Ninguna guerra

Vi La delgada línea roja en el cine y después he vuelto a revisitarla varias veces gracias a un VHS de los antiguos. Seguramente la vea alguna vez más a pesar de que, con más de una persona que he hablado, opina que es lentísima. Pero la lentitud es relativa, porque si es del agrado del que visiona seguro que pasa rápidamente.
El año en que se estrenó, fue eclipsada por Salvad al soldado Ryan. Es la segunda adaptación al cine de la novela homónima de James Jones, acerca de la crucial batalla de Guadalcanal entre norteamericanos y japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

la-delgada-linea-roja

Es una película con mensaje antibélico, que habla de la naturaleza y del amor como argumentos que lo defienden (el mensaje). Aunque más que ir en contra de la guerra, realmente son esos mismos argumentos los protagonistas, los que se defienden a sí mismos, dando significado a la película y resaltando el valor de la vida.
Como ya sucedió en dos entradas anteriores de este blog (B&E y QSTA), rescato algunas frases extraídas de la película, sin esas imágenes tan bien grabadas. Algunas surgen a lo largo de la película a través de la voz en off y otras son parte de diálogos entre los protagonistas en diferentes escenas. Ahí van.

– ¿Qué significa esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Por qué la naturaleza compite consigo misma, como la tierra hace con el mar? ¿Existe un poder vengador en la naturaleza? ¿O no solo uno, sino dos?

– Recuerdo a mi madre cuando estaba a punto de morir. Había encogido y su pelo se volvió gris. Le pregunté sí estaba asustada. Dijo no con la cabeza. Yo tenía miedo de tocar la muerte que veía en ella. No encontré nada hermoso ni esperanzador cuando se fue a reunirse con Díos. La gente suele hablar de la inmortalidad, pero aún no la he visto. Me preguntaba cómo sería mi muerte. Cómo sería saber que tu siguiente suspiro es el último. Sólo espero enfrentarme a ella como mí madre lo hizo. Con la misma… serenidad. Porque en esa serenidad es donde se encuentra y se aprecia la inmortalidad.

– Sois mis hijos, mis queridos hijos. Ahora vivís dentro de mí. Os llevaré donde quiera que vaya. No hay nada que te haga olvidarlo, aunque vuelvas a empezar de cero. La guerra no ennoblece a los hombres, los convierte en bestias. Envenena su espíritu.

– He trabajado como un burro. Les he lamido el culo a los generales. Me he degradado por ellos, por mí familia, por mí hogar. Todo lo que sacrificaron por mí, se perdió como el agua sobre la tierra. Lo que yo podía haber dado por amor… pero ya era tarde. Mi corazón había muerto lentamente, como un árbol. Cuánto más cerca se está del Cesar mayor es el miedo.

– ¿Has visto muchos cadáveres? Suficientes. No son distintos de los perros muertos una vez te acostumbras. También son carne. ¿Eres honrado, amable? ¿En eso se basa tu confianza? ¿Todo el mundo te quiere? Yo también me quería. ¿Acaso crees que tu dolor será menos intenso porque amabas la bondad? ¿La Verdad?

– ¿Por qué iba a tener miedo a la muerte? Te pertenezco a ti. Si caigo yo primero, te esperaré allí. Al otro lado de las aguas oscuras. Te necesito ahora.

– Un hombre mira a un pájaro muriéndose y piensa que solo existe el dolor, que la muerte tiene la última palabra. Se ríe de él. Otro hombre mira el mismo pájaro y siente la gloria. Algo sonríe dentro de él.

– Nosotros estamos unidos, somos un solo ser. Fluimos juntos como el agua, hasta que no te distingo de mí. Bebo de ti. Ahora. Ahora. Eres mi luz, mi guía.

– Esta terrible crueldad, ¿de dónde sale? ¿Cómo se infiltró en el mundo? ¿De qué semilla, de qué raíz ha brotado? ¿De quién es obra? ¿Quién nos mata? Nos ha robado la vida y la luz. Se burla de nosotros con visiones de lo que podríamos haber conocido. ¿Acaso nuestra destrucción beneficia a la tierra? ¿Ayuda a que crezca la hierba o que brille el sol? ¿Se encuentra esta negrura en ti también? ¿Has vivido, atravesado, una noche semejante?

– Todo es mentira. Todo lo que oímos, lo que vemos. Cuántas mentiras escuchamos. Cambian constantemente, uno tras otro. Estás en una caja, un ataúd que se mueve. Quieren muertos o vivir en su mentira. Lo único que puede hacer aquí un hombre es encontrar algo que sea suyo, crear una isla para sí mismo. Si no llego a conocerte en esta vida, déjame sentir tu presencia. Una mirada de tus ojos y mi vida será tuya.

El amor. ¿De dónde procede? ¿Quién aviva su llama? Ninguna guerra podrá apagarla, vencerla. Yo estaba prisionero y tú me liberaste.

Juan Rico

2 comentarios

  1. Juan Manuel Rodríguez de Sousa

    Tampoco soy un fan del género pero, esta película es de mis preferidas. Gracias por comentar, espero que vuelvas a pasarte 😉 Saludos desde España también.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *