Donde dije digo digo Diego

En estos tiempos de crisis, recortes y bolsillos con más pelusas que monedas, es bueno preguntarse si realmente se está valorando a la gente por lo que es. Y me refiero a la clase política específicamente. Además de promitentes votantes, que eso tengo muy claro que es el concepto fundamental, ¿somos meros números sin raciocinio ni inteligencia? Así parece ser, dados ciertos de comentarios que he oído y actitudes que he visto últimamente entre los “profesionales” del rubro.

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Sin ir más lejos, hace unos días la ONG Cáritas, que puede ser de todo menos de izquierdas, denunció que España es el segundo país en Europa con mayor índice de pobreza infantil, después de Rumanía. Al día siguiente el ministro Montoro salió enojadísimo a decir poco menos que ¿quiénes se creían que eran? para sentenciar que la política de austeridad estaba haciendo pagar los platos rotos a los niños, o sea al sector más vulnerable.

Dos días más tarde, el mismo ministro se desdijo de sus anteriores declaraciones, alabó la obra de la mencionada ONG y terminó diciendo que dejaba para las izquierdas el tema de criticar y detractar a los demás. ¡Juro que aluciné pepinillos caleidoscópicos!

¿Es que los políticos creen que los votantes somos idiotas?

Porque la izquierda tampoco se salva. Tiempo atrás (no mucho, no se crean) los socialistas se sacaban los ojos por el tema de las internas; que si las hacemos abiertas y que vote quien quiera o cerradas y nos arreglamos entre los de siempre. Pues lo gracioso es que los mismos que ayer peleaban a brazo partido para que todo siguiera igual, hoy se llenan la boca hablando de elección democrática. ¡Flipa coleguilla!

Sinceramente me gustaría que la clase política, tan denostada y mancillada por méritos propios, hiciera un esfuerzo y se auto-purgara. Eso significa no solo que se vayan los corruptos (a la cárcel o a donde les corresponda), sino que para ser político, los mismos partidos deberían exigir un currículo mínimo, una cierta idoneidad, un nivel de educación y cultural de medio alto para arriba y grandes dosis de sentido común. Y si encima hablan otro idioma y alguien les entiende, ni te cuento, chaval!!

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Usted qué opina: ¿esto TAMBIÉN es cultura?

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