Emoción y elegancia desde la voz de Sole Giménez en el Teatro de la Zarzuela con Mujeres de Música

No sé si las cualidades existen o no, no suele creer en ellas, pero a veces, como muchos dicen los astros se alinean, y que veintiséis años después en las mismas fechas, día arriba día abajo, esté viendo a la misma persona encima de un escenario, Sole Giménez, sea como mínimo algo especial. Sobre todo si tengo en cuenta que es mi primera salida a un acto cultural desde hace siete meses.

Corría el año 1994 y Las Ventas entre julio y octubre era un lugar de encuentro para muchos madrileños con la música. En esa ocasión mi primer concierto de una manera especial, había quitado vestiduras raídas a mi corazón y todo se veía de otro color. Sole Giménez además iba a ayudar en ello, con su vitalidad vestida de elegancia en su voz y en las letras que desprendían sobre todo emoción, pero de la buena, positividad ante todo.

Ayer volvió a realizar el mismo ejercicio sobre el escenario del Teatro de la Zarzuela en Madrid, con su gira Mujeres de música. Elegante desde su primera palabra, donde el agradecimiento a los asistentes, fue algo que se repitió en toda la velada. La emoción se notaba que era algo que estaba presente, concierto que había sido retrasado por motivos sabidos, y que ahora el 6 de octubre sería posible y que le sirvió además para dar a conocer su propósito de realizar Mujeres de música 2.

Con su sencillez en su voz, nunca ha necesitado florituras para conquistar, comenzó con la letra de Chabuca Granda, pero desde el homenaje a su querida María Dolores Pradera con La flor de la canela. Se detuvo en cada canción para explicar de dónde provenía cada una de las canciones que iban a ser su repertorio, ya fuera con su banda o acompañada también del cuarteto de cuerdas. Los colores del fondo del teatro se fundían con su música, y dibujaban cada historia que nos contaba, en varias ocasiones, no creo que fueron los nervios, si no que como bien afirman la mayoría de los compositores, hay que contar más que cantar, y así lo decía ella -ahora cuento-

Bien que nos contaba con cada historia, con cada susurro trasmitía la emoción de cada canción de cada evocación a ensalzar la figura de la mujer en la música, pero ante todo a la hora de la composición, esa faceta, para muchos, desconocida y que ella quiere dejar latente con sus trabajos.

Todas las canciones elegidas no solo emanan la creatividad de la música, si no la fuerza en las letras de cada historia. Cada una la poseen, pero en el escenario además estuvo arropada por dos compañeras de profesión, Bely Basarte con quien interpretaron Muñequita linda de la mexicana María Grever y con Rozalén Vivir que compuso para la lucha contra el cáncer. Dos historias de superación donde solo las mujeres son las protagonistas, y donde ellas dieron voz y fuerza a cada una de las palabras que estaban en las composiciones.

Sole Giménez, reivindicó el recuerdo de tantas cantantes y compositoras para que no se queden en el olvido como puedan ser Mari Trini y Cecilia si hablamos de españolas, Amores y Un ramito de violeta, emotiva ambas, pero ante todo por saber llevar a distintos estilos y variar el formato y no encasillar las canciones.

La artista en una virtuosa en los estilos y con gran sutilidad nos lleva de uno a otro, del jazz al blues, a una cumbia, o un bolero entre otros, pero sin dejar su estilo personal, su voz, su carisma que parece frágil y que es todo lo contrario, ahí reside su fuerza en una tonalidad que llegue y alcance las emociones del público con su variedad musical y artística.

Todo ello que nos llevó con canciones de compositoras mexicanas como Hasta la raíz de Natalia Lafourcade y Bésame mucho de Consuelo Velázquez, cuyo arreglo cree que el director Almodóvar debería escuchar, y no puedo estar más de acuerdo, el ritmo, los tonos, los colores que han dado van muy acorde al cine de dicho director.

Con El Pescador de Totó la Momposina voló hasta Colombia e invitó al público asistir a ser cómplice de su estribillo. No dejó fuera a Argentina y con El corazón al sur de Eladia Blázquez abarcó así a la primera compositora de tangos.  

Dos gardenias de Isolina Carrillo fue una de las partes más emotivas y que trasmitió con gran sentimiento, diferente a la original pero auténtica como su voz sabe dar color a la musicalidad que trasmite, al igual que sucedió con El talismán de Rosana Arbelo. De ahí en adelante llegó música más reciente a nuestros tiempos evocando Me equivoqué que cantó hace unos años con Víctor Manuel, Mi pequeño tesoro, éxito de hace 27 años y que dedicó en su momento a su hija, y ahora mismo a sus dos progenitores, y como no Alma de blues dedicada a Billie Holiday.

Para poner la guinda final, Como hemos cambiado, como bien decía: Que bien nos va a estos tiempos, y pidió permiso para cantar y despedirse con una canción de Joan Manuel Serrat, Aquellas pequeñas cosas, canción que recita con gran sentimiento y que como metáfora nos podríamos llevar a lo que ahora mismo dados valor, a los pequeños detalles que nos llenan la vida.

Un concierto emotivo, sensible y como siempre elegante. Sole Giménez, sigue fiel a su estilo, a su voz suave y tierna, que trasmite cuenta y canta con delicadeza y con la misma pasión que cuando comenzó. Y aquí cantando esas canciones hace un homenaje sincero, reivindicando la cultura en nombre de mujer.

Luz Divina

Puede que me deje alguna canción en el tintero, pero tenéis disponibles todas las elegidas en su disco Mujeres de Música, porque además seguro que descubrís muchas canciones que conocíais su procedencia, como me ocurrió con algunos casos, y al final uno se da cuenta que eso es cultura, disfrutar al mismo tiempo que seguir aprendiendo.

Sole Giménez

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