Miró de frente a sus ojos en el espejo, nunca lo hacía, y detectó que era el momento de sumergirse, de bucear por esas carreteras secundarias de su interior, de su designio, su voluntad y sus porqués vitales.
Se lanzó, entró y descubrió miles de carriles, ¿cuál elegir? Nunca había resultado fácil hacerlo, siempre había escogido callejuelas, desvíos o carreteras secundarias para llegar al porqué de todo, y cuando lo hacía recto, todo era un desastre; su velocidad era tal que se estrellaba, no medía no tenía límites.
Ahora carriles blancos que se agolpaban, rojos que parecían vías trenes a punto de estallar, como su mente. Todo sin vislumbrar un final, una realidad, una pizca de verdad… ¿Todo eso era verdad o meramente una duda o un mal sueño como tantas otras veces?. Intentó ordenador todo que tuviera una coherencia, una linealidad y nitidez, pero de nuevo no pudo.
