque nos quieren invisibles,
porque nos quieren calladas,
Pero aquí estamos, gritando:
en la calle,
en la plaza,
en mi casa,
aquí y en este instante,
cerca de tu oído sordo.
¿Por qué tejen? Siguen preguntando.
Para reparar y sostener la memoria.
Tejer juntas como acto político,
como cuidado colectivo.
Tejer las voces desaparecidas,
los futuros robados.
Tejer para visibilizar su ausencia,
para encontrar otros caminos.
Tejer nuevas narrativas,
tejer fuerza unida,
Tejer para recordar que no estamos solas,
Tejer para compartir el peso de la resistencia,
Tejer para gritarle al patriarca que:
que nuestros derechos no son negociables,
que estamos de pie y sin miedo,
que no estamos divididas,
¡que nuestra rabia no se acaba!
¡Que recién empieza!
Que los estamos vigilando,
que somos miles y miles,
de todas las latitudes,
latiendo con furia,
recordándonos que nuestra lucha se escucha,
que tu sangre es mi sangre,
que si tocan a una, nos tocan a todas.
Así que tejamos, juntas, juntes,
tejamos amor y resistencia para que ellas escuchen.
Gritemos alto y fuerte para aquellas que escuchan.
Gritemos.
Gritemos palabras que sanan:
¡Justicia! ¡Vida! ¡Furia! ¡Resistencia!
Que estos 100 metros de ausencia
se hagan presencia.
No te olvido,
no te olvido.
Tu suspiro.
¡Porque si tocan a una, nos tocan a todas! ¡Si tocan a una, nos tocan a todas!
¡Porque si tocan a una, nos tocan a todas!¡Si tocan a una, nos tocan a todas!
¡Porque si tocan a una, nos tocan a todas!
¡Si tocan a una, nos tocan a todas!