Lavando ropa en la pila del patio, ella cantaba sus coplillas. Los vecinos se iban asomando. Yo veía en sus caras que se ponía aún más guapa cuando cantaba. Con el sol en lo alto, yo la remiraba salpicando el agua. El tiempo preñado de tiempo. Su delantal lleno de verano. Su voz refrescando el patio. Todo lleno de mi madre. Lo fue de niño y sé que, alguna vez, ése volverá a ser mi paraíso.
